Opinión
No más Olé…. Notifíquese y cúmplase

Bárbaros, sanguinarios, incivilizados, incultos; son algunos adjetivos que describen a otras gentes, que, por lo general, viven alejadas de la educación, la cultura y el progreso. No es la primera ni la última vez que escucharán estos términos, que apelan a lo que el expresidente argentino Faustino Sarmiento denominó “Esquema de civilización - barbarie”, una práctica que se remonta a la antigua Roma y que se esparció por el mundo, desde antes de La conquista hasta hoy.
Se ha empleado para someter y colonizar diferentes pueblos autóctonos e imponer modelos de pensamiento y costumbres eurocéntricas en busca de la supremacía de las élites urbanas. Así pues, todo aquello que no sea avalado o producido por nuestro centro de poder a 2.600 metros de altura es considerado inferior y, por supuesto, incorrecto; qué va a saber diferenciar la gente de la provincia, que está bien o mal si mantienen sus costumbres de salvajes; porque aquí el campo se romantiza o se desdeña.
No pretendo aquí referirme a la discusión que ya se ha dado sobre el maltrato animal, una disertación que corresponde a un cambio de pensamiento, en el tiempo que hoy habitamos. Tampoco pretendo profundizar en torno a las corridas de toros, que ya se encontraban en franco declive desde hace años, y que conciernen a antiguas élites provinciales que ahora habitan la ciudad y que, a decir verdad, pueden transitar con cierta facilidad un cambio cultural y económico.
Lo que se problematiza aquí es cómo logrará el estado implementar las transiciones culturales y económicas de las gentes que habitan los lugares más apartados del país, como las Sabanas de los jinetes en Galeras, Sucre o La Primavera, Vichada; donde llegará la prohibición más no las canchas de paddle, los cines, los cafés-librería o los centros comerciales de clase alta que frecuentan quienes redactaron la ley.
Ahora bien, el espacio de tres años propuesto para la transición cuenta a partir de este momento, y es importante que el país entienda que una riña de gallos, una corraleja o un coleo no son simples divertimientos. Allí están implícitos años de entrenamiento, ritos de paso de la adolescencia a la adultez, reconocimiento y prestigio social, sistemas comunitarios que se renuevan año con año para revivir prácticas que son en muchos casos, lo que da sentido a quedarse o volver a lugares donde lo más fácil seria migrar a la ciudad. Y es importante señalar lo anterior, porque lo que se plantee en los programas de transición cultural deben de suplir éstas y otras necesidades. No vaya a ser que pase lo mismo que con los supuestos planes de sustitución de cultivos de coca. A fin de cuentas, siempre que no sean elecciones a quién le importa lo que sucede en el campo, allá que resuelvan.
Éste es un llamado a los habitantes de la Colombia rural, así como a sus entidades de gobierno, para que comiencen a reinventarse y plantear desde ya alternativas que integren a los animales de otras maneras, hay ejemplos como el festival del burro en San Antero o las Cuadrillas de San Martín donde las costumbres se ciñen a la legislación. Claro está, hasta el día en que, desde Bogotá, nuestro estado centralista dictamine que: a partir de este momento está prohibido andar a caballo. Notifíquese y cúmplase.
Juan David Anzola
El calentano Ilustrado
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