Opinión

Las ilusiones frustradas

Arnoldo Mestre Arzuaga

07/09/2026 - 07:05

 

Las ilusiones frustradas

 

Este cuento reúne un hecho real adornado con la creatividad de su autor. También puede considerarse como el fruto de la capacidad literaria de quien lo escribe. Lo que vamos a referir fue cierto, sólo trascribo textualmente lo que pasó…

La fiesta continuaba, felicitaciones y acercamientos para pedir favores aumentaban, desde que la noche era aún joven empezaron a llegar amigos y conocidos a felicitar al afortunado ganador del premio mayor de la lotería del libertador. Los tenderos y los músicos ofrecieron sus servicios para que el feliz ganador realizara aquella fiesta ostentosa y pagara después de cobrar el jugoso premio en la ciudad de Santa Marta. También llegaron vendedores de electrométricos, de modo que al día siguiente la casa de Orlando Medina se atiborró con una máquina de coser, equipo de sonido, lavadora mecánica, muebles de sala y comedor, y hasta su cuarto de dormir y el de sus hijos, fue renovado con cama nueva.

Todo estaba confirmado. Ya Ondas Del Caribe había trasmitido el sorteo ese sábado 20 de abril, y con mucha atención lo había escuchado con el billete en la mano. El locutor, con un tono de voz emotivo, lo gritó a todo pulmón: el premio mayor es el número 5062, vendido en la ciudad de Valledupar. Sus ojos no podían dar crédito, estaban asombrados ante el billete de lotería que tenía en sus manos. Era idéntico al que decía el locutor, entonces con gran exacerbación gritó: "¡Nojoda! Lo coroné”.

Daba saltos de contento como conejo en celo. En su habitación corría de un lado a otro lleno de gozo, su mujer y sus hijos corrieron a su lado para saber qué estaba ocurriendo. Al verlos todavía con el billete de lotería en la mano les gritó: “Somos ricos, al fin nos vamos a mudar de este hijueputa barrio de pobres, ya no andaré más en bicicleta, me voy a comprar es una camioneta de ésas que los vidrios suben y bajan sin necesidad de maniguetas. ¡Somos ricos, nojoda!”.

El lunes todavía sentía los estragos de la babilónica fiesta que duró dos días, así que resolvió viajar el miércoles cuando ya estaba ponderado. Un amigo se ofreció para acompañarlo a la ciudad de Bastidas a cobrar el jugoso premio. Se fueron en su vehículo, un campero Daihatsu F20. Como salieron de Valledupar cuando cantó el primer gallo, a las ocho de la mañana estaban ya en las oficinas de la lotería de El Libertador. Su gerente, Manuel Vives, los atendió personalmente después de presentarle el supuesto número ganador, con una sonrisa que más bien parecía una mueca. Vives le informó: “Lamento decirle señor que usted fue víctima de una vil estafa, ese billete no pertenece a los que nosotros imprimimos y distribuimos, es una burda copia de un original, la lotería sí cayó en la ciudad de Valledupar, pero precisamente ayer pagamos el premio”.

La mente de Orlando Medina se nubló, salió de las oficinas de la lotería transformado en un hombre diferente. Su acompañante lo abandonó, se marchó en su vehículo, dejándolo inmerso en un mundo de ilusiones, al llegar a Valledupar contó lo sucedido, de modo que todos los comedidos vendedores empezaron a recoger los artículos que habían dejado.

En Santa Marta, un hombre de varios días sin afeitar, de ropas sucias y andrajosas, recorre habitualmente la avenida del Camellón con un billete de lotería en la mano, mostrándolo y diciendo que es rico, que fue el feliz ganador del premio mayor de la lotería del Libertador.

 

Arnoldo Mestre Arzuaga

Sobre el autor

Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga

La narrativa de Nondo

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

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