Opinión

Binomio monumental

Alberto Muñoz Peñaloza

01/07/2026 - 05:25

 

Binomio monumental

 

Hace dos meses que terminó el 59° Festival de la Leyenda Vallenata, en esta oportunidad, extendiéndose más allá del tradicional 2 de mayo. Durante su realización se sintió la fuerza subliminal del homenaje a Rafael Orozco e Israel Romero, al Binomio de Oro, ese emprendimiento musical que derivó en toda una jornada existencial como vitrina para nuevas figuras del canto y el acordeón, gran variedad de músicos comprometidos con el aprendizaje y la destreza, toda una universidad, cuyas ejecutorias constituyen un vigoroso impulso y al mismo tiempo un signo del poder inmenso que la disciplina, la consistencia y el entusiasmo logran cuando se los aplica con determinación, ingenio y humildad. 

El festival es ese camino que jamás se termina de recorrer, nació de la nada y su erguidez crece día a día, sin parar ni arrodillarse, convirtiéndose en el foco central de la vallenatía. Hubo dignidad desde el primero, sin que en algunas ediciones no faltaran indelicadezas que confirman, precisamente, la grandeza del certamen al superarlas y seguir adelante. Criticado en numerosas ocasiones, atacado y a sus veinte años, vilipendiado, amenazado y puesta en peligro su continuidad con el pretendido mecanismo ‘idóneo’ de hacer cambiar el jurado y posiblemente, ahí sí, ‘pescar en río revuelto.

Todo arrancó como comienzan las gestas libertarias, con ataques, celos, críticas, infundios y calumnias, poniéndose un listón bastante alto para lo que seguía. Ganó el maestro Alejo, damnificado fue el muy querido viejo Emiliano Zuleta Baquero, quien resultó eliminado por errores evitables, pero no prevenidos. Fue, en su condición de primer rey, incluido en la delegación cultural y deportiva de Colombia a los XIX Juegos Olímpicos de México, realizados entre el 12 y el 27 de octubre de 1968, “La destacada participación cultural de Colombia marcó un hito histórico para el país. El juglar y primer Rey de la Leyenda Vallenato, Alejandro Duran, participó como representante del folclor colombiano, y además, asistió una delegación de doce niños pintores que expusieron sus obras en el proyecto “Un Mundo de Amistad”.

En 1969, ganó Nicolás Elias “Colacho” Mendoza, produciéndose la primera pedrea en el evento y en 1970, Calixto Ochoa, fue ungido como rey, habiéndose realizado el evento fuera del mes de abril por la situación de orden público después de la elección presidencial. En 1971, el coronado Alberto Pacheco Balmaceda y el fonsequero Geño Mendoza, elevaron su protesta mediante un canto exitoso, El Festival Vallenato, llevado al disco por Nelson Henríquez y su Combo. Bastó esa queja sentida para elevar el estándar del evento, en un efecto, inversamente proporcional a lo esperado por los críticos iniciales.

El festival vallenato 

La excelente obra musical de Geño Mendoza, que antes fue futbolista brillante, creador de postín y marfil dorado, tiene canciones de talla universal, la soltó toda con “Festival Vallenato”, pero la que todavía persiste en la memoria del certamen, es precisamente su oda a la nostalgia, “Despedida al Festival”, grabada un año después por el célebre conjunto de los Hermanos López con el canto del Jilguero Jorge Oñate:

Llevo de recuerdo la fecha de mi partida

al pensar lo lejos que estaré del festival

porque al recordar forma parte de mi vida

de ese cielo azul que cubre a Valledupar,

confirmará mi ausencia la plaza Francisco el Hombre

mis buenos amigos que siempre recordaré

Ovidio Granados que acompañó mis canciones

en los festivales que con él me presenté;

amigo noble que ha dado

al Valle sus alegrías

en sus paseos se ha notado

transpira su voz gran lozanía.

 

De un pueblo hacen historia los que aman a su folclor

cantando y pregonando esas cosas de la vida

siempre en la parranda mi hermano Aquiles Molina

suelta frases lindas cantándole a su región;

por eso llevó el recuerdo

donde vaya a cantar él

este folclor de mi pueblo

que llevo en la sangre que hermoso es.

Aparte de los destacados, hubo y hay seres de luz cuyo aporte constituye un tributo multiplicador que, en gracia del efecto compuesto, ha producido cosecha, abundante y remozada, año tras año. El alcance del pedestal en que se encuentra el género musical Vallenato, se debe en grandísima medida, al evento de abril.

Pocos mencionados como Hernando Molina Céspedes, Hernandito como siempre lo llamó mi padre, quien nunca escatimó esfuerzos, decisiones ni recursos, mucho menos ingenio, para darle vida, ayudarlo a crecer, respiración sostenida en los momentos críticos y dinero en efectivo cada vez que fue necesario, sin protagonismos de ninguna clase, sin nada distinto que la siembra espontánea en favor de, creadores e intérpretes, nuestra ciudad y región, por el Cesar y Colombia, por nuestra música, por nuestra cultura.

El relacionista tradicional, Dario Pavajeau Molina, quien tantos ‘incendios’ apagó y apaga, con su extintor sin espuma, pero cargado de decencia, de prudencia, amigable siempre, con voz susurrante que acaricia y la sonrisilla, breve pero diáfana, que solo él y El Turco han sabido regalar como preámbulo efectivo de acuerdos, un par de tragos o la disolución de un conflicto. El Doctor Edgardo Maya Villazón y su legado discreto, de honesto proceder, y guianza admirable. Son más, quienes suman trabajo, ingenio y laboriosidad a una causa que nos es común y nos enorgullece.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata 

Allá mismo, en la Casa mayor, descrita por el historiador, abogado, escritor, empresario cultural y catador por naturaleza, Álvaro Castro Castro, en su reputada obra, “Una mirada al viejo Valledupar: El Buenos Aires”, cuya primera edición fue publicada hace tres años, “la casa del juez, el patillalero Hernando Molina Maestre, su esposa Mercedes Céspedes Maestre y su hijo, quienes convivían en medio de un inmenso  jardín interior con todo un ejército de gatos convertidos en amos y señores de aquella, donde un día cualquiera fue todo un acontecimiento el matrimonio y el artículo Mortiz del unigénito, con la simpática, espigada, alegre e inteligente trigueña plena de juventud que, con el pasar del tiempo, se convertiría en la mujer más creativa, influyente y por su acendrada y controvertida personalidad, fue la generadora de los mayores amores, piques, y odios de toda la provincia, Consuelo Inés Araújo Noguera”.

Ahí, en el núcleo fundacional del Valle, en el emporio de un hombre, Hernando Molina Céspedes, que hizo bastante por nuestra música, el festival, sin hacer ruido, sin protagonismos, pero con trabajo arduo, buen vallenato y una que otra ‘rasca’, ahí, repito, nació la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y también en 1987, en ese espacio residencial y cultural, el novel Consejo directivo de la Fundación, con su presidente honorario a la cabeza, el Dr Alfonso López Michelsen, dieron una muestra de determinación, firmeza y dignidad, “el jurado no se cambia”, en los prolegómenos de la vigésima edición del evento, en la flamante jornada memorable, primera versión de rey de reyes. Con el sol en su punto, el mismo día, desde la tarima Francisco El Hombre, tanto Calixto como el maestro Alejo Durán, cesaron su vinculación al propósito malsano de boicotear el evento con su no participación, a partir de lo cual, arrancó con toda esa primera jornada que derivó en la coronación de Nicolás Elias “Colacho” Mendoza, como primer rey de reyes.

Desde entonces, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se convirtió en la coraza del festival, ese caparazón que protege nuestro máximo evento, el pilar central de la música vallenata tradicional, soporte inestimable del valor inconmensurable de ser vallenato, esa condición del alma que fluye en toda persona que ama la esencia que flamea en la vallenatía, savia inmanente que nos une, nos enorgullece y alienta nuestras almas. Gracias, al Festival, a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, al Doctor López, a la gran Cacica y al maestro Escalona, a quienes de una u otra manera contribuyeron y contribuyen, al gran negocio cultural que es la música vallenata de Colombia para el mundo, a la Polla Monsalvo y más.

Si de homenajes se trata, ¿para cuándo el merecidísimo a Antolín Arias por su perseverancia participativa? Mientras tanto, alistamiento de primer grado con motivo de la siguiente versión, rey de reyes, en 2027.

 

Alberto Muñoz Peñaloza

Valle del Cacique Upar

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

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