Opinión

La Intentona

Diógenes Armando Pino Ávila

12/06/2026 - 06:10

 

La Intentona

 

En Colombia, hay una tradición política tan vieja como el café tinto y las promesas de campaña: el montaje. Unas veces termina siendo cierto; otras, resulta ser una fantasía tan mal armada que ni para libreto de novela de canal de Tv tradicional colombiana sirve. Pero ahí está, sobreviviendo gobierno tras gobierno, alimentado más por el odio político que por las pruebas, más por las ganas de tumbar al adversario que por el interés de encontrar la verdad.

Y no se trata de decir que eso sea normal o correcto. Al contrario. Lo preocupante es que el rumor, la calumnia, la conseja de esquina y el chisme con corbata han terminado convirtiéndose en herramientas habituales del combate político nacional. Apenas alguien se sienta en la silla presidencial, aparece una legión de expertos en inventar escándalos, fabricar sospechas y sembrar dudas. Como diría el propio Petro, no siempre es el gobierno el que tiene el poder; muchas veces el poder es ese ente invisible que mueve los hilos detrás del telón y que posee una fábrica inagotable de montajes y falsos positivos mediáticos.

En semejante escenario, ciertos medios tradicionales suelen desempeñar el papel de caja de resonancia. No todos, por supuesto, pero sí algunos que convierten cualquier murmullo en titular, cualquier especulación en noticia de última hora y cualquier rumor en una verdad provisional que se reproduce a velocidad de vértigo.

Durante este gobierno la situación parece haber alcanzado niveles astronómicos. Cada semana surge una nueva historia destinada a demostrar que el fin está cerca, que el gobierno se derrumba o que el presidente está a punto de ser expulsado de algún lugar, de algún cargo o de alguna galaxia.

Ahí están las célebres cartas del excanciller Álvaro Leyva, convertidas durante días en el Apocalipsis según San Álvaro. También el escándalo de los pasaportes, las acusaciones sobre supuestos consumos de sustancias, el episodio panameño donde algunos terminaron más interesados en examinar la masculinidad presidencial que en discutir políticas públicas. Luego vino Manta, donde aseguraban que había ocurrido una reunión con alias "Fito". Después aparecieron los supuestos chats, los presuntos audios, los documentos secretos y toda una colección de exclusivas que terminaban envejeciendo peor que el pescado dejado al sol.

La mecánica es sencilla: se lanza la bomba, los titulares explotan, los noticieros interrumpen su programación, los opinadores se desmayan de emoción y las redes sociales entran en combustión espontánea. Después pasan las horas, aparecen los hechos, se derrumba la historia y nadie vuelve a hablar del asunto. El escándalo muere silenciosamente, pero la mentira ya cumplió su trabajo.

Sin embargo, la ocurrida el pasado 10 de junio fue, como decimos en la Costa Caribe, la verdadera "tapa de los peroles". La noticia salió nada menos que desde la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. Y para ponerle más sazón al asunto, provenía de quien presidía dicha comisión y era presentada ante la opinión pública como integrante del Pacto Histórico. Los titulares fueron estruendosos. Los avances noticiosos parecían anunciar la caída del Imperio Romano. En radio y televisión invitaban a no despegarse de las pantallas porque venía un noticiononón de proporciones bíblicas.

Pero ocurrió lo de siempre: apareció la realidad. Lo que inicialmente fue presentado como una suspensión presidencial terminó convertido en una pieza jurídica sin sustento y ampliamente cuestionada. La señora Gloria Elena Arizabaleta Corral quedó en el centro de una tormenta donde muchos señalaron errores jurídicos, desconocimiento de competencias y actuaciones que rápidamente fueron desvirtuadas.

La escena tenía además un detalle digno de realismo mágico colombiano: el documento surgía precisamente mientras el presidente se encontraba en Estados Unidos participando en actividades relacionadas con el Consejo de Seguridad de la ONU. Y entonces comenzaron las preguntas.

¿Cuál era el propósito real de semejante maniobra? ¿Generar una sensación de crisis institucional? ¿Provocar una conmoción política? ¿Crear un espectáculo mediático internacional? ¿O simplemente producir otro episodio de esa larga serie nacional llamada Cómo tumbar un gobierno sin tener los votos?

Las respuestas deberán darlas los organismos competentes y la historia política del país.

Lo cierto es que el episodio terminó sumándose a una larga colección de intentonas que nacen con estruendo y terminan con vergüenza. Como esos cohetes de pueblo que hacen un ruido infernal al despegar y, cuando todos miran al cielo esperando el espectáculo, apenas producen una chispita triste antes de caer al suelo y que los pelaos de mi pueblo festejan diciendo ¡Salió marica!.

Mientras tanto, el gobierno Petro continúa transitando un camino lleno de adversarios abiertos y encubiertos, de opositores legítimos y de algunos "caballos de Troya" infiltrados en distintos escenarios del poder. También enfrenta un Congreso donde las mayorías suelen ser esquivas y donde las reformas propuestas encuentran resistencias provenientes de sectores políticos que consideran amenazados sus intereses o privilegios.

Así marcha la política colombiana: entre reformas, controversias, titulares explosivos, escándalos de corta duración y una inagotable fábrica de rumores. Un país donde a veces parece que los chismes tienen más presupuesto que los programas de gobierno y donde algunas intentonas nacen convencidas de que van a cambiar la historia, pero terminan convertidas en simples anécdotas para el próximo sancocho de domingo.

Lo que ha quedado demostrado en forma meridiana: en Colombia hay montajes que duran menos que un aguacero de verano en la Costa. Mucha bulla al comienzo, mucho corre-corre en la mitad y, cuando escampa, lo único que queda es el barro. Y el ridículo.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Te puede interesar

Perdedor de elección y ganador de convicciones

Perdedor de elección y ganador de convicciones

Soy un amante de la democracia, como modelo de gobierno, donde existe la dictadura de las ideas y donde los golpes de Estado se dan...

En defensa del punto G: Joaquin Guillen

En defensa del punto G: Joaquin Guillen

Los griegos que inventaron nuestra manera occidental de pensar y hacer, dijeron que cuando el cielo está más oscuro, alguna estrella...

Psicología: profesión vs beneficio económico

Psicología: profesión vs beneficio económico

En esta oportunidad quiero referirme a las declaraciones dadas por la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien dijo que en Colombia...

Soy orgulloso de ser sanjuanero

Soy orgulloso de ser sanjuanero

Hace poco más de 27 años, tuve la gran oportunidad de conocer a uno de los más grandes compositores de la música vallenata, como lo...

La ansiedad de tener sexo y el camino hacia el crecimiento personal y espiritual

La ansiedad de tener sexo y el camino hacia el crecimiento personal y espiritual

En este remolino de pasiones desenfrenadas, muchas de nosotras sentimos que nuestra energía fluye a raudales, que no está mal ni bien,...