Opinión

Colombia, hastiada de insultos e irrespetos

Alfonso Suárez Arias

02/04/2014 - 11:00

 

Vista del Capitolio (Bogotá)Apenas ocurrió pusieron a circular por internet el video que hace evidente lo que me pasó (...). Ahora insinúan que estoy mal de salud y no estoy preparado para ocupar la Presidencia por cuatro años más”. J. M. Santos.

En época electoral, la propaganda negra adquiere mayor importancia, despierta pasiones e ideologías que no habrían germinado sin su concurso, si se dejara de utilizar en campaña de seguro que se afectaría en parte el sistema político.

El criterio de usarla es promocionado por el tan de moda marketing político, aportando rumores pérfidos rápidamente difundidos en los medios por colaboradores y cómplices, que dinámicamente fundan su efectividad y gratuidad, pues nada le cuesta a la campaña insidiosa atacar al contrincante con difamaciones. Al fin y al cabo, lo irracional es difícil de contener utilizando argumentos racionales.

El manejo de ésta técnica de la comunicación política conlleva a dos resultados paralelos: primero el triunfo relativo consecuencial por el uso de las maledicencias, y otro, el creciente sentimiento de odio y repugnancia en uno u otro sentido, que empieza a ascender en el ciudadano y que termina polarizando emociones con impredecibles efectos.

Normalmente, un rumor positivo lo debate el receptor con dos o tres personas de su entorno, pero aquél con tintes malévolos, fácilmente se transmite a diez, aunándole algún otro ingrediente perverso y distorsionador que centuplica el resultado.

El ciudadano debe entender que difundir, repetir o trasmitir rumores nacientes de dudosa fuente, hablar sin conocimiento del tema, solo contribuye a entorpecer el proceso democrático.

Colombia tiene eruditos y preclaros comunicadores publicistas políticos, revaluados constantemente por expertos asesores cosmopolitas que proponen formulas con resultados a veces sorprendentes para los mismos emisores.

La promoción de enemigos públicos como único producto de un complot de varios, sobre el que debe recaer los errores y fatalidades, para que el público no diferencie entre el rumor y la verdad objetiva, sirve para dar por cierta una información falsa.

El ciudadano pensante está obligado a interpretar la conducta social, como en lo recién sucedido con la cuestión petrista, que tanto desgaste político, incertidumbre, injurias y perturbaciones  produjo en las instituciones, altas cortes, magistrados, y pueblo, trascendiendo internacionalmente, con pinceladas tendenciosas impregnadas de creciente pasión y antipatía, rabia e inconformismo, desde la óptica de una publicidad oscurantista.

Por ello, qué bueno sería si los electores lograran cerrarle las puertas al chismorreo político mal intencionado que podría afectar la vida pública de un buen candidato y hacer que el debate dentro del programa electoral se respete y se maneje a la altura que se merece el pueblo de Colombia.

Ahora, el partido CD se propone implementar en su estrategia de campaña no atacar ni el contexto ni los candidatos de  otros partidos, promoviendo el respeto que contribuya a dar término a los insultos que tan hastiados tiene a los colombianos, está por verse en esta contienda y mucho más allá, uno llega a imaginar que es como cuando un loco le dice a otro loco: ¡Q´hubo loco…!

 

Alfonso Suárez Arias

Alfonsosuarezarias@gmail.com

Sobre el autor

Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias

Aguijón social

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

@SUAREZALFONSO

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Lo que debe y no debe hacer en el Festival

Lo que debe y no debe hacer en el Festival

Se ha vuelto costumbre para muchos colombianos y extranjeros programar sus vacaciones para finales de abril y comienzos de mayo, para...

El que se fue y el que llegó

El que se fue y el que llegó

Se fue el año 2018, para algunos colombianos dejando algunos triunfos, nuevos empleos, algo de prosperidad, nuevos amores, y qué sé ...

Silencio vallenatero

Silencio vallenatero

  El vallenato ha sido instrumentalizado por las élites desde que a punta de cantos, caja, guacharaca y acordeón, aglutinaron y die...

Cero a la izquierda

Cero a la izquierda

  Pensará el lector desprevenido que estoy dando una calificación baja y peyorativa a la izquierda colombiana. No, mi querido lec...

La palabra desconocida de la alcaldesa

La palabra desconocida de la alcaldesa

  Aunque nos parezca increíble, por estos tiempos de tribulación por la pandemia del Covid 19, talvez se haya dado una inexorable s...

Lo más leído

Duane, el arhuaco rebelde

Arnoldo Mestre Arzuaga | Pueblos

El regreso del vampiro en el cine de los 80 y 90: viejos temas, nuevas perspectivas

Norma Cabrera Macías y María Carmen Iribarren Gil  | Cine

Borges, en la eternidad

Luis Carlos Ramirez Lascarro | Literatura

Rafael Orozco Maestre, una leyenda del vallenato

Alcibíades Núñez Manjarres | Música y folclor

La casa de mi abuela

Álvaro Rojano Osorio | Opinión

Rafael Orozco, de Sempegua al estrellato musical

Juan Rincón Vanegas | Música y folclor

Las tres derrotas de Álvaro Gómez Hurtado

Eddie José Dániels García | Opinión

La lectura, según Roland Barthes

Elsa M. Ramírez Leyva | Literatura

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados