Opinión
¿Quién quiere volver atrás?

Sin desconocer los desaciertos del llamado gobierno del cambio, los errores cometidos y todo aquello que legítimamente se le cuestiona, hay una realidad que difícilmente puede negarse: millones de colombianos sintieron por primera vez en muchos años que el Estado también podía llegar hasta ellos. Y ese quizás sea el cambio más profundo de todos.
Durante décadas, buena parte de la población más pobre del país creció convencida de que los recursos públicos, las oportunidades y los derechos siempre terminaban concentrados en los mismos sectores privilegiados. Para muchos colombianos, el Estado era algo lejano, casi ajeno.
Por eso, hoy, resulta difícil pensar que quienes sintieron algún alivio en medio de tantas necesidades quieran simplemente regresar atrás. No hablo de ideologías. Hablo de realidades concretas.
Adultos mayores que comenzaron a recibir ayudas para sobrevivir en condiciones más dignas. Campesinos que por fin sintieron que el tema de la tierra dejó de ser un simple discurso. Jóvenes de escasos recursos que lograron llegar a universidades públicas gracias a una ampliación sin precedentes en cobertura educativa.
Claro que también existen críticas válidas. Nadie puede negar algunos casos de corrupción, improvisación y confrontación política que han marcado este periodo presidencial. Y seguramente muchos esperaban transformaciones más profundas o resultados más rápidos.
Pero, aun así, mucho fue lo que cambió en Colombia. La gente comenzó a sentir que podía exigir más. Que el Estado no tenía por qué seguir gobernando únicamente para las élites económicas y políticas de siempre.
Hace algunos días caminaba con un amigo por uno de los parques de Valledupar. Él, claramente opositor al gobierno, me hizo una pregunta que me dejó pensando:
—Jorge, dígame cuál es la gran obra que Petro le dejó al Cesar.
Confieso que guardé silencio unos segundos. Y luego solo pude responderle con otra pregunta:
—Entonces, ¿por qué razón gran parte de la población de casi todos los municipios del Cesar hoy parece dispuesta a desobedecer electoralmente a los caciques políticos tradicionales?
Mi amigo respondió casi de inmediato:
—Porque mucha gente siente que ahora sí le han dado algo.
Y aunque lo dijo con evidente molestia, tal vez allí estaba precisamente la explicación. Porque el voto también nace de la dignidad.
Este domingo, cuando cada colombiano esté solo frente al tarjetón, hará su propia evaluación. Algunos pensarán en la economía, otros en la seguridad, otros en la corrupción y muchos simplemente votarán desde aquello que sintieron en su vida cotidiana durante estos años.
Pero sinceramente creo que millones de personas no quieren regresar a un país donde los pobres debían resignarse mientras el progreso parecía reservado a unos pocos.
Lo más difícil no es llegar al poder. Lo verdaderamente difícil es lograr que la gente sienta que el Estado también le pertenece.
Colofón: En Colombia solemos escandalizarnos por ciertos gestos simbólicos mientras normalizamos discusiones mucho más vacías y trascendentes en distintos escenarios públicos. El debate generado por el minuto de silencio propuesto en Cachipay para recordar a Diomedes Díaz dice mucho más sobre nuestra polarización que sobre el homenaje mismo. Y guste o no, Diomedes sigue siendo una de las figuras populares más influyentes de la historia cultural del país.
Jorge Nain Ruiz Ditta






