Opinión
La doble vida del poeta

Fueron muchas las mujeres que se rindieron ante sus escritos, y hombres que conquistaron el amor de sus vidas mediante sus letras. El poeta encontraba refugio en las alegrías ajenas, pues su propia vida estaba sacudida por la más tétrica soledad.
Escribía como nadie, con el propósito de olvidar su propio dolor, pero jamás dejó al descubierto la pena que le lastimaba el alma, ya que no quería exponer su tristeza. El hombre de las palabras encantadas vivía una doble vida: no era feliz a pesar de su talento, y prefirió cargar con su sufrimiento antes que privar a los demás de la felicidad que sus versos les regalaban.
Se alejó en busca del silencio, como quien pretende apagar un gran incendio con un vaso de agua. Su alma vivía en el más completo sigilo, en medio de aquella soledad donde solo escuchaba el silbido de las cigarras. Lo perseguían en lo más profundo de sus sentimientos aquellos ojos color de cielo, junto a la cabellera ondulada semejante a la escalera por donde descendían los ángeles, que mortificaban sus recuerdos.
La noche era su peor pesadilla, pues debía enfrentarse a un sueño esquivo y a la imagen de unos brazos que alguna vez fueron el amor de su vida. Se levantaba a cada instante y miraba al firmamento como quien busca respuestas en el infinito, pero el cielo solo le respondía con un silencio absoluto. Las estrellas parpadeaban sin cesar mientras la soledad lo atormentaba.
Tendió su cuerpo sobre una estera, buscando en el sacrificio físico la cura de su dolor. De tantas personas que alguna vez lo buscaron para que esculpiera frases capaces de conquistar los amores más esquivos, al final solo quedó acompañado por la pena y el olvido. Enfrentaba su propio destino, ese que construyó rodeado de amigos que buscaban la magia de sus letras, pero que en la carrera de la vida terminaron ocupando carriles distintos.
Tras enfrentarse a las noches más largas, comprendió que jamás podría cambiar el curso del tiempo. Con cada salida del sol, tibió su cuerpo en un fogón de barro construido con la fuerza de sus manos y el poder de su imaginación. Aquellas manos prodigiosas, convertidas en fábrica de letras que conquistaban ilusiones, pertenecían a un mortal que debía responder a su biología de comer y beber, aunque su mayor deseo era alimentar sus sentimientos y borrar aquel dulce recuerdo de un viejo amor.
No todas las heridas cicatrizan con el tiempo; algunas sangran a pesar de los años. La que cargaba aquel poeta era tan profunda que lo atormentaba tanto en la soledad como en la multitud.
Un día cualquiera se resignó a vivir una nueva vida: sin escritos, sin escuchar más historias de amores y desamores. Emprendió la huida de sus recuerdos, reflejada en su larga cabellera y en una barba dispersa que dejaban ver a un hombre con el alma herida. Se miró en un espejo roto, que aún permitía reflejar una imagen, y allí el rey de los escritos decidió dejar de vivir una doble vida para reconstruirse de aquel viejo amor que lo atormentó por tanto tiempo.
Nerio Luis Mejía
Sobre el autor
Nerio Luis Mejía
Pensamientos y Letras
Nerio Luis Mejía es un líder comunal, defensor de los Derechos Humanos, quien ha realizado de manera empírica un trabajo de investigación acerca de las causas que han propiciado -y siguen alimentando- el conflicto armado y social colombiano. Mediante sus escritos, contextualiza las realidades territoriales.
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