Opinión

Libertad de expresión vs oda a la opresión

Fabrina Acosta Contreras

10/09/2026 - 07:00

 

Libertad de expresión vs oda a la opresión

 

Mis espacios como columnista, generalmente, los uso para documentar investigaciones, exaltar historia de vidas inspiradoras y liderazgos femeninos que potencian la transformación social, sin embargo, hoy el motivo cambió y lo quiero hacer con la altura merecida y el respeto y compromiso que ejerzo por mi país diariamente desde iniciativas que aportan al tejido social desde la paz y el respeto por las diferencias; soñando con que un día no sea un milagro la inclusión, la libertad de expresión y la igualdad de derechos.

No puedo guardar silencio frente a algunas formas de ejercer poder vertical que afectan el ecosistema geopolítico, cultural, social e incluso personal; no solo es el caso de Vladdo (que cuenta bastante), sino también el manejo de las narrativas violentas y opresoras que pretenden normalizarse como formas de “limpieza-equilibrio” social para lograr seguridad y garantía de la “democracia”.

No podemos normalizar lo que atropella, porque somos de un partido político o amigo de un gobernante, hay que mantener autocritica y objetividad basados en un criterio de bien común, las formas opresoras no pueden ser validadas aunque se disfracen de política de orden y estabilidad social, dado que la ciudadanía merece y necesita entornos, relatos y dinámicas pacificadoras donde no se enaltezca bajo ninguna premisa la violencia, porque lastimosamente estamos ubicados en una apología a las violencias con el argumento de querer salvar la patria y promover milagros de transformación.

En realidad, hay que estar enfermos de espíritu para celebrar la caminata entre cuerpos abatidos como si estos fueran sardinas que saciaran el hambre de las comunidades y hubiera una razón para celebrar y considerar que ése es el camino a la erradicación de la pobreza extrema, de la desigualdad, de los problemas estructurales de la sociedad; con esto no pretendo decir que no me importe la seguridad, solo que a la seguridad no se llega metiendo miedo y actuando con más violencia que los violentos. No somos todopoderosos, con todo el poder que tengamos seguimos siendo y haciendo parte del sistema humano y entrar en roles de poderío infinito lleva a usar unas metodologías del todo se vale, y no siempre todo se vale.

A Colombia no la salvamos haciendo un culto a la opresión, jugando a ser dictadores de todo y aliados de nada, regando balas sin importar que caiga el que caiga o peor movilizando el incremento de rabias colectivas que aplauden todas las formas (sea cual sea y mate al que mate) hasta que les toca a ellos, a sus hijos, a sus seres queridos; no podemos jugar al acomodo de afectos e intereses en una apuesta que debe ser integral y respetuosa de los Derechos.

No es con la política del miedo y la zozobra que esto puede cambiar, ningún fuego desbordado a solucionado nada en el mundo, no es silenciando a librepensadores, no es normalizando las violencias, no es jugando a dictaduras o a reinos de fe saboteada que podemos salvar a Colombia y cuando digo esto, se vale afirmar salvarnos porque Colombia somos todos y todas, pobres, ricos, negros, campesinos, gays, población con discapacidad, mujeres, jóvenes, niños y niñas, etc. No son solo algunos que clasifiquen estética o financieramente a un estereotipo social, somos en colectivo, somos porque existimos.

Lo de Vladdo censurando una de sus caricaturas y cerrarle el espacio en un medio, o lo de considerar que se debe omitir la palabra niña porque si se dice niños ellas están incluidas o llamar empresarios del campo a los campesinos porque decirles campesinos es en sí mismo, algo humillante; no son datos menores, son la radiografía de una sociedad que no logra sanar la violencia, el racismo, el clasismo y sobre todo el pendejismo que padecemos como sociedad.

Es momento de reaccionar porque no tenemos todo el tiempo para salvar la patria y salvarnos con ella, es momento de sanar y ser determinados en las buenas formas de tejer nuevas realidades en una sociedad que no necesita más oda a la violencia porque ya bastante violenta es, lo que necesitamos son lideres, gobiernos, organizaciones, comunidades, personas dispuestas  a  bajarle el tono al show mediático de egos, de formas verticales, de premisas de caiga el que caiga y miles de realismos inmágicos que marchitan cualquier macondo.

Esta columna no pretende decir que estoy en un bando político, esto supera la efervescencia electoral y trasciende al profundo respeto que tengo por los Derechos Humanos, por la humanidad que merece vivirse libre y segura, por creer que no todos los medios justifican el fin, que celebrar la violencia y la opresión/censura de lo que no se nos parece, no va a llevarnos a ningún buen resultado y que basta de ser una patria fallida y (boba).

Se nos está haciendo tarde como país trascender a la historia de violencias y acudir a nuevas y diferentes formas de coexistir y avanzar, esto no se limita a estar o no de acuerdo con un gobernante, sino en ejercer el derecho ciudadano a cuestionar lo que afecta con argumento y pensamiento crítico, y a sumar a lo que se requiera para vivir en un estado de derechos y genuina democracia, especialmente el derecho a vivir sin miedos y en libertad.

Que la violencia no nos ahogue y que la capacidad sentipensante siempre nos salve.

 

Fabrina Acosta Contreras

Sobre el autor

Fabrina Acosta Contreras

Fabrina Acosta Contreras

Evas&Adanes

Nieta de Rita Contreras, leyenda viva de 109 años. Escritora e investigadora Guajira, psicóloga, Magister en estudios de género, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia. Creadora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual lidera diversas iniciativas ciudadanas como los foros “La Mujer en el vallenato”, “Tejiendo esperanzas por la Guajira”, el programa radial Evas&Adanes, entre otras. 

Ha recibido reconocimientos por la causa que lidera tales como: Joven sobresaliente de Colombia TOYP 2018 (JCI Colombia), máxima distinción del departamento de La Guajira medalla Luis Antonio Robles, personaje diez en el departamento de Amazonas, medalla a Mujer extraordinaria con proyección social otorgada por la Asociación de Mujeres de la Guajira. 

Ha sido columnista por más de 10 años de varios medios puntualizando temas de género y derechos de las mujeres, así como las causas por la guajira. Es autora de los libros “Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres”, “Evas culpables, Adanes inocentes”, “De esas costumbres que hay en mi tierra: una mirada a los imaginarios sociales de la violencia de género”, “Mujeres sin receta: Más allá de los mitos”.

 

@Facostac

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