Opinión

La paz es un derecho

Diógenes Armando Pino Ávila

24/10/2014 - 05:50

 

El tira y afloja entre los defensores de la paz y los amantes de la guerra ha pasado por muchos capítulos, tantos que ya se asemeja a esas telenovelas bobaliconas que pasan por los canales privados de la televisión colombiana para aletargar el espíritu de la gente y anestesiar al ciudadano y que no exteriorice su descontento.

Primero fue vencer la desconfianza de la guerrilla, después de la liberación del grupo de secuestrado del que hacía parte Alan Jara, Ingrid Betancourt  y otros personajes, y donde se utilizaron helicópteros con emblemas de la Cruz Roja, en lo que la prensa seria internacional calificó de felonía del gobierno.

Después las críticas del uribismo (ya rotas las relaciones Uribe-Santos), cada semana, sin falta se daba, como se da ahora, una ráfaga de trinos del ahora senador Uribe, atacando el proceso. La divulgación en rueda de prensa, de datos secretos sobre el estado de las negociaciones, con la sorprendente coincidencia de que siempre era Uribe el que daba las primicias, todo hacía pensar que este expresidente tenía una esfera de cristal (Andrómeda) con la que adivinaba los pasos que daba el gobierno para avanzar en el proceso de negociación.

Luego, vino la campaña electoral. Santos opta por lanzarse a la reelección y se da un rife y rafe con su propio primo Pacho Santos, que, seguidor acérrimo de Uribe, contaba con que este último lo arroparía con su manto, para catapultarlo a la presidencia. Envalentonado con esta creencia, Pachito arrecia las críticas contra su primo pasando del plano político a aseveraciones que cruzaban el umbral de lo personal, mostrando su lado oscuro, donde no había reato moral ni familiar que le frenara en esas desmedidas ansias de poder.

El expresidente Uribe, que por estos días habla con rabia de engaños y traiciones,  en un acto de picaresca política, inclina la balanza política en su grupo y deja sin respaldo a Pachito poniendo toda la carne en el asador en favor de Zuluaga, con esto le da  a Pachito (en sentido figurado) una patada en esa vergonzosa parte donde la espalda pierde la sonoridad de su nombre y Zuluaga empieza de abajo para arriba a tomar fuerza como candidato, siempre profiriendo un discurso guerrerista copiado de su jefe el doctor Uribe. El liberalismo y los demás grupos de la coalición de gobierno, dormidos sobre los laureles, no emplean a fondo su fuerza electoral, por eso el Centro Democrático gana la primera vuelta.

Ese triunfo de primera vuelta envalentona a los seguidores de Uribe (que no de Zuluaga) y en una alianza que creían invencible con los conservadores, dan por sentado su victoria en las presidenciales. El oficialismo y la clase dirigente del país, los que se abrieron de Uribe para apoyar a Santos, sienten en el discurso de Zuluaga un deseo de venganza y retaliación política y ante el temor de ser víctimas de este resquemor creciente, cierran filas en torno al presidente Santos y engrasan los engranajes de la maquinaria política y avanzan con bríos en una campaña de convencimientos donde solo habían tres posiciones: En favor de la paz (Santos), En contra de la paz (Uribe-Zuluaga) y una tibia posición de ni fu ni fa (Robledo).

En este paso, el debate por la paz se hace público y, Zuluaga devela secretos de las negociaciones, informaciones que solo el gobierno y la guerrilla manejaban. Estalla el escándalo del hacker y de las interceptaciones, primero como un rumor de prensa y luego con videos y pruebas en donde el candidato Zuluaga aparece hablando del tema con uno de los hackers, la balanza se comienza a inclinar hacia el lado de Santos y en un acto de temeridad, producto del desespero político Uribe sale con el cuento de que la mafia había financiado la campaña anterior de Santos, pero sale sin pruebas (como siempre) y este bumerang se le devuelve y golpea de muerte la campaña de Zuluaga que finalmente pierde la elecciones.

 El proceso de negociaciones en la Habana ha sido el epicentro de nutridas controversias y de ánimos caldeados, las redes sociales se agitan de tal manera cuando uno toca estos temas, y la andanada de insultos y calificativos de guerrilleros o paracos son los más suaves que uno encuentra. Hasta ahora la cosa ha sido así, de palabras y de radicalismo verbal, pero en el congreso de la república se comienza a caldear el ambiente y la temperatura sube a rangos antes nunca vistos. El senador Cepeda realiza un debate donde muestra, según él, un acervo probatorio que trata de demostrar la participación del senador Uribe en crímenes de lesa humanidad, Finalmente el doctor Uribe toma la palabra y con su arte de culebreo paisa la emprende contra tirios y troyanos lanzando acusaciones a diestra y siniestra tratando de cubrir sus problemas como la mantarraya, con una cortina de tinta espesa.

El miércoles las cosas pasaron a mayores, el senador Uribe increpa amenazadoramente a un senador del partido liberal e intenta agredirlo físicamente, este no se deja y de no ser por la intervención de varios senadores se hubieran ido a los puños como gamines en cualquier esquina. Pobre espectáculo dan estos congresistas, tan bajo ha caído el debate por la paz. ¿Será que este espectáculo miserable de un expresidente y un senador dándose trompadas resolverá los problemas de cincuenta años de guerra? ¿Será que Colombia y los colombianos no merecemos la paz?

 

Diógenes Armando Pino Ávila

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

3 Comentarios


¿Alvaro Maestre García 24-10-2014 09:38 PM

Creo que mi amigo Diógenes le hace falta un proceso interno de paz para olvidar que Uribe no es un guerrero, sinó un hombre de paz como lo asegura León Valencia, Vladdo y Antonio Caballero y varios congresistas y el mismo Santos. .Todos sabemos que Santos está sentado hablando de paz gracias a los certeros golpes de Uribe y a su posterior y particular manera de tener la mano extendida y el pulso firme, que no fue del agrado de los timochenkos que prefierieron esperar a uno con la mano extendida y bel pulso débil como el periférico...Si hay paz, Uribe habrá tenido mucho que ver...

Tagoto 25-10-2014 02:33 PM

Alvaro tienes vista aguda para ver las pulgas, pero muestras una enorme ceguera para ver el elefante

David 25-10-2014 02:43 PM

Quien presente a Uribe como un hombre de Paz se quedó estancado en el tiempo... y sigue viviendo en el año 2002...

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