Opinión

De taxistas y funerales

Armando Arzuaga Murgas

19/08/2013 - 12:10

 

Asistir a un funeral y tomar un taxi no tendrían nada en común de no ser porque, con raras excepciones, siempre termina uno enterándose de cosas que no andaba averiguando. Nada más abordar el vehículo suele el amable conductor “ponerle charla”, de modo que al llegar a su destino, conoce usted el cómo, cuándo, dónde y porqué de los últimos sucesos. Bien sea trivialidades o asuntos de importancia capital, algo nuevo se sabe antes de concluir el servicio.

Lo propio sucede en los funerales. Una vez cumplido el deber social de condolecer a los deudos, se van formando grupúsculos -y a veces conciliábulos- donde dosificadamente se decide el futuro de la Nación o se comentan irrelevancias de la vida cotidiana, como la que oí recientemente en un evento luctuoso: “-Pero qué puede exigir un alcalde a un gobernador -se le escapó a un desconocido-, si lo primero que le va a espetar la mamá es que ya le financió la campaña”. Y prosiguió en buen vallenato: “Eso es de lógica: si ya le pagaron, no tiene na’ que reclamá”.

El cotilleo que parecía llevar cierto rato, aunque pintoresco, no habría llamado mi atención (no soy alcalde, no soy gobernador, y mi madre no sabe de finanzas) si no hubiera derivado hacia un tema que me hizo aguzar los oídos y de paso intentar sin éxito identificar al elegante parroquiano que se dolía profundamente de la Biblioteca Departamental Rafael Carrillo Lúquez. Efectivamente, y ahora con un lenguaje más solemne, se preguntaba frente a sus contertulios: “-¿Cómo es posible que a la anterior directora el haber merecido el premio a la mejor Red Departamental de Bibliotecas Públicas del país, en vez de afianzarla en su cargo, le sirvió de guillotina?”.

Recordé que en estos días algunos medios locales han hecho eco del futuro incierto y el estado lamentable que padece la otrora dinámica Biblioteca Departamental: cargos acéfalos, dependencias y salas vacías, pasillos solitarios, ausencia generalizada de público y de eventos que atraen público, en fin, aunque se quiera hacer creer que la Biblioteca anda bien, es evidente que todo en esa “sedes sapientiae” es tan incierto como la figura jurídica que prorrogó su existencia corporativa hasta diciembre de este año.

Pero veamos: la semana pasada me refería en esta misma columna a la indiferencia que afecta al Patrimonio Cultural, y me da grima pensar que tal indiferencia es una miopía -si se quiere- voluntaria enquistada en la colectividad que mayor interés debería mostrar hacia el estado actual de las cosas, o una consecuencia de la propia censura que en silencio fustiga a la “abrumadora mayoría” que “eligió” una propuesta gubernamental que no está salvando ni su prestigio. Es probable que sean ambas.

Y el gremio cultural no abre la boca, y de hecho ningún gremio dice esta boca es mía para rechazar las peculiaridades de una administración de la que se habla mal en todas partes. Ningún artista o grupo cultural se pronunció cuando convirtieron la sala de exposiciones de la Biblioteca Departamental -la única vitrina apropiada donde mostrar el talento regional en nuestra ciudad- en un centro de consulta virtual, a pesar de que un fallo anterior del Tribunal Administrativo del Cesar había sentado un precedente cuando las oficinas del PNUD debieron salir de las instalaciones de la Biblioteca, puesto que a este tipo de inmuebles sólo se les puede dar destinación cultural.

Y aunque ya lo había mencionado también en mi columna pasada, no está de más repetirlo: cómo es que ninguna persona, natural o jurídica, da cuenta ni razón de un convenio firmado en el año 2011 entre la Gobernación del Departamento y la Universidad del Atlántico, para inventariar y registrar el patrimonio cultural del Cesar con miras a su identificación, valoración, divulgación y salvaguarda, y del que no hay más resultado que unos cuantos cuadernos mal anillados y llenos de planillas vacías. Si hubiera resultados verificables podría pensarse que fueron bien invertidos los casi ochocientos millones de pesos que costó el proyecto, pero la Coordinación Departamental de Cultura no sabe/no responde sobre el particular.

Entretanto, algunas entidades que trabajan seriamente por la cultural local y regional tienen que hacer peripecias para poder sacar adelante sus iniciativas mientras la administración departamental esgrime falta de presupuesto para apoyar actividades verdaderamente culturales. En cambio sí patrocina eventos masivos al servicio del proselitismo político, como un concurrido espectáculo que en días pasados convocó a cientos de estudiantes a la plazoleta de la Gobernación a una jornada de rifas y premios sorpresa. Hasta ahí todo iba bien, pero cuando el evento empieza a tomar connotaciones religiosas -de la confesión que sea- y los organizadores empiezan a invocar bendiciones para el Gobernador y todos los que en él confían, estamos frente a una evidente desviación de lo que debe ser un acto de elevada cultura.

Justo antes de salir el cortejo fúnebre, el desprevenido sujeto despachó la charla con una divertida anécdota que me dejó entre risas y asombro: “Un mandatario, de uno de esos lugares que pueblan el país vallenato, entró a su despacho a primera hora del día. Al fondo, detrás de su escritorio, habían colgado una enorme pintura que no fue de su agrado. -¡Fulana! -llamó a su secretaria- ¡Pero cómo han puesto ese cuadro ahí! Llame a alguien de servicios generales para que lo descuelguen.  -Doctor -replicó la asistente-, ese cuadro lo mandó poner ahí su mamá. El mandatario frunció el ceño. -Hmmm… mi mamá… bueno, déjenlo ahí pero que conste que no me gusta”.

 

Armando Arzuaga Murgas


Sobre el autor

Armando Arzuaga Murgas

Armando Arzuaga Murgas

Golpe de ariete

San Diego de las Flores (Cesar). Poeta, investigador, gestor y agente cultural. Profesional en Lingüística y Literatura por la Universidad de Cartagena. Formador en escritura creativa.  Premio Departamental de Cuento 2010. Miembro del Café Literario de San Diego. Coordinador del Centro Municipal de Memoria de San Diego-CEMSA. Integrante de la Fundación Amigos del Viejo Valle de Upar-AVIVA. Colaborador habitual de varios medios impresos y virtuales.

@arzuagamurgas3

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Piropo sexista, acoso Callejero

Piropo sexista, acoso Callejero

“La violencia y el acoso contra las mujeres y niñas en espacio públicos remiten a un tema largamente ignorado,  con sólo una...

¿Qué es la oposición política?

¿Qué es la oposición política?

Se dice que la oposición política es un grupo de personas o partidos políticos con pensamiento diferente al grupo que ostenta el p...

Nobsa, la capital vallenata de Boyacá

Nobsa, la capital vallenata de Boyacá

  Un pueblo rodeado de cerros, con un clima promedio de unos diez grados centígrados de temperatura, donde por sus calles camina g...

El Festival Vallenato y un colofón especial

El Festival Vallenato y un colofón especial

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata ha anunciado algunos cambios en su reglamentación los cuales se pondrán en práctica e...

Una Colombia frágil

Una Colombia frágil

Una vez, un profesor de Ciencias Sociales nos decía que muchos países disponen de alternativas o soluciones, a veces muy sencillas de...

Lo más leído

La guacharaca: un ave representativa del Valle

José Luis Hernández | Medio ambiente

Las capillas doctrineras: huellas de los tiempos coloniales

Paula Andrea Grisales Naranjo | Patrimonio

Una corta charla con Raúl Gómez Jattin

Wladimir Pino Sanjur  | Literatura

Balzac, la voz de una quimérica idea

Francisco Arias Solís | Literatura

Alicias adoradas y olvidadas

Henry Vergara Sagbini | Opinión

Los trofeos del profesor Armenta

Álvaro Yaguna Nuñez | Opinión

Una raíz y dos piedras

Giancarlo Calderón Morón | Artes plásticas

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados