Opinión

El de 1810 y el de ahora

Diógenes Armando Pino Ávila

18/07/2014 - 12:00

 

Este domingo 20 de julio, los colombianos festejamos oficialmente el día en que los criollos decidieron la independencia de la Patria y mandaron al carajo a los chapetones. Cuenta la historia, que el rey Fernando VII había abdicado tras la invasión francesa a España que realizara, el engreído franchute, Napoleón Bonaparte en 1808. Esta abdicación motivó que los chapetones se pellizcaran y formaran juntas para gobernar alternamente la península y los territorios de América, hasta que su rey recuperara el trono.

Los pueblos de América se sintieron sojuzgados, en el sentido que fueran los españoles peninsulares los que les gobernaran y fue el comienzo del descontento, por eso en 1809 los territorios que hoy son Ecuador y Bolivia declararon su independencia, acá en territorio costeño, los momposinos primero y después los cartageneros hicieron lo mismo buscando la independencia absoluta de España.

En días previos al 20 de julio de 1810, en Santafé se había creado una junta conformada por autoridades civiles e intelectuales criollos, entre estos representaban la oligarquía criolla José Miguel Pey, Camilo Torres, Acevedo Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, entre otros. Estos personajes comenzaron a reunirse y conspirar en secreto buscando la forma de incendiar el sentimiento de los criollos para iniciar una revuelta que les diera la oportunidad de hacerse con el poder. (Más o menos como se intentó en Ralito)

Después de estudiar los posibles incidentes que prendiera la hoguera del descontento popular acordaron que la cosa iba por los lados de don José Gonzales Llorente, un comerciante español con un genio puntilloso, por eso acordaron que don Antonio Morales y su hermano fueran los que armaran el tierrero, y que el 20 de julio fueran donde Llorente con el pretexto de pedir prestado un florero para adornar la mesa en que le rendirían honores a don Antonio Villavicencio, otro criollo prestante, y que si Llorente, se negara o no, deberían armar la bronca para contagiar a los indios y gente del común que hacia mercado ese viernes en Santafé (no el de Ralito).

Con tremenda alharaca se armó el bochinche, parece que uno de los Morales le metió su trompón a Llorente, hubo insultos y gritos a voz en cuello y la gente se acercó a chismosear y agrandaron el pleito. De ahí en adelante es historia patria, esa historia que nos cuentan desde la primaria y que nos repiten en la escuela, en la casa y, de vez en cuando, en los seriados de televisión y que uno ya adulto repite a sus hijos en ese proceso de oralidad en que los pueblos mitifican sus gestas libertarias.

No sé por qué razón, se ha tomado esta fecha para dar posesión a los integrantes del senado de la república y cada cuatro años se realiza la gestión de apertura del nuevo congreso y con presidente a bordo realizan una ceremonia con discursos tan largos e insustanciales capaces de dormir a un poste. Este domingo 20 de julio se abre el telón para dar inicio a una de las funciones de ese circo de 102 senadores y 166 representantes que aprobarán a pupitrazo limpio las leyes que regirán a los colombianos, nombrarán procuradores y contralores y exigirán cuotas burocráticas a sus elegidos.

La apertura de sesiones de este nuevo congreso parece que dará inicio a una función especial, pues hay un senador polémico por su pasión por las redes sociales que transmitirá en directo, vía streaming por internet, toda la programación.

El pueblo está a la expectativa, esperando ver las arremetidas que el líder del Centro Democrático y su combo, harán contra lo divino y lo humano que el presidente Santos proponga. Me imagino las arengas del nuevo senador, y sus cortesanos repitiendo responsos ya conocidos y repitiendo obsecuentes lo que diga su patrón.

Me imagino la calva, de José Obdulio, sudando mientras emite panegíricos que ensalzan la vida y obra de su adorado líder, supongo que Paloma y los otros 18 senadores de rodillas contestarán el credo del Centro Democrático que sostiene que su jefe es el mesías, mientras el señor Procurador oficia en latín de espaldas a ellos.

Claro está, también hay unos pesos pesados para ponerle orden a la sala, pues Cepeda, Horacio Serpa, y otra gran cantidad de personajes preparan la artillería para ponerle contención a show mediático que tratarán de imponer los uribistas. También es seguro que algunos congresistas bisoños unos, ambiciosos otros, se dejarán tentar por los aullidos del lobo y sus lobeznos, pero fusta en mano, y mermelada incluida, serán contenidos para que la función marche sin mayores desordenes.

Nota: El jefe del Centro Democrático anda con los hígados revueltos y la bilis desbordada, ya no dirá que el presidente Santos entregó el país al «Castro chavismo» sino que endosó la patria al «puto Castro chavismo» aludiendo ahora al presidente ruso Vladimir Putin.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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