Opinión
Cartagena de Indias, “Ciudad Cangreja”

Este 1° de junio se cumplieron 493 años de la fundación o refundación de esta insigne, gloriosa y noble ciudad: Cartagena de Indias. Un poblado que ya existía mucho antes de la llegada europea, en medio del vasto territorio de la nación Caribe, a orillas de una bahía espléndida, rodeada por un collar de islas y de ciénagas habitadas por comunidades de agricultores, cazadores, recolectores y pescadores. Este texto se detiene en tres aspectos esenciales: la refundación, los exploradores españoles y la fecha exacta del acontecimiento.
Lo primero que debemos reconocer es que, cuando los europeos arribaron a estas tierras, la comarca estaba poblada por los Kalamary, tribus de indígenas nativos descendientes de los Caribes. Kalamary, Karmairí o Kalaimairí significa “tierra de cangrejos”, en alusión a los cangrejos, específicamente cangrejos azules, abundantes y nutritivos crustáceo que aún hoy simboliza la vitalidad de la región. De ese mismo tronco familiar provenían los Yurbacos, Yurbanas, Canapot, Zaragocillas, y caciques como Karex en Tierra Bomba y Dulio en Barú. Su resistencia ante la conquista fue férrea, digna de admiración.
Por ello, algunos historiadores locales sostienen la tesis de la refundación, más que de la fundación. Esta idea resulta atractiva porque reconoce que, antes de la llegada de Pedro de Heredia, ya existían aquí comunidades organizadas, con territorio propios, leyes, autoridades, cultura y costumbres también propias. Los Kalamary ejercían soberanía reconocida por las tribus vecinas, aunque su desarrollo material no alcanzara el nivel de las ciudades españolas del siglo XVI.
El segundo punto a destacar es que Pedro de Heredia no fue el primer europeo en pisar estas tierras. Antes lo hicieron Rodrigo de Bastidas, primer explorador del Caribe colombiano y fundador de Santa Marta, en 1501, y luego Cristóbal Guerra y Alonso de Ojeda. Sin embargo, ninguno de ellos colonizó el territorio ni estableció instituciones en nombre de España. Ese mérito histórico pertenece a Heredia.
El tercer aspecto es la fecha de la refundación. La historiografía, apoyada en la correspondencia del propio Heredia, documenta que el conquistador madrileño surcó la bahía interior y desembarcó con su tropa —150 hombres, 22 caballos y tres embarcaciones— en la península de Boca Grande el 20 de enero de 1533. Los conquistadores llamaron Karamarí y luego Calamar al caserío encontrado allí. Durante meses exploraron la zona en busca de agua potable y, sobre todo, de oro.
La búsqueda de un sitio adecuado para fundar el nuevo poblado no fue sencilla. Heredia quiso reproducir el modelo urbano español: calles y carreras en cuadrícula alrededor de una plaza central con la catedral, los cuarteles, las oficinas de gobierno y el hospital. Pero se enfrentó a obstáculos naturales —la falta de agua, la maraña de raíces del mangle rojo— y humanos: la resistencia de los nativos, que combatieron con flechas envenenadas, por lo cual fueron injustamente etiquetados de “caníbales”, justificando con ello su exterminio.
Tras múltiples vicisitudes, Heredia halló un mejor sitio fundacional el 1° de junio de 1533, en lo que hoy es el Centro Histórico. Esa fecha fue ratificada por la Resolución No. 1 de 1980, publicada en el Boletín Historial No. 154, y adoptada oficialmente como el día de la fundación de Cartagena, mientras el 20 de enero quedó como fecha del “asiento provisional”.
Con el tiempo, miles de africanos fueron esclavizados y traídos a estas tierras para suplir la mano de obra en la construcción de la ciudad fortificada, bastión del imperio español en América. De la mezcla entre amerindios, europeos, africanos, asiáticos y orientales —sirio-libaneses y palestinos— surgió una raza nueva, el hombre americano, esa “raza cósmica” de la que hablaba Vasconcelos. En esa diversidad se forjó nuestra mayor riqueza: el carácter pluriétnico y multicultural que define a Cartagena.
Hoy, al cumplirse un año más de vida de esta ciudad cangreja, felicitamos a todos sus hijos, nativos y adoptivos. El bello apelativo “ciudad cangreja” se atribuye al novelista Roberto Burgos Cantor, autor de La ceiba de la memoria, quien escribió: “Cartagena es una cangrejera, y los cartageneros, como los cangrejos, se guardan a veces en hoyos o bajo las piedras”.
Ese “actuar cangrejero” es casi una filosofía de vida. Lo vemos en el mercado de Bazurto, donde se ofrecen en venta los mejores crustáceos a los ojos de los comensales y transeúntes, en baldes, tanques poncheras o sacos se amontonan e intentan escapar, pero las tenazas de los que están abajo, detienen y hacen caer a los que intenta escapar, todos, absolutamente todos terminan siempre en el fondo del balde y su suerte es la misma: La olla.
El cangrejo tiene un solo fogón, por eso el ingenio popular acuñó la frase “Soy cangrejo de un solo hueco”. Es la cangreja la que escoge a su cangrejo y lo lleva a su hueco. El cangrejo es fiel, leal, casero, sincero, honesto. Así también es el cartagenero, resiliente, trabajador, con una coraza resistente a las penurias, alegre, rebelde, con esperanzas de vivir con mayor dignidad fruto de sus esfuerzos. En esta ciudad monumentaria, ha llegado el momento de erigir un monumento al cangrejo, símbolo de nuestra tenacidad, identidad, cultura y raíces primigenias.
Gustavo A. Carreño






