Opinión

Descubriendo Valledupar (III)

Idenys Navarro Guillén

17/08/2026 - 06:20

 

Descubriendo Valledupar (III)
La sirena de Hurtado, río Guatapurí / Foto: PanoramaCultural.com.co

 

Los encuentros fortuitos…

Se dice en Valledupar que quien está de visita en la ciudad y se baña en su río por primera vez termina quedándose. No tengo pruebas, pero sí serias dudas al respecto, ya que una tarde de enero, casi por compromiso, me bañé en sus gélidas aguas (para mí lo eran). Con el fin de no defraudar a mi anfitriona recuerdo que un martes de enero, siete  días después de mi llegada me sumergí en sus aguas, de manera muy ceremoniosa para espantar fantasmas y renovar mi espíritu, y ahora, cuatro años después, sigo disfrutando del ruido del agua al correr y el cantar de los pajarillos, mientras me tomo un café al compás de la brisa plácida a sus orillas, lo cual se ha convertido en parte de mis rutinas y un plan típico en esta ciudad; salir tempranito a caminar en el parque paralelo al río y zambullirse en éste o meter solo los pies en sus frías aguas, y, ver rostros familiares que hacen lo mismo, siempre te hace sentir a gusto.

“Lo que pasa en el Valle se queda en el valle” es una expresión común en las calles de la ciudad y así lo repetí una vez con convicción para consolar a unos jóvenes que se quedaron dormidos. Después de pasar todo el día en la Plaza Alfonso López escuchando los acordeones, se bañaron en el río y decidieron hacer una pequeña siesta para luego ir a un gran concierto del Festival Vallenato del cuál habían comprado entradas con mucha anticipación, pero con tal mala suerte, que el cansancio los venció por completo y no llegaron a asistir... porque el calor de la plaza se respeta también he escuchado por ahí.

Valledupar es una ciudad pequeña, sí, pero con todas las comodidades de una ciudad que está en crecimiento y con esa cultura de pueblo del Caribe que a muchos nos gusta y que la hace única en su estilo por sus peculiaridades. Cualquier parque es bueno para caminar, todos tienen espléndidos árboles con sobrecogedoras sombras, e incluso, si no hablas con alguien; y vuelves a caminar parte de tus mañanas, descubrirás a otros caminantes; rostros amables; como aquel que camina como si no hubiera un mañana, la que lo hace por deber moral, el que solo va a ver y poco camina, aquel que lo llevan casi a rastras al parque y da sus pasos con resignación,  aquellas que charlan más de lo que caminan, las de los pasos pausados mirada al suelo que avanzan como si llevaran una carga sobre sus hombros, los que no sueltan el celular -que cada vez son más-, aquellos que sonríen al pasar -que cada vez son menos-, las parejas que caminan al mismo ritmo, pero sin prisas: mis preferidos, entonces cualquier mañana te topas con algún conocido o un extraño gentil y tienes una buena charla pasando el rato; un encuentro inesperado presagio de un excelente día.

Las coincidencias, las premoniciones del clima, los presentimientos del cuerpo, los dejavu, los “te traje con el pensamiento”, todo ese entramado de situaciones inesperadas muy macondianas de Valledupar que nos sorprenden y nos despiertan del letargo de nuestras rutinas diarias, nos renuevan nuestra curiosidad y suman más valor si ese encuentro fortuito nos toca el corazón y nos hace sonreír el resto del día. Enhorabuena por esos encuentros.

 

Idenys Navarro Guillén

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