Opinión

Un mango y una jarra con agua por cien gramos de oro

Armando López Sierra

18/04/2013 - 11:00

 

Luis, un joven de 18 años. Sus padres, dos afortunados que heredaron tierras en el Cesar y La Guajira. Todas sus tierras eran apetecidas por las calidades que ofrecían.

En el 2012, año de nacimiento de Luis, María, su madre, comenzaba a sufrir delirio de persecución, consecuencia del susto vivido en una finca cerca a Manaure. Decidieron vender todas las tierras, vislumbrando que a Juan Manuel Santos le quedarían grandes las cosas.

Aprovechando la calidad y evitando la desvalorización por especulación, las ofreció a los terratenientes de su círculo social. Recibieron buenas ofertas, pero la subasta la ganaron empresas mineras al triplicar las propuestas. Don Mario, el esposo, pensando solo en el signo peso, no despreció  ninguna y las vendió todas.

El dinero lo invirtieron en CDT, y se dedicaron a vivir de la capitalización mensual. Decidieron no volver a trabajar y vivir como buenos pensionados.

Con el paso del tiempo dejaron de ser útiles para la sociedad y se sumergieron en una falsa tranquilidad, que después de siete años los hizo caer en el alcoholismo y enfermedades degenerativas, producto de la depresión y del no hacer nada. Todos los ingresos percibidos eran consumidos en lujos, viajes y restaurantes.

El alimento se encarecía año tras año y ya no consumían frutas como en sus tierras. Ni siquiera podían disfrutar de los mangos de los palos sembrados en bulevares, en las avenidas de Valledupar; porque habían dejado de dar frutos por la recolección indiscriminada, aún estando biches.

Quisieron volver a comprar tierras, para cultivar su propio alimento, pero la mayoría, explotadas por las minas ya no eran útiles; otras estaban sembradas con palma o produciendo para el exterior y las pocas que quedaban valían 100 veces más que cuando ellos vendieron.

Al reconocer el error, aumentaron sus penas, hasta tomar la decisión de dar punto final. Como ya no estarían, arreglaron todo para garantizarle bienestar, protección, asistencia y educación a su hijo, hasta sus 18 años.

Siendo las 4:30 pm del 2 de octubre del año 2030, después de recibir su herencia, Luis solo pide deleitarse con un fresco mango manzana y empinarse de una jarra con agua pura, extraída de un manantial, y para ello esta dispuesto a pagar hasta 100 gramos de oro o su equivalente en pesos.

Que no le pase a usted, ni a sus hijos, ni a la descendencia de sus hijos, ni a la descendencia de los hijos de sus hijos, ni…

 

Armando López Sierra

@arjalosie

Sobre el autor

Armando López Sierra

Armando López Sierra

Corazón guajiro

Nacido en Maicao (Guajira), el 30 de Octubre de 1979. Ingeniero de Sistemas, escritor, compositor, conferencista, investigador, docente, un enamorado de la vida, defensor de las buenas obras, auspiciado por Dios. Cofundador del grupo cultural Raul Gomez Jattin de la Universidad Popular del Cesar. Finalista en la primera versión del concurso de cuento corto “En el Cesar todos estamos en el cuento”. Ganador del Primer Premio de Crónica Ciudad de Valledupar 2012, categoría B. En su columna “Corazón Guajiro” busca dar un aporte desde sus experiencias, sus creaciones, sus reflexiones y su entender sobre la cotidianidad de la vida y todo lo que a su alrededor puede tejerse y acontecer.

@arjalosie

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