Opinión

Acompáñame a estar sola para calibrar mis miedos

Angelic Schrieder

02/09/2026 - 06:45

 

Acompáñame a estar sola para calibrar mis miedos

 

Hay una frase de una canción de Ricardo Arjona que últimamente se me quedó dando vueltas en la cabeza: “Acompáñame a estar sola para calibrar mis miedos”.

Y pensé: ¡qué cosa tan contradictoria! ¿Cómo alguien puede acompañarnos a estar solos?

Después entendí que quizá esa es una de las formas más bonitas de compañía que existen.

Porque estar sola no necesariamente significa estar abandonada. A veces significa, por fin, estar contigo.

Y no siempre sabemos hacerlo.

Nos hemos acostumbrado tanto al ruido, a las conversaciones, a las notificaciones, a las opiniones ajenas, a tener algo o a alguien que nos distraiga, que cuando llega el silencio puede aparecer aquello que llevábamos meses —o años— intentando no mirar.

Nuestros miedos.

Miedo a perder.
Miedo a equivocarnos.
Miedo a quedarnos solos.
Miedo a empezar de nuevo.
Miedo a que no nos elijan.
Miedo a elegirnos nosotros mismos.

Y aquí viene una palabra que me encanta: calibrar.

Porque quizás no se trata de eliminar nuestros miedos. Tampoco de convertirnos en esas personas que aparentemente nada les asusta.

Se trata de calibrarlos.

Preguntarnos si ese miedo que hoy dirige nuestras decisiones todavía corresponde a nuestra realidad o si pertenece a una versión antigua de nosotros.

Porque hay miedos que alguna vez fueron necesarios para protegernos, pero que después se quedaron viviendo en nuestra cabeza como si todavía estuviéramos en peligro.

Y no.

Quizás ya no estamos ahí.

Quizás crecimos.

Quizás cambiamos.

Quizás aquello que antes no podíamos enfrentar hoy sí podemos.

Pero necesitamos silencio para darnos cuenta.

Por eso creo que hay momentos en los que necesitamos que alguien nos acompañe a estar solos.

No para que nos rescate.

No para que nos diga qué decisión tomar.

No para que nos quite el miedo.

Sino para que pueda sentarse a nuestro lado mientras nosotros mismos encontramos las respuestas.

Qué bonito es encontrar personas que no intentan apagar lo que sentimos, sino que nos dicen:

“Estoy aquí. Miremos esto juntos.”

Porque acompañar no siempre es hablar.

A veces acompañar es escuchar.

A veces es quedarse.

A veces es hacer una pregunta que nos incomoda.

Y a veces es tener el amor suficiente para no interferir mientras el otro aprende a encontrarse.

Pero también hay que aprender a acompañarnos nosotros.

A sentarnos con nuestras contradicciones.

A dejar de pelear con lo que sentimos.

A reconocer que podemos tener miedo y aun así avanzar.

Que podemos estar confundidos y aun así respirar.

Que podemos no tener todas las respuestas y aun así confiar en la vida.

Y quizás eso es lo que significa para mí volver a maravillarnos con la vida.

No que desaparezcan los problemas.

No que todo salga como queremos.

No que finalmente tengamos control sobre todo.

Tal vez maravillarnos con la vida es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo:

Es volver a mirar.

Mirar un atardecer y realmente verlo.

Escuchar una canción y dejar que nos atraviese.

Reírnos sin pensar si deberíamos estar haciendo algo más productivo.

Abrazar a alguien y quedarnos ahí unos segundos más.

Mirar a nuestros hijos y preguntarnos en qué momento crecieron tanto.

Tomarnos un café sin estar corriendo.

Sentir nuestro cuerpo.

Escuchar nuestra intuición.

Permitirnos comenzar otra vez.

Porque cuando calibramos nuestros miedos, algo empieza a cambiar.

La vida quizá sigue siendo la misma.

Pero nuestros ojos ya no.

Y entonces sucede ese pequeño milagro cotidiano:

Wow.

No porque todo sea perfecto.

Sino porque volvimos a estar presentes.

Volvimos a sentir.

Volvimos a elegir.

Volvimos a descubrir que la vida no estaba esperando a que perdiéramos todos nuestros miedos para ser maravillosa.

Estaba ahí.

Esperándonos.

Quizás solo necesitábamos estar un rato a solas para calibrar nuestros miedos y volver a encontrarnos con ella.

Y con nosotros.

Porque a veces, la mejor compañía que podemos recibir es aquella que nos ayuda a regresar a casa.

A nuestra propia casa.

A nosotros mismos.

Y cuando eso ocurre…

¡Wow! Qué bonito es volver a maravillarse con la vida.

Angie Schrieder
Creadora de Siéntete WOW

 

Sobre el autor

Angelic Schrieder

Angelic Schrieder

Soy Angelic Schrieder

Me dedico a servir a los demás a través de reflexiones y filosofadas que nos ayudan a florecer, crecer y sanar desde mi propia experiencia. Mi carrera profesional es en sociología, pero prefiero que me conozcas como un espejo que refleja la humanidad en su esencia, igual que tú. 

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