Opinión
Intolerancia que da escalofrío…
“Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”. JFK
Intolerante, el individuo que atropella a otros, violenta derechos, los problematiza, desestima o aguijonea a transgredir; fundamenta su accionar en el prejuicio, recelo o desconfianza. Ese comportamiento irreverente hacia los criterios o cualidades desiguales de las propias, lo exterioriza conductualmente con agresividad antes o después del odio que fomenta, según su síndrome: político, racial, sexual, étnico, religioso, o social dirigido discriminatoriamente al grupo o individuo.
En política, atenta contra la existencia de la democracia, su antagónica la tolerancia: es parte de ese conjunto de valores, principios o instituciones prácticas que le dan vida al diálogo, al pluralismo, la legalidad o la participación política.
Pero, la tolerancia no debe ser entendida como ese acto de resignación por sobrellevar a otro, sacrificando o aceptando, incluso con cierta resistencia para no disentir de las ideas de la contraparte. Tampoco puede entenderse como una disposición de ánimo complaciente, es mucho más que eso: es tomar parte activa en el ejercicio del respeto y la consideración de otras posturas no solo en lo Político o social sino en lo religioso e intelectual. En ningún modo renunciar a convicciones benéficas personales, grupales o Institucionales.
Los actos de intolerancia siempre conducen a resultados por lo general absurdos, obnubilando el correcto accionar de la respuesta social o de la justicia proporcional y equitativa, que es en la que finalmente se apoyan los tratados, compromisos o acuerdos nacidos bajo el amparo del principio de reciprocidad en la democracia.
No se trata de pregonar igualdad en los seres humanos sino de asentir que todos deben ser tratados como iguales, para asegurar una convivencia pacífica bajo la premisa: si el individuo es tolerante, entonces los demás lo toleran, porque si se atribuye el derecho de perseguir a otros, también está autorizando a que lo puedan hostigar.
Da escalofrío saber y ver que diariamente el colombiano de a pie, pretende resolver sus conflictos a bala, a puñal o a pico de botella, a la larga nada diferente a la manera como los políticos y el mismo gobierno, proyectan zanjar las desavenencias internas efecto de la rebatiña por el poder, utilizando artimañas judiciales o delictivas para agredir al contrincante, hasta acorralarle en busca de su aniquilamiento.
Se está creando una cultura violenta, un entorno propicio para el delito, porque no se ha logrado construir el concepto de ética pública fuerte, de mutuo respeto, en medio de un proceso de modernismo acelerado, globalización y anhelo de paz sin configurar principios, que han consentido imponer los antivalores del narcotráfico, la guerra, la traición, las falacias paralelamente con el tránsito del conflicto prolongado pintarrajeado de terrorismo y sicariato. Dinero, poder y ambición por encima de la vida humana.
La Intolerancia es un atributo que solamente la puede ejercer el Estado por su potestad de soberano y rector de la conducta de la población. El Estado en el ejercicio de su función no puede tolerar al corrupto, al delincuente, al criminal, al violento, al que rompe las reglas de convivencia comunitaria y por ello aplica las leyes que le prohíben al individuo manifestar una conducta intransigente con las actitudes, expresiones intelectuales, razas, religiones o políticas de los demás.
En Colombia solo resta esperar que la tolerancia se ejerza y se manifieste en los sonados diálogos de paz, a ver si esos violentos, perseguidores del orden social, toleran al resto de sus congéneres y aceptan involucrarse con una sociedad ávida de armonía y bienestar común.
Alfonso Suárez Arias
@SuarezAlfonso
Sobre el autor
Alfonso Suárez Arias
Aguijón social
Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.
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