Opinión
El Vallenato se nos está muriendo en las carreteras

Triste que sigan ocurriendo tragedias que enlutan nuestra música vallenata, como la que hoy tiene a todos pendientes de la vida de Carlos Alberto «Kbeto» Zuleta, talentoso cantante, hijo de «Poncho» Zuleta y heredero de una de las dinastías más prolíficas del Valle del Cacique Upar.
El accidente que sufrió su agrupación en el río Ariguaní no solo dejó gravemente herido a Kbeto, sino que también nos arrebató al corista Geovany Lobo y al musico completo Harold Santana. Dos músicos que merecen ser recordados con sus propios nombres y no simplemente como acompañantes de un cantante famoso.
Ocurrió algo parecido con Martín Elías, hijo de Diomedes Díaz, quien se proyectaba como uno de los grandes intérpretes del género y perdió la vida en una carretera del Caribe, después de cumplir compromisos en esa hermosa profesión de alegrarle el alma a la gente.
Años atrás también habíamos llorado a Kaleth Morales, hijo de Miguel Morales, a quien conocimos como el padre de la Nueva Ola del vallenato. Y ni hablar de Patricia Teherán, Hernando Marín, Romualdo Brito y tantos otros artistas que encontraron la muerte en las carreteras colombianas.
Hasta aquí apenas hemos mencionado unos cuantos nombres. No alcanzaría el espacio de esta columna para recordar a todos los cantantes, acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, coristas, técnicos y demás que han resultado muertos o heridos mientras recorren el país llevando nuestra música.
Muchos hablan del sino trágico que persigue al vallenato. Otros buscan explicaciones en la fatalidad, el destino y hasta en el karma. Yo prefiero preguntarme cuántas de estas tragedias pudieron evitarse.
Porque, ojo, cuando se apagan las luces de una tarima y el público regresa feliz a su casa, para muchos músicos apenas comienza otra jornada: recoger los instrumentos, abordar un vehículo y recorrer cientos de kilómetros, frecuentemente de madrugada, para llegar a otra presentación o a sus hogares.
¿Quién programa esos itinerarios? ¿Cuántas horas descansan los conductores? ¿Quién revisa las condiciones de los vehículos? ¿Se puede exigir a una agrupación que cumpla varios conciertos en poblaciones distantes durante un mismo fin de semana sin poner en riesgo a sus integrantes?
No estoy afirmando que esas circunstancias hayan causado todos los accidentes mencionados. Estoy diciendo algo distinto: que la industria vallenata tiene la obligación de examinar sus prácticas antes de que ocurra la próxima tragedia.
Y aquí tienen responsabilidades los empresarios, representantes, contratantes y también los propios artistas. No podemos seguir confundiendo el éxito con una agenda repleta de presentaciones, aunque para cumplirlas haya que desafiar el cansancio, la distancia y el peligro.
De otra parte, ¿qué sucede con las familias de los músicos menos conocidos cuando uno de estos accidentes les arrebata a quien llevaba el sustento a su hogar? ¿Cuentan todos con seguros, contratos y protección suficiente?
Ya es hora de que el gremio vallenato se siente a discutir seriamente la seguridad de sus artistas trabajadores y las condiciones en que se realizan las giras.
Porque resulta demasiado fácil llorar a nuestros músicos, dedicarles homenajes póstumos y después continuar como si nada hubiera pasado.
El vallenato no necesita más funerales multitudinarios. Necesita que sus músicos regresen vivos a casa.
Colofón: Circula en redes sociales un video en el que una hija del rey vallenato Egidio Cuadrado anuncia la subasta de un acordeón de su padre, debido, según manifiesta, a las dificultades económicas que atraviesa la viuda del juglar villanuevero. Y uno se pregunta: ¿cómo es posible que, después de tantos años acompañando a Carlos Vives por los escenarios del mundo, su familia enfrente semejante situación? ¿Qué pasó con su pensión, sus derechos como intérprete y los ingresos derivados de tantas grabaciones exitosas? ¿Qué papel cumple Acinpro en la protección de sus afiliados? No se trata de señalar culpables sin conocer las respuestas, sino de exigir que se conozcan. ¿Será que en Colombia nuestros músicos tienen derecho a los aplausos mientras viven, pero sus familias quedan a la deriva cuando ellos faltan?
Jorge Nain Ruiz Ditta





