Opinión

Regalos cambiados o las charadas de la Tía Ochi

Enoc Adolfo Guzmán

03/08/2026 - 07:00

 

Regalos cambiados o las charadas de la Tía Ochi

 

“Dios mío divide en dos mi corazón, sé que las dos son dignas de quererlas”

(Indecisión, Rafa Manjarrez, Betos 1980)

 

Un amigo, aventajado estudiante de último año de Medicina, a quien, para efecto de esta crónica, llamaremos simplemente Leo, hizo su arribo al pueblo para la época vacacional. Coincidencia escrita por la mano traviesa del destino, tenía dos novias del mismo nombre: Yubitza. Y para las dos llevaba sendos regalos con sus respectivas tarjetas.

Las Yubitzas lo único que tenían en común era el nombre.

La primera era una morenita clara, agraciada, de pelo ensortijado, locuaz, amante del voleibol y de los animales. Tanto así que se había matriculado en la Universidad de Montería para estudiar veterinaria. Era hija del popular “Peyo” Mejía y nieta de Casimiro, cantador de pajaritos.

La otra era blanca, alta, de pelo lacio recién pintado, creída, amante de la literatura y las letras. Hija del “Cachaco” Vergel, quien a regañadientes la había matriculado en Filosofía y Letras en una prestigiosa universidad de Bogotá.

Una vez se desembarcó del “Jumbo biónico”, un bote de fibra de vidrio impulsado por un potente motor fuera de borda que cubría la ruta fluvial de Calamar a Tenerife, y que era conducido por las manos diestras del “Campeón” Plinio Gutiérrez, Leo mandó sus maletas a su casa con el viejo Teófilo:

—Dile a mamá que ahorita mismo llego, que voy a saludar de paso a la tía Ochi, que me queda aquí cerquita, y a los pelaos…

Leo hizo su arribo al granero de propiedad de su tía Ostilia del Perpetuo Socorro Ospino Márquez, conocida popularmente como la tía Ochi, y en cuya casa usualmente se congregaban sus amigos de aventuras.

La tía Ochi se levantó parsimoniosamente de su cómoda poltrona y lo recibió con inusitada afectividad:

—¡Ajo Leo, mijo lindo, tú sí estás bonito y tienes el color asentadito!

—Pa' que vea tía — comentó engreído el Leo.

—¿Anjá y ya te definiste? —fue la pregunta obligada de sus compañeros de andanzas.

—Ya casi, ya casi. ¿Y qué hay para hoy? —preguntó Leo.

—Bueno, hoy tenemos un cumpleaños donde las Escobar y mañana paseo a la finca “Canaima”

—¡Listo, va para esa! —confirmó presuroso Leo—. Me voy para la casa porque si no mi mamá me despescueza. Pero antes de partir cometió un error de juicio:

—Tía Ochi, hágame el dos y le manda estos regalos a las Yubitzas. Pero ¡ojo! La caja cuadrada con el balón de voleibol es para la morenita, la que tiene la cinta verde. Y la otra, la rectangular, que tiene la cinta amarilla, es para la blanquita. Cuidadito se va a confundir —

—¡Caramba Leonardo Rafael! Ni bruta que yo fuera. ¡Ya me has repetido eso como 50 veces! —

—Yo veré... yo veré — se despidió Leo.

Pero la misión encomendada no tuvo feliz destino. Y no se sabe cómo, los regalos terminaron en las manos equivocadas: el de Yuvitza la morenita terminó en manos de la blanquita y viceversa.

Y ahí fue Troya. Las consecuencias no se hicieron esperar. Los regalos fueron devueltos a la casa de Leo. El primero, el que le llegó a la morenita, vino con una nota impublicable. Y el segundo, el que equivocadamente le tocó a la blanquita, traía el balón de voleibol finamente picado en hilachas.

La mamá de Leo, visiblemente molesta, le leyó la cartilla:

—Mira Leonardo Rafael, si tú viniste a buscar problemas mejor agarra tus motetes y mañana mismo te regresas para Bogotá…

Leo visiblemente malhumorado llegó donde la tía Ochi y le reclamó airadamente:

—Joda tía tanto que la advertí y la va a embarrar de esa manera …

—¡Ay, mijo lindo! Se me cae la cara de vergüenza, Leonardo Rafael, pero no sé qué pasó. ¡Ese fue el brutazo de Carlos Daniel, que confundió esos regalos!

—Por la Virgen del Carmen, que me muero de la pena contigo; si no fuera por esta pierna “chueca”, que me ha obligado a usar bastón, ya mismo iba y ponía la cara ante esas muchachas.

—¡No, no, no, tía, ni se le ocurra! Esas pelas están que matan y comen del muerto; están hechas unas “tatacoas”. ¡Deje así! Además, mi mamá me amenazó con regresarme pa’ Bogotá si me meto en otro lío……

Una vez Leo cruzó el umbral de la puerta, la tía Ochi se levantó ágilmente de su poltrona, arrojó a un lado el bastón, sacó de un viejo archivador dos cintas —una verde y otra amarilla— las tiró a la basura y exclamó orondamente:

—¡Está muy bueno que le pase por perro!... Por eso yo misma le quité las cintas para ver si deja de andar engañando a las hijas ajenas... ¡Sinvergüenza!

 

Enoc Adolfo Guzmán

Sobre el autor

Enoc Adolfo Guzmán

Enoc Adolfo Guzmán

Hablando de Vallenatos

Enoc Adolfo Guzmán, abogado especializado en derecho administrativo, quien, años atrás mantuvo la columna “Hablando de Vallenatos” en el Diario La Libertad de Barranquilla, alusiva a la temática de canciones y compositores vallenatos, retoma su pluma con registro de publicaciones anecdóticas recientes en medios culturales de la Costa Caribe.

12 Comentarios


Miguel anillo Arrieta 03-08-2026 09:48 AM

Jajajaja buena historia compa cada día sé supera más vaya pensando en un libro lo felicito

Alvaro Rojano 03-08-2026 12:17 PM

Nada más importante que escribir sobre hechos del lugar donde uno nació, y eso hace mi amigo Enoc.

Joege Luis Curcio 03-08-2026 02:47 PM

Jajajaja No quiero tener en mi vida una tia Ochi jajjaja. ¡ Eso es un peligro ! ajaja

Edgar J Guzmán 03-08-2026 04:10 PM

Jajaja pobre hombre, se la hizo la tía Ochi. \nQue gusto leer estas historias contadas con detalle y buena narrativa. Felicitaciones por la excelente redacción tío

Alberto Mojica Arias 03-08-2026 05:00 PM

Ñerda que charada de la tía \nEs que la vaina fue premeditado suele pasar pasar muchas veces jajajajajaja ????

Manuel Esteban Rodriguez Garcia 03-08-2026 08:54 PM

Afortunadamente la tía universal, pudo resolver el dile de vida de su sobrino, sin favorecer ninguna de las partes interesadas.

Argemiro Herrera Arias 03-08-2026 09:27 PM

Esto enseña que tener dos mujeres al tiempo es riesgoso, sobre todo si es en el mismo pueblo y mas si es pequeño

Ramiro Ricaurte 04-08-2026 06:15 AM

Creo que al amigo leo,no necesitó que Dios le dividiera en dos el corazón, según la canción de Manjarrez, pues con la acción de la tía ochi,sí que se lo hizo añicos,aunque la culpa recayera en Carlos Daniel que nada tuvo que ver en la charada de la tía...éxitos compadre. Fort Lauderdale, Florida, USA, 08-04-2026

Hernán del Portillo Vega 04-08-2026 06:44 PM

Hombe, Leo! esa Ochi, no es una tia universal, sino, una tiá perjudicial Casi que en todas las familias, se dan estas dos clases de tia, ojo! que en la suya, puede haber una Ochi.

Elsy Badillo 05-08-2026 01:10 PM

Jajajajajajaj muy Bueno que le paso, como dice la Tia Ochy para que deje de andar de sinverguenza jajajajajja.

Yeider Osorio 05-08-2026 05:45 PM

Este es el tipo de relato costumbrista que nos recuerda por qué nuestra región es una cantera inagotable de buenas historias. Enoc Adolfo Guzmán logra tejer una crónica que se lee con el mismo sabor y ritmo de un vallenato clásico: empieza con el inmejorable dilema de Rafa Manjarrez en el epígrafe y termina con una lección magistral de matriarcado caribeño. Lo más brillante de la historia no es el enredo macondiano de las dos Yubitzas, sino el giro final donde la Tía Ochi, en un acto de justicia poética y lanzando el bastón a un lado, desmantela por completo el mito del \'Don Juan\' de pueblo. Una verdadera joya de nuestro periodismo cultural que rinde un tributo fantástico a la picardía, la moralidad y la sabiduría popular de nuestra gente. ¡Excelente lectura!

Luis Domingo Garcia Marimón 05-08-2026 08:46 PM

Buena historia Compadre, una de esas que nadie se espera de las tías. Por lo general casi todas les alcahuetean las cosa a sus sobrinos. Jejeje. Saludos Compa bendiciones ????

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