Opinión

Editorial: La Cultura de la No-violencia como respuesta

Redacción

25/02/2013 - 06:00

 

Toda acción tiene su reacción. Y toda reacción su interpretación. En momentos en que la violencia o la inseguridad parecen reforzarse, cuando el espectro de la agresión verbal o física se vigoriza con un carácter que puede recordar ciertos capítulos del pasado, algunas voces deciden alzarse en pro de la respuesta contundente y justificar la violencia como algo legítimo.

Sin embargo, la elección de esa alternativa no puede ser más inoportuna. Ante la violencia, optar por una redoblada agresividad –aunque sea tachada de “legítima”–, sólo consolida las posturas de cada uno, llevándolas a situaciones irreconciliables.

Dicho en otras palabras, armarse para afrontar la violencia es ceder ante el miedo. Es hacer que los instintos más crueles prevalezcan y favorecer la instalación de un círculo vicioso donde nadie gana pero sí pierde en todo: en confianza, en humanidad, diálogo, amor y paz.

El mejor ejemplo lo tenemos muy cerca. En Estados Unidos, la libertad de defenderse individualmente ha permitido que las armas entren naturalmente en los hogares y, que de esta manera, el país esté expuesto a atentados inesperados, perpetrados por individuos incontrolables que desfiguran las escuelas y los lugares públicos, llevando así a todas partes el temor a la muerte y la esquizofrenia, e internando sus ciudadanos en una burbuja de seguridad inexistente, desconfianza y continua desesperación.

Responder a la violencia con la violencia genera un clima de constante desequilibrio donde los límites de lo aceptable acaban borrándose por culpa de los impulsos. ¿Cuál es la próxima etapa después de permitir la respuesta armada? ¿Matar por amor, matar par existir o seguir viviendo, anular la amenaza de un vecino, castigar un acto deshonroso o vengar la memoria de un querido?

Legitimar las armas no puede ser una opción para un país que aspira a crear confianza, comprensión, memoria, prosperidad, y tolerancia. Sólo los principios de la no-violencia –esa cultura de la fuerza tranquila y de la apertura, popularizada por grandes personalidades como Gandhi en India o Martin Luther King en Estados Unidos–, acompañada de un pleno concepto de la justicia, pueden ser la solución a tantos años y décadas de instintos destructores y ofensas irreparables.

El mundo de la Cultura tiene un gran papel en ese aspecto. Los artistas generan espacios para el encuentro, unen la palabra a la imagen, y generan espacios donde predomina el diálogo, la apertura y el respeto.

Por eso, además de claras políticas de educación y concienciación, la música, la literatura son las herramientas que hemos de usar y llevar a nuevos escenarios para crear puentes y evitar que nuestras casas se encierren detrás de rejas deprimentes y asfixiantes.

Porque queremos vivir sin miedo y en paz, nuestras banderas serán siempre la Cultura y la no-violencia.

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