Opinión

La sed no espera: La Junta, La Peña y Curazao claman por agua

Alcibiades Nuñez

20/08/2026 - 06:40

 

La sed no espera: La Junta, La Peña y Curazao claman por agua
En La Junta, sus habitantes denuncian que llevan más de un año sin recibir agua de manera regular

 

En La Guajira, una tierra llena de riquezas naturales y culturales, todavía existen aldeas donde conseguir un vaso de agua potable representa una lucha cotidiana. La Junta, La Peña y Curazao, poblaciones rurales del municipio de San Juan del Cesar, enfrentan una situación que debería avergonzar a cualquier sociedad: la falta de agua para satisfacer sus necesidades más elementales.

Los habitantes de estas comunidades no están pidiendo lujos ni privilegios. Reclaman un derecho fundamental: disponer de agua para beber, cocinar, asearse y atender a sus niños, adultos mayores y demás miembros de sus familias. Sin embargo, las soluciones prometidas no llegan y la paciencia de la población comienza a agotarse.

En La Junta, sus habitantes denuncian que llevan más de un año sin recibir agua de manera regular en sus hogares. La sequía ha golpeado con fuerza, el río se encuentra seco y el abastecimiento mediante carrotanques resulta cada vez más costoso e insuficiente. La comunidad se siente abandonada y obligada a depender de ayudas solidarias para enfrentar una problemática que debería ser atendida por las autoridades competentes.

La falta de agua no es solamente una incomodidad. Es una amenaza para la salud, la alimentación, la educación y la dignidad humana. Cuando el agua escasea, aumentan los riesgos de enfermedades, se altera la vida escolar, se perjudican las actividades productivas y se profundizan las desigualdades sociales.

Mientras las respuestas institucionales tardan, la solidaridad ciudadana ha comenzado a abrirse camino. Manuel Hinojosa ha promovido una “aguatón” para recoger pacas de agua y llevar alivio a los habitantes de La Junta. A esta causa también se ha unido la Institución Educativa Rural Hugues Manuel Lacouture, que convocó una jornada de donación para apoyar a La Junta, La Peña y Curazao.

Este gesto de la comunidad educativa merece reconocimiento. La escuela demuestra que su misión no se limita a impartir conocimientos en las aulas; también consiste en formar ciudadanos solidarios, sensibles ante el sufrimiento ajeno y comprometidos con las necesidades de su territorio. Cada botella de agua donada representa una muestra de fraternidad, pero también un llamado urgente a quienes tienen la obligación de ofrecer soluciones definitivas.

Resulta conmovedor observar cómo estudiantes, docentes, familias y ciudadanos se organizan para llevar agua a quienes la necesitan. No obstante, las campañas solidarias, por valiosas que sean, no pueden sustituir permanentemente la responsabilidad del Estado. Las comunidades necesitan inversiones, sistemas de abastecimiento eficientes, mantenimiento de la infraestructura y planes que garanticen el acceso continuo al agua potable.

La Junta, La Peña y Curazao no pueden continuar dependiendo únicamente de la generosidad de sus vecinos. Tampoco pueden vivir esperando la llegada ocasional de un carrotanque. Se requieren decisiones administrativas inmediatas, recursos transparentes y obras que respondan a las verdaderas necesidades de la población.

Las autoridades municipales, departamentales y nacionales deben escuchar este clamor y actuar con urgencia. Es necesario establecer una mesa de trabajo con participación de las comunidades, realizar un diagnóstico técnico de las fuentes de abastecimiento y definir un plan verificable, con presupuesto, responsables y fechas de cumplimiento. Las promesas sin cronograma ni resultados solo aumentan la frustración ciudadana.

En medio de esta emergencia, la solidaridad se convierte en un puente de esperanza. Quienes puedan donar agua estarán contribuyendo a aliviar una necesidad inmediata y a proteger la vida de numerosas familias. Pero, al mismo tiempo, todos debemos levantar la voz para exigir una solución estructural.

En La Guajira no debería existir una sola comunidad muriéndose de sed. El agua no puede ser un favor, una dádiva ni una promesa electoral. Es un derecho esencial que las instituciones están obligadas a garantizar.

Hoy, La Junta, La Peña y Curazao necesitan nuestra ayuda. Mañana podría ser cualquier otra población. Por eso, cada gota cuenta, cada aporte representa esperanza y cada voz que se suma fortalece este justo reclamo. La solidaridad puede aliviar la emergencia, pero solamente la voluntad política y una gestión pública responsable podrán resolverla definitivamente.

 

Alcibiades Núñez

Sobre el autor

Alcibiades Nuñez

Alcibiades Nuñez

Crónicas del profe

Contador público, magister en Gerencia Financiera, docente de la Universidad de Pamplona y docente en varias instituciones educativas de la Guajira.

@anuma601

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