Opinión
Valledupar, ciudad de eventos

En la estación principal, a falta de aeropuerto, terminal y/o agencias de transporte, en la histórica carrera quinta, a un lado de la Plaza Alfonso López, en aquellos tiempos en que el eje fundacional predominaba como epicentro urbano, allí, frente al tradicional Balcón Ustáriz, se ubicaban mulos, yeguas, caballos y echores, más allaita el combo asnal. Entonces, los pasos anticipatorios de Cabirol y Mandador se paseaban, pasada la media noche, por lo que muchos años después sería territorio inolvidable tras el paso de generaciones, las actuales y las venideras. Era posible degustar el, abundante entonces, sabor inconfundible de peregüetanos, algarrobas y uvitas cuya principal antepasado seguía en pie en el inconfundible callejón de la Purrututú.
Entonces, Valledupar promovía su desarrollo sin proponérselo nadie en particular. Ya la educación y el trabajo formativo movía las fibras de quienes consideraban que había posibilidades en el tiempo, se percibía un futuro incierto, pero cargado de expectativas materializables. En esto enfatizaba ese vallenato a quien la vida no le alcanzó para hacer todo que sabía que valía la pena hacer, Rodrigo Montero Castro –Romoca–, un soñador con coherencia histórica, pragmático en el día a día y demasiado confiado en el tiempo por venir. Recuerdo la primera vez que puso en mis manos un obsequio inestimable, la obra “Culturas aborígenes cesarenses e independencia del Valle de Upar”, del vallenato raizal, historiador y abogado, Pedro Castro Trespalacios.
Tal como el mejor de los magos, en su mejor función, fue directo a la página 193, de inmediato, más que leer, recitó:
“Decreto de 17 de mayo de 1824
“Francisco de Paula Santander, General de División de los Ejércitos de Colombia, Vice-Presidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, etc. Debiendo el Gobierno promover la educación pública por cuantos medios a su alcance en cumplimiento de la Ley de 6 de agosto de año 21, ha venido en Decretar lo siguiente: 1° El Intendente del Magdalena aplicará diez mil pesos de la renta de los Convenios suprimidos en Ocaña y su jurisdicción para la Escuela de Primeras Letras bajo el Método Lancasteriano que debe establecerse en aquellas ciudades; las demás rentas conforme al Decreto de esta fecha quedan destinadas para el Colegio de la Provincia establecido en Sta Marta conforme a lo dispuesto en el Art. 2° de la citada Ley. 2° En la ciudad de Valledupar se aplican $9.000 de las rentas para la Escuela de Primeras Letras del Método Lancasteriano, la que se pondrá en el edificio del Convento que fuere más a propósito, y solo se aplicará al Colegio de la Provincia el resto si lo hubiere (…) Dado en el Palacio de Gobierno, en Bogotá a 17 de mayo de 1824, 14° de la Independencia de Colombia, Francisco de Paula Santander. El de Estado del Interior, José Manuel Restrepo”.
Cuenta el ícono, cultural, jurídico, ambientalista y humanista Tomás Darío Gutiérrez, en su obra, ‘Valledupar Música de una historia’, publicada por Editorial Grijalbo Ltda. en Edición Conmemorativa de los 450 años de Valledupar, con el auspicio de Alcaldia de Valledupar y su líder entonces, Jhonny Pérez Oñate, a página 359 y siguientes, “Valledupar es la historia de una música como que, en la historia de Colombia, la música terrígena está simbolizada en Valledupar. Pero aquí, como en todos los demás aspectos, al decir Valledupar, debe entenderse la ciudad y su región (el Valle de Upar) porque se trata de una cultura regional y no local.
Habiendo avanzado hasta aquí, en la lectura de lo que ha sido posible contar de esta historia, el lector podrá concluir, no muy jocosamente, que, en esta, como en la música, ha habido ritmo, melodía, armonía, canto, etc., y no pocas veces desafinaciones de esas que la guerra causa en la historia de los pueblos, como un instrumento músico (SIC) mal interpretado, causa en una obra musical. Pero mirado el fenómeno desde el ángulo de la realidad objetiva, nos toparíamos con enormes sorpresas que en realidad no deberían serlo, porque sin ello jamás podría justificarse la extraordinaria trascendencia actual del elemento música tradicional, en el universo de la cultura vallenato. Se trata específicamente del insospechado volumen y variedad de instrumentos músicos (SIC) poseídos por las culturas prehispánicas en el Valle Upar, como indicativos de la alta incidencia de este factor.
Al documentar este hecho, cualquiera podría formarse la idea de que la cultura vallenata prehispánica era la cultura de los tambores, pues, aunque se menciona toda clase de instrumentos, es sorprendente la cantidad y variedad de los membranófonos. La primera referencia la encontramos en Castellanos cuando narra pasajes de la expedición del gobernador García de Lerma. Particular del uso de la música a la hora del combate por parte de los aborígenes: “Más gran ruido va por los altores, de flautas, cometas y tambores. En una palabra: el Valle de Upar fue desde siempre un mundo musical. Los valiosísimos aportes recibidos luego, En este aspecto, tanto del canto, la danza y la percusión negroide, como de instrumentos, canto y danza de europeos, no serían entonces una novedad sino un bienvenido enriquecimiento a la gran variedad de las mismas especies”.
Valledupar fue creativa siempre, cultural y la musicalidad que se paseaba desde peralejos, cañaguates y ‘manguitos’ en la sabana, al tiempo que troches, canarios, palguaratas y turpiales sumaban su trinar diario, sin detenerse en el prodigio manual de la dinastía Castilla, de los Camarillo y de tantos más que se juntaron, una y mil veces, en gracia de su talento, gracias a lo cual el Vallenato sigue en pie. Valledupar es más que lo local, trasciende las ‘cuadras’ urbanas y se yergue en la sumatoria de talentos, talantes y el fluir del arte, de la música, pregón cultural de y para todos.
Ciudad de eventos
El alcalde Ernesto Orozco Durán se esmera, desde que asumió como tal, en promover a Valledupar como ciudad de eventos. Es la secuenciación de acciones que, sin responder a un plan a largo o mediano plazo, armonizan entre sí en favor del posicionamiento de la capital del Departamento del Cesar como destino apetecible por, la musicalidad, la cultura, atractivos turísticos naturales, la comprobada fortaleza ‘anfitriónica’ y el patrimonio humano, humanista y gastronómico de los vallenatos, entendiéndose como tales a quienes aman esta tierra hermosa, de amores y cantos.
Es la misma Valledupar declarada “ciudad creativa” por la Unesco, que es la organización de las Naciones Unidas que promueve la cooperación en educación, ciencia, cultura y comunicación para fomentar la paz en todo el mundo. “La Organización ofrece servicios clave a sus Estados miembros, estableciendo normas y estándares globales, desarrollando herramientas para la cooperación internacional, generando conocimiento para las políticas públicas y construyendo redes globales de sitios e instituciones inscritas en sus listas”. Precisamente, la Red de ciudades creativas de la Unesco (UCCN) fue creada en 2004 para promover la cooperación con y entre ciudades que han identificado la creatividad como un factor estratégico para el desarrollo urbano sostenible. Las 350 ciudades que actualmente conforman esta red trabajan juntas con un objetivo común: colocar la creatividad y las industrias culturales en el centro de sus planes de desarrollo local y cooperar activamente a nivel internacional. Es lo que corresponde hacer en el plano local, Valledupar ha sido creativa siempre, pero la infraestructura disponible dista de lo requerido para avanzar hacia el destino que merece.
Alberto Muñoz Peñaloza
Valle del Cacique Upar
Sobre el autor
Alberto Muñoz Peñaloza
Cosas del Valle
Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.
0 Comentarios
Le puede interesar
¿La Globalización como mal menor?
En nuestro anterior artículo, titulado “¿Comienza una “nueva era?” reflexionábamos sobre el shock que para buena parte d...
Princesa Meque
Recorrer Zazare, ese nombre de uno de los tres territorios que componen el extenso y delgado Macondo, es adentrarse en sus 25 aldeas, c...
Hora de jalarnos las orejas
Pensé hasta último momento que la foto del señor presidente de la República, vestido de policía era una broma de mal gusto, pr...
Una forma diferente de hacer política
Fue más que casual el reencuentro con Gunart Tonvik, un amigo y viejo conocido en mi actividad laboral hace algunos años en el se...
Editorial: El reto de narrar la Música Vallenata Tradicional
Este mes de julio, locutores de radio del Cesar, Magdalena y La Guajira pudieron participar en la primera fase de un laboratorio titu...










