Opinión

Los riesgos alternos de la Cultura

Armando Arzuaga Murgas

05/08/2013 - 11:40

 

Cada nación, con sus regiones y comunidades, tiene su propia cultura con elementos distintivos a ella asociados. Podríamos observar que, en algunos países, la cultura ostenta una homogeneidad generalizada y no por eso menos rica y valorable. Pero al referirnos a Colombia, el nuestro será siempre un caso de excepción: variadas y diversas expresiones culturales en casi todos los campos que puede otear el ingenio humano, y todas ellas ligadas a una memoria ancestral que trasciende lo raizal, lo aborigen, lo prehispánico.

En diciembre del 2012 asistí a un encuentro dirigido por funcionarios del Ministerio de Cultura en donde se abordó la “Gestión del riesgo para Patrimonio e Infraestructura cultural”. El objetivo era intercambiar experiencias de todo el país en torno a la vulnerabilidad y riesgo del patrimonio y su infraestructura ante los desastres naturales y sus amenazas.

Podría parecer una cuestión abstracta en principio, pues en todos los ámbitos de la actuación de las personas, la perspectiva del riesgo aparece como una sombra, como algo que genera intranquilidad. De hecho la temática abordada nos puso de cara a la realidad a veces notoriamente triste de muchos pueblos, pero que en Colombia, por varias razones, apreciamos con mayor nitidez: la cultura está en peligro, y por tanto está en peligro el Patrimonio Cultural que sustenta nuestra identidad e idiosincrasia.

Ciertamente, las distintas manifestaciones de la cultura no escapan a tal eventualidad, sobre todo si se tiene en cuenta que, unas veces por factores económicos pero otras veces también por aspectos de orden social, muchas de nuestras comunidades no se encuentran preparadas para afrontar eventos lesivos para ellas como núcleos de población, y por ende para la cultura incoada en ellas.

La afectación que puede generar una temporada de lluvias, un deslizamiento o un vendaval en lugares vinculados con el quehacer cultural. La pérdida que supondría un incendio en espacios de reserva de la memoria colectiva. Incluso el daño deliberado que pueden causar las mismas personas en la infraestructura de los bienes culturales, son variables que se sitúan dentro de la esfera de lo eventual. Por eso es importante que el Ministerio de Cultura, como garante de la salvaguarda de la riqueza cultural de todo un país, establezca los medios que garanticen dicha protección.

No puede prevalecer una sociedad alienada, en donde los elementos de la memoria quedan reducidos a simples objetos aletargados en el marasmo de la desidia de quienes mayor deber tienen de conservarlos. Y aunque los entes gubernamentales procuren la sostenibilidad de los planes puestos en marcha con el propósito de proteger la cultura en sus distintas formas, queda todavía un aspecto que enfrentar: el de la indiferencia.

Todavía persiste la indiferencia hacia nuestra riqueza cultural en amplios sectores de la sociedad, lo cual constituye sin duda un factor de riesgo. No habría que hacer mucho esfuerzo para comprobar que el sentido de pertenencia del Patrimonio Cultural no está afianzado en ciertos márgenes de población. Y aunque hay personas activas en la defensa del Patrimonio, y entidades sin ánimo de lucro que hacen esfuerzos ostensibles para procurar su salvaguarda, esto sigue siendo insuficiente y algunas veces infructuoso.

La situación del departamento del Cesar, para focalizar el asunto, es lamentable: el deterioro de los centros históricos; las variables de la involución urbana: contaminación visual, auditiva, residencias y edificios abandonados y en estado ruinoso; el mismo éxodo de los residentes a barrios más tranquilos y menos peligrosos, o a zonas fuera de la ciudad, nos están alertando sobre el peligro que afronta la infraestructura cultural, entendida como lugar y móvil de producción de cultura.

Y estrategias que en su momento generaron gran expectativa porque hicieron pensar en objetivos concretos y realizables de conservación del Patrimonio, no han pasado del papel o producido resultados verificables. Sólo por mencionar un caso: ¿Qué fue del Proyecto de Inventario y Registro del Patrimonio Cultural del Cesar? ¿Cuáles fueron los logros de ese multimillonario convenio firmado entre la Gobernación Departamental y la Universidad del Atlántico en el año 2011? Nadie, ni los funcionarios de la Oficina Asesora de Cultura dan una respuesta concisa. Este generalizado y preocupante mutismo únicamente puede significar algo: “Malva tiene la toma”.

No obstante hay, por fortuna, espacios donde se piensa en acciones que, desde la comunidad demuestren, por un lado, la valoración de la cultura local, que en última instancia hace parte de un todo; por otro, el compromiso con la salvaguarda del Patrimonio Cultural, y finalmente, que lo que cuenta es la suma de voluntades para fortalecer el reconocimiento de los valores culturales.

Esto último es un meridiano ejemplo de cómo la participación ciudadana en actividades culturales supone no sólo una nueva oportunidad de gestión contra los riesgos que pueden afectar la cultura, sino que hace posible la conservación de mayores elementos identitarios y de la memoria colectiva; la recuperación de la memoria histórica, y genera la sinergia entre Estado y sociedad para realizar aquello de que habla la Constitución Nacional (Art. 08) cuando dice que “es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación”.

 

Armando Arzuaga Murgas


Sobre el autor

Armando Arzuaga Murgas

Armando Arzuaga Murgas

Golpe de ariete

San Diego de las Flores (Cesar). Poeta, investigador, gestor y agente cultural. Profesional en Lingüística y Literatura por la Universidad de Cartagena. Formador en escritura creativa.  Premio Departamental de Cuento 2010. Miembro del Café Literario de San Diego. Coordinador del Centro Municipal de Memoria de San Diego-CEMSA. Integrante de la Fundación Amigos del Viejo Valle de Upar-AVIVA. Colaborador habitual de varios medios impresos y virtuales.

@arzuagamurgas3

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