Opinión

Diáspora y génesis afrocaribeñas (IV): El son cubano

Jairo Tapia Tietjen

25/03/2014 - 10:00

 

Algunos impacientes me piden que trate, lo más pronto, sobre la música actual que les fascina y, después de todo, pertenece a la gran familia afroantillana.

Soy consciente de ello, y aunque la historia de la música debe ser una, sus etapas y tiempos deben ser cronológicamente bien definidos para bien de la historia melódica.

Aunque la música contemporánea va a cumplir algunos veinte años, como la  salsa-balada con la balada pop, la apoteosis del “perreo” con el regguetón, la champeta, hasta llegar a ser furor en pasados carnavales con el Serrucho, tendencia urbana denominada por los propios músicos como estilo Arembí (Rn´b), no tiene que ver con la salsa de los 60’s-70’s y restantes, por su sonoridad distinta, riqueza poli-rítmica y expresión revolucionaria por sus mensajes y origen sociocultural desde el barrio.

Repito, esa onda histórica e irrepetible nada tiene que ver con lo que se denomina Post-salsa, la cual será tratada oportunamente, pues es cuestión  de percepción, fuente de saberes  y errores.

El Son cubano, desde sus orígenes, se remonta, como dice Fernando Ortiz, aparte del sincretismo musical y de razas con instrumentos e ideologías religiosas, a la esclavitud, en el siglo XVI, y se amalgama en actividad creadora interracial con el tabaco, el azúcar; “negro, blanco, mestizo, café con leche, bongó y tambor”.

En el siglo XIX, EEUU, con la enmienda Platt, se autoproclamó como defensor de los territorios del Caribe, siempre que considerara en peligro sus intereses neocoloniales. Muchos de sus músicos desembarcaban en Cuba y encontraban las músicas populares: contradanza, son, danzón, guaracha, rumba, desenvolviendo un crisol melódico con el blues, el banjo y el fox-trot.

Es el pasaje o camino de intercambios musicales  que unía los puertos de La Habana y Nueva Orleans, según Chucho Valdés. Eddie Palmieri se refiere al fenómeno: “El jazz latino es la fusión de una manera de componer propia del jazz con una sección de ritmos y armonías de las músicas folklóricas  latinoamericanas”. Habría que hablarse del efecto  Machito e Irakere en Europa; en fin, volvamos al inicio.

El orbe apelaba a lo mejor a su alcance para vivificar sus energías musicales, por ello comenzó a fijarse en la cultura de armonías cubanas como el Son, el danzón, la rumba y otros géneros populares, y es así cómo una lluvia de compositores incluyen la rítmica afrocaribeña en sus creaciones: Almendra, de A. Valdés, influye a Berstein en su ballet Fancy Free; la Obertura cubana de G. Gerswin, tiene influencia de Piñeiro y su Échale  salsita; lo mismo ocurre con Stravinsky en Las bodas, con presencia del Son cubano, y abundan decenas de ejemplos para determinar la presencia cubana en la producción universal.

El Son es de estructura basada en el contrapunto de copla–estribillo, textos breves que mencionan el entorno rural e isleño vital, el instrumental sonoro de raíz afroide con elementos de la cultura española antigua.

Geográficamente se ubica en la parte montañosa de Baracoa, Guantánamo, Manzanillo y territorios suburbanos de Santiago de Cuba, en la parte Oriental, con factores provenientes de Haití. Un tresero llamado Nené Manfugás, en 1892, es el pionero que inaugura las carnestolendas con sus sones montunos alusivos al baile, la fiesta y el ambiente. Sus instrumentos  primigenios fueron un güiro, fruto vaciado de un árbol; el tres rudimentario, en caja de madera dura y  tres cuerdas de curricán encerado; una botijuela o marímbula y un bongó, de árbol ahuecado, con un extremo con  membrana de cuero de chivo.

La estructura literaria del Son es la copla o cuarteta, llamada Regina, que culmina con el diálogo solista-coro:

Si  yo  tuviera  una novia / que se llamara  María

No  comiera  ni bebiera / hasta  que no  fuera  mía.

Coro: Son  de máquina, María / Son de máquina, por Dios

Solo: Ven, ven, ven, ven,  María.

En Guantánamo echó raíces una variante sonera llamada changüí, que designa fiesta, baile, comida, bebida, y con ello se convoca a una diversión familiar: María Guevara me botó / por la cumbancha del Yarey.

Otras variantes fueron el Danzonete creado por Aniceto Díaz con trompeta y violín:

“Danzonete, prueba y vete / yo quiero bailar contigo

al compás del danzonete…”

El género se consolida con la fundación del Sexteto Habanero, con cantantes como Abelardo Barroso, y después ingresa Félix Chapottín agregando clave, guitarra, contrabajo y maracas.

Luego surge el Septeto Nacional de Piñeiro (en 1927), permeado por elementos del guaguancó y claves habaneras, y músicos de la talla d Alfredo Valdés, Carlos Embale, Marcelino Guerra y Bienvenido Granda.

 

Jairo Tapia Tietjen


Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

WikiLetras

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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