Opinión
La seguridad alimentaria en el Cesar: avances, desafíos y caminos por recorrer

La seguridad alimentaria, es decir, que todas las personas tengan acceso físico, económico y social a alimentos suficientes, nutritivos y culturalmente apropiados, es un derecho humano fundamental. En el departamento del Cesar, este derecho ha sido históricamente un reto por el peso de la pobreza, las limitaciones estructurales del campo y las dinámicas económicas que condicionan la vida de miles de familias rurales y urbanas. Aunque en los últimos años ha habido avances, aún persisten brechas profundas que requieren atención urgente.
Con relación a la situación del Cesar, los datos oficiales muestran una realidad compleja: 1. Según el DANE, el Cesar se ha ubicado como el tercer departamento con menor riesgo de inseguridad alimentaria grave, con una prevalencia aproximada del 5,4 % en 2025. Esto significa que un porcentaje significativo de hogares enfrenta dificultades severas para acceder a alimentos al menos en uno de los días del año. 2. En cuanto a inseguridad alimentaria moderada y grave (acceso insuficiente continuo a alimentos), las cifras de 2024 muestran que varias regiones del Caribe colombiano, entre ellas el Cesar, han reportado niveles superiores a los promedios nacionales, donde el 27,6 % de los hogares presentaron inseguridad alimentaria moderada o grave. 3. La pobreza monetaria en el departamento también es un factor clave; según cifras previas del DANE, más del 50 % de la población vive con ingresos insuficientes para cubrir la canasta básica de bienes (alimentarios y no alimentarios).
En lo atinente a las causas de la inseguridad alimentaria en el Cesar, esta no es un fenómeno aislado: tiene raíces profundas y múltiples causas que se entrelazan. Entre las más relevantes se encuentran: 1. Pobreza y falta de ingresos suficientes. La estrecha relación entre pobreza y acceso a la alimentación es directa: cuando las familias no tienen ingresos estables o suficientes, su capacidad de comprar alimentos nutritivos se reduce drásticamente. En el Cesar, donde la pobreza monetaria afecta a una proporción alta de hogares, esto restringe opciones alimentarias y fuerza dietas de menor calidad. 2. Vulnerabilidad económica rural. Gran parte de la inseguridad alimentaria se concentra en áreas rurales, donde la dependencia de la producción agropecuaria es alta y los ingresos son más volátiles. Esto se suma a la informalidad laboral, que limita la capacidad de las familias rurales para adquirir alimentos de manera regular. 3. Limitaciones en infraestructura y acceso a mercados. Muchos productores rurales enfrentan dificultades logísticas para llevar sus productos a los mercados, debido a malas condiciones de carreteras terciarias y falta de cadenas de valor eficientes. Esto reduce la rentabilidad de la producción local y disminuye el acceso a alimentos frescos en zonas alejadas. 4. Impactos del cambio climático y eventos extremos. Los fenómenos climáticos —inundaciones, sequías y variabilidad en las precipitaciones, afectan directamente los ciclos agrícolas y reducen la disponibilidad de alimentos, especialmente para cultivos básicos. Eventos recientes de inundaciones han sido declarados de emergencia en la región Caribe, incluyendo el Cesar, con efectos directos sobre la producción rural y la capacidad económica de las familias para sostenerse. 5. Desigualdades sociales y limitaciones institucionales. Las brechas en acceso a servicios públicos esenciales (agua potable, educación, salud), la informalidad y la falta de oportunidades laborales formales profundizan la inseguridad alimentaria, especialmente entre poblaciones vulnerables como mujeres jefas de hogar o comunidades rurales dispersas.
Frente a este panorama, es necesario articular soluciones estructurales y sostenibles que superen las medidas paliativas. Algunas propuestas urgentes incluyen: 1. Fortalecimiento de la producción local con enfoque sostenible. Apoyar a pequeños y medianos agricultores con acceso a financiación, asistencia técnica, semillas mejoradas y sistemas de riego adaptados al cambio climático puede aumentar la productividad local y garantizar alimentos disponibles en el territorio. 2. Mejora de infraestructura rural y logística. Invertir en carreteras secundarias y terciarias, así como en centros de acopio y procesamiento, permitirá que los alimentos producidos lleguen más eficientemente a los mercados, reduciendo pérdidas post-cosecha y mejorando los ingresos de los productores. 3. Políticas integrales de inclusión social y empleo. Generar oportunidades laborales estables, especialmente en áreas rurales, a través de incentivos para agroindustria, eco-turismo o encadenamientos productivos, contribuiría a aumentar los ingresos familiares y reducir la pobreza, principal determinante de inseguridad alimentaria. 4. Programas de asistencia alimentaria focalizados. Además de fortalecer la producción, es vital mantener y ampliar programas de asistencia alimentaria para familias en pobreza extrema, así como alimentación escolar, que garantice al menos una comida nutritiva diaria para los niños y jóvenes del departamento. 5. Resiliencia climática y gestión de riesgos. Desarrollar estrategias de adaptación al cambio climático, como sistemas de alerta temprana, prácticas de conservación de suelos y diversificación de cultivos, protegerá la producción contra eventos extremos que hoy representan riesgos crecientes.
En ese orden de ideas, la seguridad alimentaria en el Cesar es un reto con avances y desafíos simultáneos. Las cifras recientes muestran progresos en la reducción de la inseguridad alimentaria grave y colocan al departamento en una posición relativamente mejor frente a otras regiones del país.
Sin embargo, los factores estructurales; pobreza, desigualdad, brechas rurales, impactos del clima y limitaciones institucionales, siguen condicionando la posibilidad de que todos los hogares accedan a una alimentación suficiente y de calidad. La lucha por la seguridad alimentaria no puede ser un eslogan, sino una política pública integral y sostenida que combine producción, mercados, inclusión social y resiliencia climática.
La meta no es solo reducir cifras, sino garantizar que cada familia cesarense pueda alimentarse con dignidad, salud y estabilidad, contribuyendo así al desarrollo humano y territorial del departamento.
José Luis Sierra Mendoza
Sobre el autor
José Luis Sierra Mendoza
Visión colectiva
Administrador de Empresas / Doctorando en Administración / Magister en Gerencia de Proyectos / Especialista en Administración Pública, en Gestión Ambiental y en Gestión de Proyectos / Docente universitario.
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