Opinión

Un zoológico en el barrio Pueblo Nuevo

Enoc Adolfo Guzmán

08/07/2026 - 06:35

 

Un zoológico en el barrio Pueblo Nuevo
Apartes del mural estadero La Media Naranja, en Tenerife, Magdalena / Foto cortesía: Félix Joaquín Ospino

 

Acopiando la técnica massiriana[i] y con el propósito de abrevar en la fuente, nos trasladamos a Tenerife, Magdalena, para recuperar datos de una historia urbana de la finada Mélida María Hernández Ramos. Q.E.P.D.

Con la nostalgia acechándome los pasos, llegamos a su casa del barrio Pueblo Nuevo. Allí nos atendieron sus hijos: Pedro Pablo "Mijicho" y Gregorio Antonio Romero Hernández "Naranjo", en compañía de su esposa Carmen Herrera, la popular "Tude".

Extrañamente, "Naranjo", el sempiterno número 10 de 'Los Chuzos'/'Atlético Magdalena', e integrante de la Selección Tenerife, ídem "Mijicho", excepcional marcador izquierdo, quienes a pesar de sus excelsas cualidades deportivas no alcanzaron el fútbol profesional, no precisaban muchos detalles de esa historia, por eso evocamos:

Cuenta el anecdotario que pasado un fin de semana la señora Mélida Hernández se acercó a tempranas horas al Juzgado Promiscuo Municipal a instaurar denuncia por lesiones personales, en las cuales habían resultado afectados sus hijos "Mijicho" y "Naranjo".

—Sírvase hacernos un relato pormenorizado de los hechos —señaló el juez—. Señor secretario, tome atenta nota.

Roberto Calixto Ordóñez Bermúdez, motivador de una camada de profesionales del derecho en Tenerife y quien oficiaba como secretario del juzgado, se ajustó las gafas, le previno sobre las normas que regulaban este tipo de procesos y la exhortó:

—Hable despacio y claro, para que yo pueda tomarle su declaración.

—Mire, señor juez, el domingo en "La Caja Negra" se formó una pelea en la que resultaron golpeados mis hijos “Mijicho” y “Naranjo”, sin tener velas en ese entierro. Yo quiero que usted llame al yugo a todos esos "pelioneros" para que me respondan quién fue el que me golpeó a los pelaos…

 —Sírvase señalar a los implicados— enfatizó el juez.

—Bueno, señor juez. Según El Caimán, tropezó a Babilla y se formó tremenda pelotera, y ahí se metieron pa’ evitar: El Morrocoyo, Morrocoyita, Gallinita, Iguanita, Cotorrita, Perrita Ajena, Lobita, El Moncholo, Tierrelita, Pajarito, Guácharo, Burra Peá, El Mono Ruaco, El Burrón, La Danta...

—¡Alto! ¡Alto! —le interrumpió el juez, visiblemente molesto—. Señora, me suspende ese zoológico y sírvase decirnos los nombres y apellidos de los implicados...

—Bueno, señor juez, ahí sí que la puerca torció el rabo, porque yo no les conozco ni los nombres, mucho menos los apellidos de ninguno de ellos. Toditos los conocemos es por los apodos.

En la charla coincidimos en que los apelativos familiares —"el Ojón", "el Colmillón", "el Quijau"— al no rebasar ese entorno, nos blindaban del bullying y del hostigamiento social asociado a los sobrenombres.

En la actualidad, la ausencia de tales mecanismos, aunada a la intensificación de la disgregación familiar, ha contribuido a que las denominadas "generaciones de cristal" resulten más vulnerables a la carga peyorativa de los apodos, derivando incluso en afectaciones mayores.

Años después, en el remozado estadero "La Media Naranja", otrora propiedad de Elvira Mójica y hoy del joven emprendedor Félix Joaquín Ospino, quien tuvo la ingeniosa idea de colocar en un extenso mural una multiplicidad de dichos y apodos de la población, al ser advertido de una posible denuncia por parte de una de las mencionadas, se anticipó:

—Bueno, señor inspector, le aclaro: eso se hizo como un acto de reivindicación de nuestra memoria cultural. Y la verdad, como usted lo puede comprobar, es que ese no es un apodo de propiedad de la señora implicada, sino un dicho de nuestra comunidad.

Hasta ahí llegó el caso.

Y como atinadamente le reprochó una paisana, cuyo nombre omitimos por discreción:

—Ome Félix, mejor hubieras colocado la lista de todos los hombres flojos de este barrio... ¡no te hubiera alcanzado toda la paredilla, ja, ja!... y ninguno te hubiera denunciado.

 

Enoc Adolfo Guzmán

 

[i] Ángel Massiris Cabeza, Doctor en Geografía y consultor internacional en ordenamiento territorial, investigador consumado de la cultura, la música y el folclor del Caribe colombiano.

Sobre el autor

Enoc Adolfo Guzmán

Enoc Adolfo Guzmán

Hablando de Vallenatos

Enoc Adolfo Guzmán, abogado especializado en derecho administrativo, quien, años atrás mantuvo la columna “Hablando de Vallenatos” en el Diario La Libertad de Barranquilla, alusiva a la temática de canciones y compositores vallenatos, retoma su pluma con registro de publicaciones anecdóticas recientes en medios culturales de la Costa Caribe.

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