Opinión

Para que todo siga igual…

Diógenes Armando Pino Ávila

14/11/2014 - 04:00

 

Vivimos en un país que se resiste al apaciguamiento de los ánimos, habitamos un país lleno de odios e inequidades, compartimos bajo un cielo, el mismo cielo, pero de acuerdo a la condición social del individuo, el suyo es mejor que el del otro. Respiramos aire colombiano, el mismo aire, según el estrato en que se vive, su aire no puede ser enrarecido por el aire que respira el que no ostenta fortuna. Somos colombianos y al mismo tiempo somos extraños, los prejuicios sociales minan el espíritu de unidad y socaban los principios de moralidad y tolerancia. Sencillamente, somos de los mismos, pero pretendemos ser diferentes.

En Colombia todos sufrimos, de una u otra manera el flagelo de la guerra, de una u otra manera somos víctimas del conflicto. Unos por haber padecido en carne propia el secuestro y la extorsión, otros por haber sufrido el constreñimiento, el desplazamiento o la muerte de algún ser querido. Algunos por haber sido víctimas de los agentes del Estado o de las guerrillas o de los paramilitares. La gran mayoría por haber padecido y seguir padeciendo el temor de ser una víctima más de los actores ilegales del conflicto armado.

No obstante ser víctimas, nos dividimos y distanciamos en las orillas irreconciliables del río mezquino de intereses, de los que han hecho y siguen haciendo negocios con la guerra.  Entre los que deseamos la paz y los que quieren perpetuar la guerra. Si nos detenemos a analizar los argumentos, notamos que son iguales o parecidos y que además cambian camaleónicamente al compás de los avances que dan las negociaciones de paz en La Habana. Sin mayor argumentación, dicen querer la guerra por que sí, luego enderezan el argumento agregando que no se quiere la guerra, pero que no se debe hacer la paz con los bandidos de las guerrillas. En una de esas discusiones frecuentes de Facebook, un amigo contra argumenta que porqué con las guerrillas no, y sin embargo se hizo con los paramilitares, contestan que a los paracos los sometió el gobierno anterior y que sus jefes están a buen recaudo en USA. Sin embargo, en la discusión sale a flote, que están en USA por narcotráfico y que en Colombia sus condenas son irrisorias, apenas 8 años de cárcel por casi tres mil muertos de Mancuso y que ya algunos de los gerifaltes gozan de libertad.

En otras discusiones se plantea la necesidad de la paz, justificando las masacres y actos atroces de las guerrillas con el argumento de que son combatientes y que las muertes que han hecho sobre civiles son producto del fragor del combate y que por tanto no deben pagar cárcel por sus desmanes, el contraargumento que uno escucha es, por qué la guerrilla no debe pagar condenas, mientras que los militares de los falsos positivos y de las masacres se están pudriendo en las cárceles. En fin, el argumento y los contrargumentos que el colombiano se inventa para justificar esta guerra fratricida son iguales en los dos bandos y, sin embargo, se convierte en un elemento más de propaganda que alienta y enciende los odios y nos conduce irremediablemente a ese torbellino de la violencia sin fin. Peleamos por todo, discutimos por todo, la intolerancia sale a flote por nimiedades, nos despedazamos como enemigos y al final, vuelvo y repito, somos idiotas útiles de los que hacen o han hecho de la guerra un negocio.

Además de necios, ciegos y sordos, pues no nos queremos dar por enterado que las épocas han cambiado, que el mundo ya no es el mismo de mediados del siglo pasado, que ya los prejuicios son una tara social que se denuncia y se combate, que la sociedad mundial clama por la tolerancia, por la inclusión y por la igualdad de oportunidades. Sin embargo, todos sabemos esto pero no queremos asimilarlo, pareciera que como siempre, esperamos que los poderosos, los que han ostentado el poder económico, político y social en el país, den el primer paso, indiquen la ruta a seguir, casi que uno adivina que al final con mucha sagacidad acordarán entre poderosos bajar la guardia, pues al igual que en El Gatopardo, la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, sentenciarán: “Para que todo siga igual es necesario que todo cambie”.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@Tagoto

1 Comentarios


Álvaro Maestre garcía. 14-11-2014 07:34 PM

"Sin mayor argumentación, dicen querer la guerra por que sí, luego enderezan el argumento agregando que no se quiere la guerra, pero que no se debe hacer la paz con los bandidos de las guerrillas"...Estas son palabras tuyas amigo. A ningún elemento en Colombia he escuchado decir eso. Escucho reiteradamente que La Paz no debe ser con impunidad. Que es necesario que los crímenes de lesa humanidad no vayan (no pueden( ser amnistiados o perdonados por el presidente porque Colombia se metería en líos y las demandas arruinarán al país. Creo que todos queremos la paz con las guerrillas (las farc que privilegia Santos es un elemento de un cuerpo múltiple de bandoleros), pero al parecer algunos quieren un perdón total (E incluso, permitir blanquear el dinero mal avenido del narcotráfico, del secuestro, de la extorsión y ya el negociador De La Calle lo ha propuesto que en el caso de las farc esto sea considerado un delito político). !Por fortuna existe gente que no dejará perdonar estos delitos de lesa humanidad en el cual el peor son las viles masacres cometidas por ellos (también por otros grupos violentos) y el reclutamiento de mas de 40.000 menores de edad y la violación de niños y el aborto sin los menores requerimientos de sanidad.!Viva la paz compadre...!Pero sin impunidad!

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