Opinión
No me fui huyendo: me fui sanando

Me vine a contemplar el silencio.
A observar la armonía.
A habitarla junto a mi hijo.
Me vine lejos del ruido y del caos para vivir en paz, para brindarnos estabilidad emocional y un lugar seguro: para mí y para JD.
Me vine después de atravesar críticas, juicios, culpas, golpes emocionales, agresividad verbal y reproches.
Y también reconozco algo importante: yo también reproché, culpé y me victimicé. Por eso, hoy quiero compartir esta historia desde un lugar distinto.
Aquí no hay buenos ni malos.
Aquí no hay víctimas.
Aquí somos los creadores de nuestra propia historia.
La cuento porque es un símbolo de liberación, de perdón y de libertad.
La cuento porque sé que muchas personas están atravesando situaciones familiares difíciles y no se atreven a hablar por miedo. A mí también me pasó… y me pasó factura.
Me quedé en silencio por guardar la “ética” de mi familia, por proteger vínculos importantes. Y mientras callaba, yo no quería ni levantarme de la cama.
Hasta que un día entendí algo:
Tenía que ser valiente.
Tenía que sentir el dolor, el resentimiento, la rabia.
Tenía que llorar, chillar, aceptar dónde estaba y aceptar a mi familia tal como es…
no para aguantar más, sino para reconstruirme una mejor vida.
Decidí cambiar mi linaje.
Por mí.
Por mi hijo.
Y no, no me pasó esto por terca.
Me pasó porque estaba superando y trascendiendo heridas emocionales profundas, de esas que pocas personas logran comprender.
Solo tú sabes lo que estás atravesando.
Mientras sanaba, también estaba dando lo mejor de mí para ser una mamá presente.
Y al mismo tiempo, intentando crear mi negocio, mi proyecto y mi propósito de vida: este que hoy pongo al servicio de otras mujeres.
Me atreví a integrar las sombras que veía en ellas, porque eran también las mías.
Me atreví a habitarlas aunque doliera.
Y también me atreví a ver la luz que habitaba en mí, para que esa pequeña lucecita llegara a la oscuridad que todos estábamos atravesando.
Hubo momentos en los que mi cuerpo temblaba.
Temblaba de miedo, de alerta, de peligro.
En medio de una respiración consciente, el sistema nervioso estaba a la defensiva, con ansiedad… la misma ansiedad que mi hijo manifestaba.
Nadie sabía realmente lo que yo estaba viviendo.
La exigencia era aportar económicamente —y sí, eso es importante—, pero en ese momento solo podía hacerlo a mi ritmo, mientras construía algo nuevo desde el suelo.
No fue terquedad.
Fueron heridas sanándose.
A veces la mente está tan bloqueada y el sistema nervioso tan en alerta, que lo único que necesitas es tiempo contigo:
descansar,
llorar,
escribir,
bailar el dolor.
Remedios naturales y medicinales que todos llevamos dentro.
Escribo este texto como un símbolo de liberación, porque sé que muchas personas lo están necesitando.
No es un grito de soberbia.
Es un acto de aceptación.
Es soltar el resentimiento.
Hoy habita una nueva Angie.
Hoy habita un nuevo equipo con mi hijo.
Hoy habita más armonía, más placer por vivir, más paz.
Me permito ser alegre, próspera y abundante.
Para mí.
Para mi hijo.
Para los míos.
Hoy soy una Angie sin máscara.
En libertad emocional.
Gracias por leerme ????.
Angelic Schrieder
@angieschrieder
Sobre el autor
Angelic Schrieder
Soy Angelic Schrieder
Me dedico a servir a los demás a través de reflexiones y filosofadas que nos ayudan a florecer, crecer y sanar desde mi propia experiencia. Mi carrera profesional es en sociología, pero prefiero que me conozcas como un espejo que refleja la humanidad en su esencia, igual que tú.
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