Opinión
Descubriendo Valledupar

Manejar en esta ciudad algunos lo encuentran abrumador y otros relajante, depende de la experiencia previa o del cristal con que se mire, si vienes por primera vez y vienes de ciudades más grandes con más tráfico y poca calidad de vida, Valledupar puede ser todo un descubrimiento, pero si eres de acá y te sientes atrapado en una realidad de la que quieres escapar, no notas el verdor de los árboles, ni las trinitarias vibrantes, ni mucho menos el parloteo de los loros; solo verás el enjambre de motorizados a tu alrededor, los cuales despiertan gran curiosidad y desconcierto a un extranjero, empero a un local lo exasperan.
Tiempo atrás conocí a una pareja de alemanes que vinieron por primera vez a Latinoamérica y, por azares de la vida, su destino providencial fue Valledupar, venían de los Alpes, así que encontraban el ardiente sol encantador. Decían que les gustaba el calor sobrecogedor, sus caras de sorpresa y exclamaciones al ver las motos compartidas era un espectáculo, las peculiaridades de esta ciudad era para ellos todo un descubrimiento, su rozagante hija quería comer a toda hora patacones y creo que así lo hizo; quedaron en volver, se despidieron muy conmovidos.
Hace ya cuatro años que llegué de vacaciones y con un futuro incierto, terminé quedándome. En esta ciudad empecé a descubrir lo familiar en lo cotidiano, al principio no entendía el porqué y me sentía a la espera de descubrir una razón que me explicara porque me sentía tan a gusto. Un día, al leer en una página cultural la expresión "Valledupar es Macondo", todo empezó a cobrar sentido para mí, entendí porque cualquier novedad o peculiaridad de Valledupar se me tornaba siempre familiar, cualquier desorden me causaba gracia y todo nuevo descubrimiento llenaba de sonrisas mi día.
Viviendo fuera del país, por años leí a Gabo con gran entusiasmo, encontré en sus líneas el camino a unos recuerdos que no tenía, pero quería imaginar con añoranza, sus libros me conectaron con la tierra que me vio nacer, sus palabras me sembraron un arraigo en el corazón que mi familia aun no entiende; y esto es lo que intento ahora: construir esos recuerdos, descubriendo la belleza en la simplicidad de la cotidianidad de una vida en Valledupar.
Idenys Navarro Guillén





