Opinión
Es hora de volver a la cordura

Este domingo los colombianos iremos a las urnas para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años. Pero detrás de esa decisión hay una pregunta más profunda: ¿cuál de los miedos sembrados durante esta campaña logró calar con mayor fuerza en la conciencia colectiva?
Tuvimos durante muchos años un líder como Álvaro Uribe Vélez, capaz de despertar toda clase de emociones y, especialmente, amores y desamores. Más tarde hicimos algo parecido con Gustavo Petro Urrego, a quien muchos han elevado a la condición de redentor y otros han convertido en la causa de todos los males nacionales.
Como si esto fuera poco, ahora nos aparece un tercero a quien en principio muchos veíamos como un charlatán de caricatura y que, en un abrir y cerrar de ojos, también ha sido elevado a la categoría de tigre salvador, a sabiendas de que sus rugidos son prestados y sus colmillos de cartón.
La fragilidad de nuestra sensatez es tal que ahora atendemos con facilidad la insinuación de cualquiera de estos personajes para salir a votar berracos. Y eso, en principio, no sería tan problemático.
El asunto es mucho más complejo cuando la rabia, el odio y el rencor se nos quedan en el alma y los ejercemos contra nuestras propias familias, amigos y compatriotas. Las palabras que llevamos al cerebro y bajamos al corazón permanecen allí y pueden terminar convirtiéndose en acciones de las que tal vez jamás podamos arrepentirnos lo suficiente.
Este domingo 21 de junio más de veinte millones de colombianos acudiremos a las urnas y deberíamos hacerlo con la mayor sensatez y ponderación posible, no con la calentura a la que nos hemos dejado arrastrar por quienes aprendieron a manipular nuestras emociones para sacar provecho de ellas.
¿De qué nos sirve seguir creando y alimentando dos naciones enfrentadas, como llevamos haciéndolo durante más de un siglo? ¿Quién dijo que entre los colombianos solo existen rojos y azules, zurdos y derechos, buenos y malos?
Este domingo, y en adelante, necesitamos regresar a la sensatez. Volver a la cordura.
No podemos seguir alimentando nuestro corazón de inquina hacia el prójimo, azuzados por profesionales en esa materia. No puedo ver como enemigo al colombiano que piensa distinto a mí.
No estamos divididos entre estúpidos e inteligentes, malos y buenos, locos y cuerdos. Todos tenemos un poco de cada ingrediente.
Recordemos que los pirómanos, cuando ven arder el fuego, siempre salen corriendo. Y no hay pueblo en el mundo más inteligente, creativo y perspicaz que el colombiano.
Es hora de exigirles a quienes hemos elevado a la categoría de superhéroes que dejen de convocarnos a seguir guerreando entre nosotros. Que gobierne quien gane y que ejerza la oposición quien pierda.
Si el próximo gobierno lo hace bien, dentro de cuatro años los colombianos lo premiaremos en las urnas. Si lo hace mal, también se lo cobraremos democráticamente.
De eso se trata la democracia. La democracia no consiste en exterminar al contradictor. Consiste en convivir con él, aunque piense distinto.
Porque las elecciones terminan el domingo. Colombia continúa el lunes.
Y para seguir construyéndola juntos, es hora de volver a la cordura.
Colofón: Con el debut de nuestra Selección Colombia en el Mundial de Fútbol tenemos derecho a ilusionarnos y a soñar con llegar más lejos que en las ediciones anteriores. Ojalá el técnico argentino tenga la valentía de iniciar el inevitable relevo generacional y permita que quienes ya le dieron tanto al país puedan despedirse por la puerta grande, con el reconocimiento y la gratitud que merecen.
Jorge Nain Ruiz Ditta






