Opinión

Petro: el fenómeno político que descolocó los manuales del poder

Diógenes Armando Pino Ávila

29/05/2026 - 10:15

 

Petro: el fenómeno político que descolocó los manuales del poder
El presidente Gustavo Petro / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

Hay frases que en política se repiten tanto que ya parecen refranes de abuela sentada en mecedora. Una de ellas es esa que dice que “el poder desgasta”. Y sí, en la mayoría de los casos ocurre así: los mandatarios arrancan el gobierno montados en la ola de la popularidad, saludando hasta al perro del vecino, pero con el paso del tiempo la luna de miel se acaba y la curva del favoritismo comienza a bajar más rápido que bolsa de agua en bus escalera.

La historia política colombiana está llena de ejemplos. Presidentes que llegaron con índices altos de aceptación y terminaron el mandato mirando encuestas con más miedo que estudiante cuando reparten notas finales. Algunos lograron sostenerse gracias a estrategias mediáticas y a una prensa complaciente que maquillaba la realidad como quien le pone pintura nueva a una pared llena de humedad. Otros, amparados en el miedo generado por la violencia y los atentados de grupos armados, consiguieron mantener cierta popularidad mientras el país vivía bajo la sensación permanente de amenaza. Y no faltaron aquellos que, cuando la curva se desplomaba, apelaron a montajes, escándalos fabricados y maniobras desesperadas para tratar de recuperar oxígeno político.

Pero Colombia presencia hoy un fenómeno distinto, uno que rompe la lógica tradicional del desgaste del poder. Gustavo Petro Urrego, lejos de sufrir el desplome típico de popularidad que acompaña a la mayoría de los presidentes al final de su mandato, conserva una conexión emocional y política con amplios sectores populares que resulta imposible desconocer.

Su liderazgo no nació en la Casa de Nariño. Viene desde sus años en el Congreso, creció durante su paso por la Alcaldía de Bogotá y terminó consolidándose en las campañas presidenciales que lo llevaron al poder. Petro logró construir una narrativa política basada en la defensa de los sectores históricamente excluidos, la reivindicación de derechos laborales, la protección del adulto mayor y el cuestionamiento frontal a las élites tradicionales que durante décadas administraron el país como si fuera finca privada con mayordomos uniformados.

Y ahí está precisamente una de las claves del fenómeno: mientras más lo atacan ciertos sectores, más parece fortalecerse ante buena parte de la opinión pública. Lo han insultado, caricaturizado, satanizado y sometido a una campaña permanente de descrédito desde sectores políticos, económicos y mediáticos. Sin embargo, muchas veces esos ataques terminan produciendo el efecto contrario. En vez de debilitarlo, consolidan entre sus seguidores la idea de que Petro enfrenta estructuras poderosas que se resisten a perder privilegios.

La política colombiana tiene una vieja costumbre: cuando un dirigente amenaza intereses históricos, comienzan a aparecer los guardianes del “orden”, esos mismos que durante años convivieron felices con desigualdades obscenas, corrupción institucionalizada y una democracia donde el pueblo solo era importante el día de elecciones. Ahí aparecen los opinadores profesionales, los expertos en catástrofes imaginarias y los políticos reciclados que hablan del país como si nunca hubieran gobernado.

Petro, guste o no guste, se convirtió en un fenómeno político digno de estudio. Ha sobrevivido a ataques feroces, traiciones internas, campañas de desprestigio y a una oposición que a veces parece más obsesionada con destruirlo que con proponer alternativas serias para el país. En ese escenario, la prensa alternativa, organizaciones defensoras de derechos humanos, académicos y sectores internacionales han jugado un papel importante como muro de contención frente a los intentos de sectores radicales por convertir la diferencia política en persecución sistemática.

Tal vez por eso muchos de sus contradictores no logran entender el fenómeno. Creyeron que bastaba con repetir insultos en micrófonos y redes sociales para derrumbarlo. Pero olvidaron una lección elemental de la política: al pueblo podrán engañarlo un tiempo, pero cuando la gente siente que alguien interpreta sus frustraciones, sus esperanzas y sus luchas, la conexión deja de ser electoral y se convierte en emocional. Y ahí es los viejos manuales del poder comienzan a quedarse cortos.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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