Opinión

Nadie es eterno en el mundo

Alfonso Suarez Arias

30/04/2014 - 11:20

 

“Conviene vivir considerando que se ha de morir; la muerte siempre es buena; parece mala a veces porque es malo el que muere”.  Francisco de Quevedo.

Es imposible predecir el momento de llegada de la muerte y en qué forma, sólo que en cualquier instante y a cualquier vivo se lleva, mientras los supervivientes se aprovechan para teorizar la causa y generalizar que era tan bueno, porque al fin y al cabo no hay muerto malo.

Y precisamente  después del fallecimiento se considera si la crítica es al personaje o a la persona como hacedor y culpable de  diversas situaciones vivificadas y que afectaron la dinámica social, como si la muerte de una persona legara pronta solución a los problemas cotidianos, tendríamos a mano la clave para resolver infinidad de realidades sociales, pero solo se  consigue un universo de elucubraciones casi que  rayando en lo ridículo, cuando tal suceso se presenta y arrebata del entorno social a un personaje.

Murió el Cacique vallenato y dejó un legado musical al igual que otros, de Pacheco queda el recuerdo de Animalandia tv, pero no se cambió el comportamiento social por tales eventos, la fecha de expiración se cumplió en el cuerpo del personaje colombiano más excelso, receptor del nobel de literatura, orgullo de compatriotas, su personaje quedará en la historia por haber enriquecido la literatura hispana de ese Macondo, pero no pudo llevar la riqueza capitalista al realismo mágico del quimérico mundo comunista.

Hay muertes que se desean y no llegan, hay quien se pregunta ¿por qué se mueren los buenos y no los malos?, indiferente de la causa de la desaparición de un ser humano, la sociedad inventó otras muertes para seguir ostentando su potestad sobre la vida.

Se muere financieramente una persona natural o jurídica, muchas veces consecuencia de políticas bancarias o de acciones sucesoras, nace la muerte social de ancianos desvalidos con el abandono en hospicios por diversas vicisitudes y por descuido del Estado.

Pero la que más resalta en nuestro panorama social es la muerte política, efecto de decisiones judiciales o disciplinarias que sanciona un delito cometido por el ciudadano o ejerciendo funciones públicas, Petro, perdón: pero también se puede concretar por los electores para ciertos personajes que vulneran la confianza y voluntad de un pueblo mereciendo su repudio.

Nada más propincuo se encuentra el personaje que hoy figura en Colombia como presidente, de quien se observa un endémico descenso en las encuestas y sondeos de opinión como resultado de sus persistentes salidas en falso, derroche, abuso y desafortunada política favorecedora de criminales, tendencioso a emular acciones funestas de un sistema fracasado, inmaduro y agónico: nefasto para la nación, que intenta ocupar países nobles y ricos para arrasarlos en todos los aspectos económicos, sociales, políticos y culturales.

Se requiere que los colombianos alcancen un alto grado de razonamiento político para hacer de ésta una nación democrática y pródiga, pero el problema es que este aprendizaje no se conquista voluntariamente y ni siquiera con los trancazos que la vida da, sino ya aprenderíamos de casos como el de Alejandro Toledo en Perú, que cayó al ostracismo político resultado de su caída espectacular en la aceptación ciudadana o de Sebastián Piñera, el chileno causante de la ruina derechista y que ahora concierta la señora Bachelet.

Queda el ejercicio de superar el conflicto armado llegando al establecimiento de una paz social justa, tarea que un muerto político no podrá realizar.

 

Alfonso Suarez Arias

@SuarezAlfonso

Sobre el autor

Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias

Aguijón social

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

@SUAREZALFONSO

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