Opinión

El silencio también encubre: el acoso es un delito, no una opinión

Beatriz Ramírez David

26/03/2026 - 08:35

 

El silencio también encubre: el acoso es un delito, no una opinión

 

En Colombia, poder decir en voz alta que el acoso es un delito no es algo que haya ocurrido por accidente ni de un día para otro. Es el resultado de años de lucha, de resistencia colectiva y de una insistencia constante por parte de los movimientos feministas y de mujeres que se negaron a seguir llamando “incomodidades” a lo que en realidad siempre ha sido violencia.

Durante mucho tiempo, el acoso fue disfrazado de halago, de chiste, de costumbre. Se minimizó, se justificó y se normalizó en espacios cotidianos: en el trabajo, en las aulas, en la calle, en los medios. Se nos enseñó a tolerarlo, a ignorarlo, a adaptarnos. Pero lo que hoy sabemos —y lo que no podemos volver a negar— es que esas conductas no son inofensivas. Son expresiones de poder, de control y de desigualdad.

Nombrar el acoso como delito en Colombia implicó una ruptura profunda. En 2008, con la Ley 1257, el país dio un paso histórico al reconocer que las violencias basadas en género no son asuntos privados ni exageraciones, sino problemáticas estructurales que requieren respuestas contundentes del Estado y de la sociedad. Esta ley no solo abrió la puerta a sanciones legales, sino que también estableció un marco para prevenir, atender y erradicar estas violencias.

Pero el cambio más potente no ocurrió únicamente en el papel. Ocurrió en la forma en que empezamos a entender el mundo. El feminismo logró mover el eje de la conversación: ya no se trata de evaluar la intención de quien acosa, sino de reconocer el impacto que ese comportamiento tiene en quien lo vive. Este giro es fundamental, porque desmonta una de las excusas más utilizadas para restarle gravedad al acoso.

Hoy sabemos que no importa si alguien dice que “no era para tanto” o que “solo estaba bromeando”. Lo que importa es que el acoso incomoda, intimida, vulnera y limita la libertad de las personas. Y eso es suficiente para señalarlo, denunciarlo y exigir que no se repita.

Sin embargo, aunque hemos avanzado, el silencio sigue siendo un cómplice poderoso. Cada vez que se duda de una víctima, cada vez que se minimiza un testimonio, cada vez que se le pide a alguien que “no arme problema”, se está reforzando una cultura que protege a quienes ejercen violencia. El silencio no es neutral: encubre, legitima y perpetua.

Por eso este momento es tan importante. Porque no solo contamos con herramientas legales para actuar, sino también con una mayor conciencia colectiva que nos permite identificar estas situaciones y cuestionarlas. Cada conversación que incomoda, cada denuncia que se hace pública, cada red de apoyo que se teje es parte de un proceso más grande de transformación social.

Pero no basta con reconocer el problema. Es necesario asumir una postura activa. El acoso no se combate únicamente en los tribunales; se enfrenta en la vida cotidiana, en la forma en que respondemos cuando vemos una situación injusta, en cómo educamos, en cómo nos relacionamos, en lo que decidimos tolerar y en lo que ya no estamos dispuestas ni dispuestos a aceptar.

Ser activista hoy implica no mirar hacia otro lado. Implica entender que el cambio cultural necesita de voces que incomoden, que cuestionen y que insistan. Implica también acompañar, creer y sostener a quienes han sido históricamente silenciadas.

Decir que el acoso es un delito no es solo una afirmación jurídica. Es una declaración política, ética y social. Es una forma de poner límites claros frente a prácticas que durante demasiado tiempo se consideraron “normales”. Es también una invitación a imaginar y construir espacios más seguros, más justos y más libres para todas las personas.

Este no es el final de la lucha. Es apenas una etapa más. Porque mientras existan formas de violencia que se intenten justificar o esconder, será necesario seguir hablando, seguir denunciando y seguir organizándonos.

El silencio ya no es una opción. Nombrar el acoso, señalarlo y enfrentarlo es parte de una responsabilidad colectiva. Porque cuando rompemos el silencio, no solo protegemos a quienes hoy alzan la voz, sino también a quienes aún no pueden hacerlo. Y eso, más que una consigna, es un compromiso.

Si el acoso incomoda, se nombra; si se nombra, se enfrenta; y cuando se enfrenta, el silencio deja de proteger al agresor y empieza a liberar a quienes nunca debieron callar.

 

Beatriz Ramírez David

Sobre el autor

Beatriz Ramírez David

Beatriz Ramírez David

Mundo en femenino

Consultora en temas de Mujer y Género, facilitadora social y comunitaria, conferencista, online speaker y escritora. Embajadora de mujeres liderando América Latina y Global Ambassador NERDS RULE INC. Página web: https://beatrizramirezdavid.wordpress.com/

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Tamalameque llama la atención de la Asamblea del Cesar

Tamalameque llama la atención de la Asamblea del Cesar

Tamalameque, una de las poblaciones más antiguas de Colombia, pueblo mágico, poseedor de un inmenso valor cultural, historia, mitos y...

Solidaridad, ¿principio o deber social?

Solidaridad, ¿principio o deber social?

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos como hermanos...

En la Tierra de La Piragua

En la Tierra de La Piragua

  Esta semana estuve en la tierra de La Piragua, esa población llena de encanto a orillas de la Ciénaga Grande de La Zapatosa, en e...

Elisa Castro Palmera: la matrona que tejió cielos en la tierra vallenata

Elisa Castro Palmera: la matrona que tejió cielos en la tierra vallenata

  En las riberas del Guatapurí, donde las brisas de la Sierra Nevada traen ecos de oraciones antiguas, Elisa Castro Palmera de Dango...

En la Guajira, tejer esperanzas es posible

En la Guajira, tejer esperanzas es posible

"Nunca dudes de que un pequeño grupo de personas pueden cambiar el mundo. De hecho, siempre se ha conseguido así." Margaret Mead ...

Lo más leído

Costumbres que hacen de Colombia un país único

Verónica Salas | Ocio y sociedad

Puro sabor sabanero: el recorrido de Aníbal, Lisandro y Alfredo Gutiérrez

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi | Música y folclor

Oralidad y escritura en la isla de San Andrés

Juliana Botero Mejía | Pueblos

Duelo

Diego Niño | Literatura

Adolfo Mejía Navarro: el sinceano universal

Hernán De La Ossa Benítez | Música y folclor

Luis Enrique Martínez y Pedro Castro Peña

Luis Carlos Guerra Ávila | Música y folclor

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados