Opinión

La lenta agonía de la escuela agropecuaria de Tamalameque

Diógenes Armando Pino Sanjur

21/04/2026 - 06:45

 

La lenta agonía de la escuela agropecuaria de Tamalameque

 

La Institución Educativa Agropecuaria de Tamalameque abrió sus puertas el 22 de abril de 1968 bajo el nombre de Escuela Agropecuaria. A lo largo de su historia, ha sido considerada el alma mater de la educación en el municipio: forjadora de generaciones de bachilleres que lograron trascender y convertirse en profesionales que hoy prestan sus servicios en empresas y entidades públicas y privadas.

En sus años de esplendor, la institución no solo contaba con una amplia infraestructura, sino con los recursos necesarios para cumplir a cabalidad su misión: extensos terrenos, dos fincas, ganado, bus escolar, tractor y una planta de personal robusta que incluía docentes, técnicos, administrativos, pagador, bibliotecaria, mayordomo, conductores y celadores, todos vinculados a la planta nacional. Este andamiaje garantizaba un funcionamiento eficaz y permitía desarrollar procesos de enseñanza acordes con la modalidad agropecuaria y los lineamientos del Ministerio de Educación Nacional.

¿Cómo no recordar las prácticas en porcicultura, avicultura, ganadería y huertas escolares? Allí, los estudiantes no solo adquiríamos conocimientos, sino que aprendíamos haciendo, en proyectos productivos que nos preparaban para el emprendimiento y para enfrentar la vida con herramientas reales de sustento.

Sin embargo, con la departamentalización de los entonces colegios —hoy instituciones educativas— comenzó el declive. Al no contar Tamalameque con certificación educativa, el manejo de los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) pasó a manos del departamento, quedando la Secretaría de Educación Departamental a cargo de la nómina y la planta de personal.

Desde entonces, el deterioro no ha sido casual: ha sido progresivo y, sobre todo, tolerado. Las plazas de personal técnico —pagador, bibliotecario, celadores, conductores— no han sido reemplazadas a medida que sus titulares se pensionan. Las plazas docentes nacionalizadas han sido trasladadas a instituciones del norte del departamento y, en muchos casos, sustituidas por docentes en provisionalidad. Decisiones administrativas que, sumadas, terminan desmantelando una institución.

A esto se agrega una distribución inequitativa de los recursos educativos. La Secretaría Departamental no solo descuida a los municipios no certificados, sino que también invierte en municipios certificados como Valledupar. La evidencia es visible: la concentración de la inversión en infraestructura educativa en la capital contrasta con el abandono de las instituciones del sur.

Las consecuencias son evidentes: deterioro de la calidad educativa, abandono de la infraestructura y debilitamiento institucional. El caso de la Institución Educativa Agropecuaria de Tamalameque es paradigmático: ha perdido su vocación agropecuaria, su planta física se ha vuelto obsoleta y la seguridad es prácticamente inexistente. Semana tras semana, los “amigos de lo ajeno” hacen de las suyas ante la ausencia de celadores que resguarden los pocos bienes que aún quedan.

Resulta paradójico que, siendo cuna de grandes profesionales, hoy parezca una institución sin dolientes. Pero el problema no es solo institucional: también es social. El abandono, la desidia y el olvido por parte de la dirigencia departamental encuentran un aliado silencioso en nuestra propia indiferencia. Callamos, y en ese silencio nos volvemos cómplices.

El riesgo no es menor: no se trata solo del deterioro de una planta física, sino de la pérdida de un modelo educativo, de una vocación productiva y de una parte esencial de la identidad de Tamalameque.

Es hora de romper esa inercia. Despierta, pueblo. Demuestra que lo nuestro también vale. Defiende tus derechos. No te arrodilles. Levántate con dignidad y determinación. Recupera tu escuela agropecuaria. Defiende el futuro.

 

Diógenes Armando Pino Sanjur

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Sanjur

Diógenes Armando Pino Sanjur

Tamalamequeando

Diógenes Armando Pino Sanjur, más conocido como May Francisco, nació el 24 de junio de 1976 en un pueblo mágico lleno de historia, cultura y leyendas situado en la margen derecha del Río Magdalena llamado Tamalameque. Hijo de los docentes Diógenes Armando Pino Ávila y Petrona Sanjur De Pino, tiene 2 hijos, May Francisco y Diógenes Miguel, los cuales son su gran amor, alegría, motor y mayor orgullo. Abogado de Profesión, despertó su interés con la escritura de su padre quien es escritor e historiador, se declara un enamorado de su pueblo, de su cultura (la tambora) y apasionado por la política como arte de servir.

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