Opinión
Solo querías sexo

No fue una sola vez.
Y tampoco fue solo sexo.
Durante mucho tiempo creí que lo que dolía era el final de las historias. Que lo difícil era soltar, aceptar que alguien no se quedaba, que no elegía construir conmigo. Pero con el tiempo entendí algo más incómodo, más profundo: no dolía que se fueran… dolía darme cuenta de que nunca estuvieron.
“Solo querías sexo”.
Una frase que muchas veces no se dice, pero se siente.
Se siente en las conversaciones que no profundizan.
En las promesas que nunca se concretan.
En la forma en que te miran… pero no te ven.
Y sí, también se siente en el cuerpo.
Porque cuando una mujer se entrega desde el corazón, no está separando lo físico de lo emocional. Está compartiendo energía, historia, vulnerabilidad. Está diciendo sin palabras: aquí estoy, con lo que soy.
Pero no siempre al otro lado hay alguien dispuesto a recibir eso.
La confusión moderna
Vivimos en una época donde todo parece negociable: el tiempo, el compromiso, los vínculos. Donde el “fluir” muchas veces es una excusa para no responsabilizarse emocionalmente.
Y ahí es donde muchas caemos.
No porque no sepamos.
Sino porque queremos creer.
Queremos creer que esta vez será distinto.
Que detrás de la distancia hay miedo, no desinterés.
Que detrás del silencio hay confusión, no indiferencia.
Pero la realidad suele ser más simple, aunque duela más:
cuando alguien quiere construir contigo, se nota.
Y cuando solo quiere algo pasajero… también.
Lo que no quise ver
En mi caso, hubo señales. Siempre las hay.
La falta de presencia real.
Las conversaciones que evitaban profundidad.
La sensación constante de estar “esperando algo más”.
Pero elegí quedarme.
Elegí interpretar, justificar, sostener.
Hasta que un día ya no dolió igual.
Y eso fue lo más revelador.
Porque cuando dejó de doler, entendí que ya no me identificaba con ese lugar. Que ya no necesitaba demostrar mi valor quedándome donde no me elegían.
No era amor… Era validación.
Aceptar esto no es fácil, pero es liberador:
a veces no estamos enamoradas de la persona, sino de lo que esperamos que sea.
Del potencial.
De la idea.
De la necesidad de sentirnos importantes.
Y ahí es donde nos perdemos.
Porque en el intento de ser vistas por alguien más, dejamos de vernos a nosotras mismas.
Volver a ti
Hoy ya no me interesa adivinar intenciones.
Me interesa sentir claridad.
Ya no me interesa convencer a nadie de quedarse.
Me interesa quedarme conmigo.
Y si alguien llega, no será desde la necesidad… sino desde la elección.
Porque entendí algo que me cambió por dentro:
No se trata de que “solo querían sexo”.
Se trata de que yo merezco mucho más que eso.
Angelic Schrieder ????
Sobre el autor
Angelic Schrieder
Soy Angelic Schrieder
Me dedico a servir a los demás a través de reflexiones y filosofadas que nos ayudan a florecer, crecer y sanar desde mi propia experiencia. Mi carrera profesional es en sociología, pero prefiero que me conozcas como un espejo que refleja la humanidad en su esencia, igual que tú.
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