Opinión
Grandes temas lingüísticos: el presidente y “la presidenta”

Son muchísimas las personas, de diversas formaciones escolares, entre ellas, muchos exalumnos, que, en infinitas ocasiones, me han preguntado si es correcto decir “la presidenta”. Fundamentan su pregunta, al observar que todas las profesiones aceptan normalmente el género femenino, sobre todo, aquéllas que en el transcurso de la historia sólo eran estudiadas por hombres, como era el caso, por ejemplo, de la medicina, razón que justificó que solo existiera y se utilizara la palabra “medico”, para referirse al personal masculino que ejercía esta profesión. Con la apertura universitaria en las últimas décadas, cuando las mujeres tuvieron acceso a las universidades y se dedicaron a estudiar todas las profesiones existentes, como era lógico, estos estudios ampliaron el género para designar los títulos femeninos: abogada, ingeniera, odontóloga, médica, licenciada, contadora, arquitecta, etc. Ahora, si deseamos utilizar las distintas especializaciones, que ofrecen las profesiones, éstas también aceptan, normalmente, el género femenino: cardióloga, gerontóloga, nefróloga, rinóloga, estomatóloga... En este caso, debemos decir: médica cardióloga, médica nefróloga, médica estomatóloga, médica cirujana, etc.
Algunas especializaciones, que no admiten la raíz – logo, logía, que significa estudio ciencia, sino que utilizan la raíz –atra, atría, que significa curación, por ejemplo, “pediatría”, “geriatría”, el género, masculino o femenino, lo define el primer término: médico pediatra, médica pediatra, médico geriatra, médica geriatra. No obstante, si queremos suprimir el primer término, el género lo determina el artículo, o determinante, como se llama en la actualidad: “un” pediatra, “una” geriatra, “el” pediatra, “la” geriatra. En algunas profesiones, la lluvia de especializaciones adquiere otros matices. Verbigracia, la abogacía: abogado especialista o especializado en derecho penal, especialista en derecho laboral, etc. Lo mismo sucede con las ingenierías: ingeniero, especialista en aguas termales, especialista en terrenos pantanosos. Sobre la expedición de los títulos, concretamente, en medicina, muchas universidades han cometido el error por falta de ilustración o por carecer en las facultades de una persona experta en asuntos del lenguaje. Varias universidades, entre ellas, las de Cartagena, la de Sucre, la del Sinú y la Libre, cometieron este error durante mucho tiempo. Solían expedirles a las mujeres el título de “médico cirujano”.
Recuerdo que una vez, me encontré con una de las tantas alumnas que tuve en el Simón Araújo, y después de expresarle mi saludo de rigor, le pregunté qué había estudiado. Tranquilamente me respondió “Profesor, soy médico”. Enseguida le dije: “Caramba, no sabía que te habías cambiado de sexo”. “Por qué me lo dice, profesor”, me preguntó. “Porque me acabas de decir que eres médico, y tú no eres hombre sino mujer, luego eres médica”, le aclaré. “Así es profesor, usted tiene razón, lo que pasa es que en la universidad nos decían que éramos médicos y nadie se preocupaba por corregir el error”, me comentó. “Yo sí recordaba la explicación que usted nos había hecho en el Simón Araújo, pero, como la había olvidado, tampoco tomé interés en aclararles el error a los profesores”, complementó. “Bueno, entonces, de ahora en adelante, debes decir que eres médica”, le aconsejé. Y he visto que los mismos médicos persisten en el error, el cual es común oírlo en las clínicas y en las sedes donde administran la salud. “Mi hermano tiene tres hijas y todas son médicos”, me dijo hace días un médico amigo. “Tío, le presentó a mi amiga, ella también es médico”, me dijo una sobrina, graduada de médica en la U de Cartagena.
Ahora, deseo referirme al caso de “la presidenta”. Como lo dije al comienzo, es posible que la gente piense que “presidenta” es una profesión y como tal acepta el género femenino. Pero no lo es. Aquí se trata del participio activo del verbo “presidir”. Aclaro este caso: en español, todos los verbos tienen dos participios: uno activo y otro pasivo. Para los verbos de la primera conjugación, es decir, los terminados en –ar, el participio pasivo termina en “–ado”, y el participio activo, termina en “-ante”: cantar=cantado, cantante, caminar=caminado, caminante, hablar=hablado, hablante, estudiar= estudiado, estudiante, amar=amado, amante. El participio pasivo sirve para construir los distintos tiempos compuestos de los verbos, los cuales se auxilian con el verbo haber: “Ella ha cantado durante dos horas”, “Yo he caminado varios kilómetros”, “Ellos han estudiado toda la tarde”, “Vosotros habéis viajado todo el día”, etc. El participio activo, terminado en “-ante”, llamado también “de presente”, funciona como adjetivo o sustantivo, e indica que el sujeto realiza la acción del verbo: “cantante= que canta”, “caminante= que camina, “amante= que ama”, “hablante= que habla”, “estudiante= que estudia”, “votante= que vota”.
Para los verbos de la segunda y tercera conjugaciones, es decir, los terminados en –er, -ir, el participio pasivo termina en “-ido” y el activo, en “-ente” o “-iente”. Miremos algunos ejemplos de verbos de la segunda conjugación, es decir, terminados en “-er”: “correr= corrido, corriente”, “nacer= nacido, naciente”, “ofrecer= ofrecido, ofreciente”, “crecer= crecido, creciente”, “pertenecer= pertenecido, perteneciente”, etc. Cojamos ahora algunos verbos de la tercera conjugación, o sea, terminados en “-ir”: “acudir= acudido, acudiente, “repetir= repetido, repitiente o repitente”, “asistir= asistido, asistente”, “presidir= presidido, presidente”, “remitir= remitido, remitente”, etc. En todos ellos, el participio pasivo se utiliza para conjugar los tiempos compuestos: “Ella ha ofrecido una fiesta”, “Yo he corrido varias cuadras”, “Ellos han pertenecido a otra corriente”, “Tú has repetido el año”, “Él ha presidido la reunión”, etc. Los participios activos, terminados en “–ente”, “-iente”, funcionan, también, como adjetivos o sustantivos e indican que el sujeto realiza la acción del verbo: “repitiente o repitente= que repite”, “acudiente= que acude”, “remitente= que remite”, “creciente= que crece”, “presidente= que preside”, “asistente= que asiste”, etc.
En todos los verbos, de las tres conjugaciones”, las formas correspondientes a los participios activos son palabras invariables de género masculino, es decir, no aceptan el accidente del género femenino. Sin embargo, éste se forma con el artículo, o determinante, de género femenino: “el asistente, la asistente”, “el acudiente, la acudiente”, “el combatiente, la combatiente”, “el remitente, la remitente”, “el presidente, la presidente”, etc. Además, también aceptan el número plural: “los remitentes, las remitentes”, “los asistentes, las asistentes”, “los acudientes, las acudientes”, “los presidentes, las presidentes”, “los combatientes, las combatientes”, etc. Miremos algunos ejemplos en diferentes construcciones: “Los asistentes se marcharon temprano”, “Las asistentes participaron con mucha discreción”, “Los acudientes firmaron la asistencia”, “Las acudientes realizaron una actividad”, “Varios presidentes de Europa llegaron a Bogotá la semana pasada”, “Varias presidentes de América se reunirán en Caracas el mes entrante”. En el caso de decir “la presidenta”, se sufre la influencia de la norma que rige para las profesiones, y caemos en una confusión al creer que, al mencionar la palabra en femenino, se trata de una profesión.
Sobre este particular, he visto y he oído que algunos presentadores de televisión utilizan la forma correcta, y otros, por supuesto, la incorrecta. Ilustro varios ejemplos que he captado en noticieros reconocidos: “Delcy Rodríguez, la presidente encargada de Venezuela ha realizado algunos cambios en el Gobierno”, “La presidente de México, Claudia Sheinbaum, no fue invitada a la cumbre de líderes latinoamericanos, organizada por el presidente Trump”. Y hablando de las candidatas a la presidencia de Colombia, observé que Paloma Valencia, en algunas de sus propagandas cansonas en contra de Petro, finalizaba diciendo: “Soy Paloma Valencia y seré su próxima presidente”. Pero, últimamente, con toda seguridad, algún mediocre, le sugirió que utilizara el femenino. Entonces, la candidata cambió presidente por “presidenta”, pero lo dice tan bajito que casi no se le escucha la última sílaba: “Soy Paloma Valencia y seré su próxima presiden…”. En el fondo, la aspirante sabe que es más eufónico, más sonoro y más elegante decir: “…y seré su próxima presidente”, amén de que ésta es la forma correcta. Sin embargo, cuando transmiten sus discursos en vivo, se escucha claramente que utiliza la palabra “presidente”.
Este vicio de utilizar ambos géneros en los discursos orales y en la expresión escrita, denominado modernamente “lenguaje inclusivo”, “lenguaje sexista” o “sexismo lingüístico”, se ha generalizado desde la época de Andrés Pastrana, cuando era Presidente, y en sus alocuciones saludaba a los televidentes con el vocativo: “colombianos”. Una tal periodista bogotana, de nombre Florence Thomas, en una de sus columnas de El Tiempo, le hizo una crítica donde afirmaba que el Presidente en sus intervenciones solo saludaba a los hombres e ignoraba a las mujeres, y que, por lo tanto, debía decir: “colombianos y colombianas”. Pastrana, ignorante en el buen uso del lenguaje, le comió el cuento y a partir de esta crítica empezó a utilizar el masculino y el femenino en los saludos vocativos. Desde entonces, muchos periodistas, locutores, oradores, sacerdotes, líderes sindicales y expositores de cualquier índole se han dejado absorber por el vicio de utilizar ambos géneros en las introducciones discursivas. Consideran que utilizando el femenino son más seguros y elegantes en la comunicación. “Buenos días para todos y todas”, acostumbra a saludar un curita que oficia las misas diarias en la iglesia del barrio el Socorro.
Todos los hablantes que se aventuran a utilizar el “lenguaje inclusivo”, queriendo significar que están ponderando a la mujer, aparte de afear la expresión con estas repeticiones viciosas, ignoran que “el masculino tiene una marca universal que, cuando se habla en términos genéricos, incluye al femenino”. En otras palabras, “el concepto universal de hombre incluye a la mujer”, Entonces, cuando expreso: “El colombiano es amable por naturaleza”, esta expresión incluye a los hombres y las mujeres de Colombia. Y si digo: “Buenos días para todos”, estoy saludando a todos los presentes: hombres y mujeres. En el ejemplo: “Muchos egresados araujistas asistieron a la reunión”, hago alusión a los hombres y mujeres que se graduaron en esta institución. Se oiría horrible decir: “Muchos egresados y muchas egresadas araujistas asistieron a la reunión”. En este particular, está demostrado que no existe un detalle que enlode más la narrativa y ensucie más el discurso, cada vez que se utilice el masculino y por razones del ‘sexismo’ haya que mencionar el femenino. Y advertimos que los oradores de pacotilla, utilizan como estrategia, siempre que le hablan a un público, integrado por hombres y mujeres, enfatizar el femenino, cada vez que sea necesario, para ganarse la voluntad y la atención de las damas.
Y tocando nuevamente el tema de “la presidenta”, expresión que según la Real Academia Española es correcta y puede utilizarse normalmente, no obstante, haber hecho una explicación gramatical para ilustrar que es incorrecta, me atrevo a proponer como correctas, siguiendo el principio académico, las formas “asistenta”, “acudienta”, “combatienta”, “cantanta”, “hablanta”, “remitenta”, “nacienta”, “estudianta”, “crecienta”, etc. Todas estas formas pertenecientes a los participios activos de los verbos que representan, las cuales, como es natural, aceptan sus formas plurales. Sin embargo, no me parece eufónico, expresar, por ejemplo: “Las “acudientas” asistieron a la reunión”, “El Presidente premió a las “combatientas”, “El español tiene más de doscientos millones de hablantas”, “Muchas estudiantas sienten pereza para asistir a las clases”, etc. En los ejemplos anteriores, los cuales, deben ser correctos, de acuerdo con el sano criterio de la RAE, las formas femeninas golpean y deslucen el discurso. Y no creo que exista alguna persona, por ignorante que sea, que se aventure a pronunciarlas. Aunque, si lo hace, está amparada por el concepto democrático, que acepta como valido el uso popular del lenguaje.
Eddie José Daniels García
Sobre el autor
Eddie José Dániels García
Reflejos cotidianos
Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.
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