Opinión

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Diógenes Armando Pino Ávila

26/03/2014 - 10:00

 

Los días martes 18 y miércoles 19 del presente mes de marzo de 2014, han sido días agitados en cuanto al acontecer judicial y político del país.

El día martes el Consejo de Estado, profirió fallo en contra de los ciudadanos que pidieron tutelar el derecho a elegir y ser elegidos, ya que consideró que Petro tenía otras instancias para defender sus derechos, éste era un fallo previsto, pues en días pasados el Concejo de Estado ya había hecho un pronunciamiento en contra de una tutela impetrada por el propio alcalde de Bogotá. Ya había trascendido que el fallo iba a ser contrario pues los magistrados o la mayoría de ellos estaban alineados con el señor Procurador.

Ese mismo martes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronunció fijando medidas cautelares en favor del alcalde de Bogotá, en la que le pedían al gobierno colombiano suspender la destitución proferida por el Procurador, hasta tanto ellos hicieran un pronunciamiento de fondo. Cabe recordar que el presidente Santos en entrevista con un medio privado de la televisión colombiana había asegurado que acataría cualquier fallo de la CIDCH.

Este miércoles 19 de marzo Santos da una alocución presidencial transmitida en directo por todas las cadenas de televisión y manifiesta que no acata las medidas cautelares dictadas por la CIDH, alegando que la vida de Petro no ha estado en peligro y que ha gozado de todas las instancias judiciales, las que con transparencia, según él, le han brindado garantías.

De estos dos actos se pueden colegir algunas apreciaciones: Una el señor Procurador Ordóñez tiene un poder omnímodo, al punto de que quien caiga en sus garras, irremediablemente perderá toda posibilidad de demostrar su inocencia, haciendo imposible cualquier defensa, por técnica y profesional que ésta sea. Su poder es tan grande que los senadores, los representantes, los magistrados, los gobernadores, los alcaldes, los empleados de altos cargos y hasta el más ínfimo empleado público le tiembla el calzón ante sus férreos tentáculos.

Otra apreciación que se me ocurre, es que el señor presidente Juan Manuel Santos, hombre frío, calculador, diestro jugador de póker o más bien siniestro (es zurdo), juega sus cartas electorales y baraja el mazo como un prestidigitador de oficio, pensando a corto plazo, primero evitar la andanada de tuits que en rafagazo limpio le propinaría Uribe y la arremetida crítica de la derecha colombiana. Segundo, alineado con monseñor Ordóñez se quita al incómodo Petro de encima, pensando que es mejor tenerlo lejos de la alcaldía de Bogotá, ya que conoce el trabajo del alcalde en los barrios populares de la capital y el daño electoral que le puede causar en sus pretensiones de reelección.

Santos como buen tahúr, ¿juega con un Full o está cañando para ver si Petro y los progresistas retiran la apuesta y faltos de poder se debilitan y pierden esa inmensa capacidad de convocatoria popular? Creo que Santos se equivocó, pues Petro es jugador curtido de mil partidas y con un simple trío le ha cogido la caña. Primero, la vocación pacifista de Petro volvió a salir a flote, pidiendo en una plaza atiborrada de sus seguidores que no se utilizara la violencia pues Santos no merecía la sangre del pueblo. Segundo, manifestó que sale a la arena pública a convocar a las masas a que se vote una constituyente que reforme al país, es decir le va a meter pueblo al punto álgido colombiano reformar las leyes y la Constitución.

Por último, pierde Petro el cargo de alcalde, pierde Santos pues los sectores populares no votarán su reelección y lo más grave el proceso de paz de La Habana no se sabe en qué va a quedar, pues a los Farianos no debe sonarles que a alguien que abandonó las armas y hace 22 años participa en la política colombiana en forma legal y con el voto popular llegó a la alcaldía de Bogotá, sea destituido e inhabilitado por 15 años sin haberse robado un peso, sin haber cometido delito alguno, mientras que los verdaderos delincuentes les destituyen e inhabilitan solo por  6 meses y a otros bandidos de cuello blanco la procuraduría misma pide absolución. ¿Qué pensarán los de la Farc que les ocurrirá a ellos? ¿Confiarán en la palabra de Santos?

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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