Opinión
La Historia Cantada: segunda parte

“Llego y me emociono oyendo discos viejos, por qué en la ciudad los oigo pocas veces” (Amor de mi Tierra; R. Manjarrez)
En una nota precedente daba cuenta del inicio de la grabación de la producción Rafa Manjarrez: La Historia Cantada, la cual compilará veinte de sus canciones más emblemáticas. Mi compadre Vice Lozano, cercano al cantautor, me confirma que su lanzamiento está previsto para el día 15 de junio 2026.
Las notas de prensa no precisan cuál es el listado de las piezas escogidas; osadamente presumimos que entre ellas se incluirán Ausencia sentimental (Silvio Brito & “Pangue” Maestre), tema ganador y referente del Festival Vallenato, que se renueva anualmente como preludio a dicho certamen; Dilema de mi vida (J. Oñate & J. Rois); Señora (Otto Serge & R. Ricardo); Cuando decidas (Binomio de Oro); Provincianita (Hnos. Zuleta); Simulación (Diomedes & “Colacho”); Yo tenía un amigo (I. Villazón & “Chiche” Martínez); Mi alma en pleno (I. Villazón & “Beto” Villa), e indiscutiblemente temas de “Los Betos”.
Me asiste la inquietud de si dicho trabajo comprenderá una retrospectiva cronológica abarcando temas como Bendita duda (Adanies Diaz H. Zuleta / Otto Serge & Rafael Ricardo, 1982) que en su momento consolidaron la carrera del autor, o se remontarán a sus inicios: Para el mundo que dio título al LP del mismo nombre (Miguel Dede & Gabriel Julio, 1978), Morena (I. Rudas & Adanies Diaz, álbum Como Siempre, 1979), Amor de mi tierra (J. Oñate & J. Rois, 1983), Decisión (Hnos Zuleta, 1983), Celos (M. Herrera & “Chiche” Martínez, 1982), Pesadilla de amor (Binomio de Oro, 1983), Velitas prendidas (M. Herrera & “Chiche” Martínez, 1984), 3 de marzo (Elías Rosado & Norberto Romero / Miguel Dede & Fredy Sierra, 1985), Dios lo sabe (Hnos Zuleta, 1885), Enamorado de ella (I. Villazón & “Cocha” Molina, 1989), No estaba escrito (R. Manjarrez & Beto Villa, 2009), o alguno de ellos estarán reservados desde ya a una previsible y merecida segunda parte.
Ello sin ahondar en el largo cancionero de éxitos de la época de esplendor de Los Betos del vallenato tales como: Indecisión, Desenlace, Aquel Amor, Vuelve, Benditos Versos, Volví a Tenerla, Puñados de Oro, A una Querida Amiga, Canciones Lindas, Dos Vidas, Mi Media Naranja, Vuelve Corazón, Así No Es Ella, Mil Versos de Olvido, Dueña de Mi Felicidad, Como cambia el tiempo, Con toda el alma, Bendito diciembre…
Y temas como Cien Días de Bohemia (Hnos Zuleta) álbum que ganó el Grammy Latino 2006 en categoría Vallenato/Cumbia, Por Dios que sí (17 m. de visitas), En este sitio (Silvestre Dangond & J. de la Espriella/Rolando Ochoa), u otros recientes como La trinca (Elder Dayan & Lucas Dangond) Me Voy de Ti (Jorge Celedón & Víctor Nain Jr), junto a muchas exitosas interpretaciones cuya transcripción haría extensa esta crónica, y que tienen como referente común el arraigo, la capacidad narrativa y el estilo depurado del autor.
En sus inicios, Manjarrez se enfocó en temas costumbristas y románticos; luego, denota una evolución estilística y se transforma progresivamente en un discurso de mayor densidad reflexiva, volando hacia máximas universales sobre el amor, la dignidad y la perseverancia. Con el tiempo, su estilo se mantuvo fiel a sus raíces, pero con un enfoque más profundo en la geopoética y la narrativa.
“El compositor Rafael Manjarrez es un innato hacedor de historias.[1]” define asertivamente David Lara Ramos, rematando con firmeza que la obra de Manjarrez combina dos facetas aparentemente opuestas pero complementarias:
De un lado, su espontaneidad alude a la frescura y naturalidad expresiva que caracterizan sus composiciones: vivencias que nutren sus cantos, emociones auténticas signadas por la cotidianidad del Caribe, de las cuales se visibilizan la elegancia y la musicalidad de sus versos, así como los “matices conceptistas” derivados del ingenio y la agudeza en sus metáforas.
Señala que, aunque su inspiración es espontánea, Manjarrez somete sus letras a un proceso de elaboración cuidadoso, una “hiperescritura” que implica un trabajo consciente de reescribir y perfeccionar los versos, buscando resonancia poética y profundidad narrativa. Es decir, detrás de su aparente sencillez hay un oficio literario riguroso.
Esa escritura intensificada aparece en la densidad retórica, la acumulación de metáforas y la insistencia en la forma; un contraste que revela cómo sus canciones oscilan entre la espontaneidad y la elaboración literaria, confirmando la conclusión de Lara Ramos:
“…la obra de Rafael Manjarrez carga por igual tanto el sentido espontáneo como la hiperescritura de sus versos.”
Su trayectoria revela un tránsito estético que, sin abandonar sus raíces costumbristas y románticas, se abre hacia una reflexión más amplia sobre la condición humana; su voz evoluciona hacia un discurso que explora valores universales como el amor, la dignidad y la perseverancia. La madurez creativa, geopoética y narrativa se convierten en ejes fundamentales: la primera, como forma de vincular el territorio con su sensibilidad lírica; la segunda, como vehículo para transformar vivencias personales en relatos colectivos, y una tercera: Manjarrez logra que su obra trascienda lo local y se inscriba en un horizonte cultural más vasto, donde lo íntimo y lo universal dialogan en armonía.
Con la convicción de que una segunda parte de “La Historia Cantada” rebasará el devenir del tiempo, y en la cual la dimensión lirica de Manjarrez, se alzará como templo de palabras: columnas que sostienen la memoria contra el olvido, muros que preservan la voz frente al silencio, y un frontispicio donde su narrativa cincelará como herencia de lo vivido.
Enoc Adolfo Guzmán
[1] Lara Ramos, David. “Rafael Manjarrez, un vallenato que nadie calla.” Las2orillas, 23 Oct. 2021, https://www.las2orillas.co/.






