Opinión
Un planeta girando en la órbita de la política colombiana

La revista Raya, como siempre, destapa ollas repletas de putrefacción, cuyo miasma pestilente inunda el ambiente social y político del país. La semana pasada mostró, fotos, videos, diapositivas y un sinnúmero de evidencias que demostraban un entramado mafioso de comunicación con que trataron de torcer el sentimiento ciudadano en las elecciones parlamentarias y que sigue en pie llevando como cometido entorpecer la llegada del progresismo a la presidencia y abrirle camino a a ese pasado nefasto que nos gobernó por veinte años.
Ese entramado toma el nombre de un dios romano: el dios de los dioses en la mitología romana, el dios supremo, equivalente a Zeus en la mitología griega. Por su tamaño los astrónomos del pasado le dieron este nombre a un planeta, porque, es el planeta más grande del sistema solar, el que domina gravitacionalmente su entorno, es decir “el rey de los planetas”. Tan grande que tiene más masa que todos los otros planetas juntos (excepto el Sol, claro). Podrían caber más de 1.300 Tierras dentro de él. Este planeta tiene más de 90 lunas conocidas. Las más famosas: Ío (volcánica), Europa, Ganimedes (la más grande del sistema solar) y Calisto (póngale usted nombre de políticos).
Ahora bien, esta descripción del planeta mayor del sistema solar no es gratuita, pues de alguna manera se engrana con los Nazis, con Joseph Goebbels. Ministro de Propaganda del Tercer Reich (1933–1945). Éste no era solo un ejecutor: fue el principal teórico práctico de cómo moldear la opinión pública a gran escala. Tenía control sobre: prensa, radio, cine, literatura, artes y educación cultural. Su proyecto propagandístico y su estrategia fue parte fundamental en el fortalecimiento de los Nazis en Alemania lo que llevó al holocausto de los judíos (como ahora Netanyahu lo hace con los palestinos). Goebbels en sus discursos y prácticas se desprenden reglas bastante claras:
1. Simplificación del enemigo. Reducir problemas complejos a un culpable único. Ejemplo: “los judíos”, “el bolchevismo”. (En la Colombia de hoy : Culpa de Petro).
2. Repetición constante. Una idea repetida mil veces termina percibiéndose como verdad.
3. Apelación emocional (miedo, orgullo, odio). Más que convencer racionalmente, buscaban activar emociones primarias. (emberracar al votante, quien lleno de miedo en el plebiscito votó en contra de la paz)
4. Uso de símbolos y estética. Bandera, uniformes, marchas, arquitectura, cine. El nazismo fue profundamente teatral y visual. (El termino y la imagen del orejón “Uriburro”).
5. Control total de la información. Eliminar voces disidentes y saturar el espacio público con un solo relato. (RCN, Caracol, Semana, El Tiempo, La silla vacía etc).
6. Adaptación al público. No hablaban igual a niños, obreros o intelectuales. Había propaganda específica para cada grupo. (Conferencias a los trabajadores y obreros, universitarios, campesinos)
Después de Segunda Guerra Mundial (1939-1945), sobrevino un enfrentamiento político, ideológico y económico entre La Unión Soviética y estados Unidos lo que se conoció como “La guerra fría”, la cual dio coletazo en todo el mundo occidental con una corriente anticomunista basada en una propaganda que mostraba a La Unión Soviética como el eje del mal.
En América Latina, la guerra fría tuvo un mayor calentamiento a propósito de la Revolución Cubana (1959), la Iglesia católica en América Latina —y especialmente en países como Colombia— asumió una postura muy fuerte contra el comunismo. Esto no era solo religioso, sino también político y cultural. Se articuló en varios frentes:
Catequesis dominical y “formación doctrinal” Lo que llamaban catecismo no era solo enseñanza de sacramentos. En muchos lugares se convirtió en un espacio de formación ideológica, donde se enseñaba que el comunismo era ateo, enemigo de Dios y destructor de la familia. Para los niños, esto se traducía en relatos muy dramáticos que generaban miedo y angustia.
Material impreso: historietas, folletos, estampas. No siempre tenían un solo nombre universal, porque muchas eran producidas por distintas diócesis, editoriales católicas o redes internacionales.
Últimamente la propaganda manipuladora no proviene desde afuera, se produce internamente a través de la prensa, revistas, programas radiales y de TV, tenemos ejemplos claros como los de la campaña de la primera y segunda presidencia de Uribe, la del “Plebiscito por la paz” donde mediante propaganda sacaron al pueblo emberracado a votar en contra de la paz.
Las malas mañas continúan, La Revista Raya denuncia el llamado “Proyecto Júpiter” que en el fondo busca lo mismos con la utilización de los mismos métodos, de asustar, generar incertidumbre exacerbar las emociones primarias del hombre común incentivando el miedo y el odio sin sentido. Se habla de miles de millones de pesos aportados por empresarios para cooptar los medios, comprar influencers, activar bodegas digitales y al mejor estilo nazi su gestor es el ultraderechista, excanciller Jaime Bermúdez quien lo dirige a través de conferencistas pagados donde se involucra al medio “La Silla Vacía” presuntamente como contratada para tal fin. El objetivo hacerle mala imagen al candidato progresista para favorecer la candidatura de ultraderecha.
La pregunta es: ¿Surtirá efecto? ¿Envolataran de nuevo al ciudadano votante? ¿El progresismo hará la contraofensiva propagandística? ¿Resistiremos? Creo que sí, el pueblo abrió los ojos y ve de otra manera la política, conoce su modus operandi y sabe cual es su enemigo.
Diógenes Armando Pino Ávila
Sobre el autor
Diógenes Armando Pino Ávila
Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).
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