Opinión
Esto no es una pipa o el fútbol también es geopolítica

Un poco próximo al partido de Colombia y con el guayabo electoral aun en las venas, surge la noticia de la anulación del gol a la selección de Irán y esto me lleva de entrada al cuadro de René Magritte titulado “Ceci n´est pas une pipe”, que traduce «esto no es una pipa» y en el cual se muestra un cuadro con una pipa y un título que indica su negación. Cualquiera pensaría, pero ¿este cuadro que gracia tiene?, si nos dice que no es una pipa y el cuadro es precisamente una pipa.
El chiste consiste en el hecho que la representación es paradójica porque mientras muestra que sí es una pipa, lo que vemos es un cuadro trazado por óleos, pinceles que han construido una pipa que no ejerce la función de pipa. El régimen de la visión y la visibilidad choca con funcionalidad, lo que vemos entonces es una paradoja que ha perdido su condición de autoreferencia (algo que pierde autoreferencia es algo que nombra una cosa y la cosa en esencia es otra, así si tenemos unas letras de neón que dice rojo y la luz que alumbra es amarilla o azul, es un ejemplo básico de la pérdida de autoreferencia) porque la representación de la pipa está distante de cumplir con la misión epígona de ser instrumento con el cual se consume tabaco.
La pregunta que se hace Michael Foucautl en su ensayo «El Caligrama Deshecho» lleva al mismo interrogante «¿quién me puede decir seriamente que ese conjunto de trazos entrecruzados, encima del texto, es una pipa?» haciendo precisamente la distinción entre la representación de la pipa y del objeto de la pipa.
El paralelismo de esto tomado de la crítica del arte con el futbol guarda cercanía -el futbol que algunos lo ven como el opio de consumo masivo, por otro -muy coincidentes con Eduardo Galeano- como el locus donde se evidencia nuevas formas de esclavitud moderna u otros un poco más de los que crecimos en un lugar latinoamericano como el tiempo perdido y recobrado del pasado, un tesoro reencontrado entre el niño que hace años se fue, que soñaba con la naranja mecánica, con los goles de Ruud Gullit, la Alemania de Lothar Matthaus y el adulto con dolor de espalda, ahogado en deudas, alcohol y libros.

Quizás es el futbol el lugar de la ensoñación, una gran Pangea donde se vale soñar con 22 jugadores acometiendo uno de los rituales más antiguos del hombre -por encima del Homo Sapiens está el Homo Ludens- que sobrevive en la vida contemporánea desde aquel fósil semejante de los antiguos mesoamericanos y que hoy sea uno de los negocios que más mueve aficionados en el mundo con unas cifras cercanas a las 3500 millones de personas que siguen este deporte, se dice que lo practican alrededor de 270 millones en todo el mundo, y en este mundial se estiman que 3,6 millones asisten como espectadores en los estadios, con una recaudación aproximada de 8500 millones de dólares de los cuales 3400 millones son productos de pagos a la FIFA de los derechos de la transmisión de los partidos.
Detrás de la cantidad de dinero que se mueve, está el gran capital promoviendo, generando más ganancia sobre el curso de las mentalidades que sueñan con el balón. Lejos de los chacales de la industria, están los patrocinadores, están las industrias de emisión, están las casas de apuestas, está todo un ecosistema de plataformas que busca la conquista del espectador. Es entretenimiento, pero de igual modo como industria se configura como agenciamiento simbólico de control masivo, es un locus geopolítico donde se ejerce un diagrama de fuerzas, presiones y formas imperiales, para la muestra en esta edición del campeonato mundial de futbol de 2026 la negativa del gobierno americano de prohibir la entrada de la selección iraní al territorio norteamericano y limitar su permanencia a una instancia menor a las 24 horas.
Lo curioso del asunto es que la selección iraní disputó dos partidos en suelo americano con las peores condiciones, sometida a revisiones en entrada y salida, tanto al ingreso a suelo norteamericano como al regreso a suelo mexicano, jugando así con elementos en contra de una participación en igualdad con las demás selecciones participantes.
Como toda acción genera reacción y resistencia, la selección iraní ha dado muestra de tenacidad y ha logrado empatar los tres partidos y en el ultimo, el VAR (ese espacio anónimo donde todo puede ser transparente o totalmente turbio) deja en tela de juicio la total transparencia de la FIFA y la Donroetización del mundo a imagen y semejanza de Trump, anulándoles un gol para lograr la victoria contra la selección egipcia.
Quizás esto no sea geopolítica imperial de forma abierta y descarada, sino en la apuesta de la FIFA por el espectáculo, la muestra que en pos del capital una selección como Irán no sea tan rentable como la egipcia, quizás sea más rentable para la geopolitica de la anfitriona que en el grupo G pase sin problemas Bélgica y Egipto y quede eliminada Irán, porque qué incómodo y qué mal ejemplo es que ese pais que controla el 28% del transito del petroleo del mundo en el estrecho de Ormuz (lugar que no controla EEUU) pase a una segunda ronda, porque esto no es un pipa, esto no es geopolítica, pero se ve el humo, se siente el discreto encanto de cómo se la fuman.
Guillermo Enrique Palencia Mendoza





