Opinión

Obituario: Lolita Acosta Maestre

Armando Arzuaga Murgas

24/11/2014 - 06:20

 

Nunca será fácil despedir a los amigos. Sobre todo si se trata de la despedida que define el inexorable destino al que estamos abocados. Decimos adiós sabiendo que ese adiós es apenas el recordatorio de que algún día también haremos, sin mirar atrás, el mismo viaje sin retorno. Pienso, por ejemplo, que no es igual morir como los incrédulos, afirmados en la certeza de la nada, de la destrucción absoluta de la persona con todas sus potencias, a morir en la fe, sea cual fuere el credo, convencidos de que algo de la persona que muere permanece, inmutable, inmanente, entre nosotros y con nosotros.

Los que confiamos en el Dios de Abraham, y de nuestros padres, nos abrazamos a la esperanza de que la muerte será como el volver a casa después de un viaje largo. Creemos en que, vencidas las últimas taras de nuestra naturaleza limitada, nos abrazaremos al fuego de la hoguera inextinguible del amor misericordioso de Dios, en la que serán consumadas por fin nuestras más infinitas aspiraciones, en la infinitud de Aquel que ve lo infinito como un atributo de su Ser. Es una esperanza sublime, alejada de la idea frustrante de que moriremos y dejaremos de ser: es verdad que dejaremos de existir en el tiempo, pero seguiremos siendo en la eternidad. Y creo con toda convicción que es mucho mejor morir creyendo de tal forma, que morir frustrados, aun cuando pensemos -y es verdad- que nada en la naturaleza se destruye.

Pienso también que una persona como Lolita Acosta Maestre, cuya muerte -esa muerte tan cotidiana y sobrecogedora al mismo tiempo- nos entristece, aunque deja de existir en el tiempo, no desaparece del todo. Sigue siendo en el recuerdo, en el afecto, en las vivencias de cuantos compartimos su amistad, su sonrisa, su palabra inteligente y afectuosa. Confieso que me conmuevo al escribir estas líneas.

Todos sabemos que Lolita Acosta Maestre fue la fundadora-directora de “El Diario Vallenato”. En esa casa editorial vieron impresos sus primeros escritos centenares de neófitos. Muchos sandieganos -y también yo, que hice allí mis primeros atisbos literarios-, vinculados con los quehaceres del periodismo y la cultura local, dejaron plasmada en aquel diario gran parte de la historia cultural de San Diego de las flores. El Festival de Poesía, que fue nuestro evento insignia durante mucho tiempo, tuvo en ella un magnífico medio de difusión. Lolita Acosta fue una gestora cultural incansable.

La recuerdo examinando con atención las columnas que le presentaba, solicitándole las publicara en el periódico que dirigía. La recuerdo cuando, siendo yo estudiante, le hacía entrevistas durante el Festival Vallenato para el periódico escolar del colegio donde hice mi bachillerato. La recuerdo después en ese mismo colegio, cuando siendo ya exalumno, organizaba encuentros de poesía mientras ella coordinaba la oficina de prensa y cultura. La recuerdo en muchos momentos de recitales y encuentros con la palabra elevada. La recuerdo sacando adelante ese evento único en su género que es el Encuentro Mundial de Músicas de Acordeón, que pone al vallenato en diálogo con sus congéneres musicales, desde el folclor y la academia. La recuerdo en la Fundación AVIVA -Amigos del Viejo Valle de Upar-, hablando de las casitas de bahareque y de los últimos buenos compositores.

Recuerdo a Lolita Acosta como la recordamos y la recordaremos muchos vallenatos: como una pertinente y audaz gestora cultural que desde el periodismo flanqueó con altura los escollos, para posicionarse sin proponérselo, como una de las más aguerridas defensoras de la identidad, idiosincrasia y cultura local. Y la recuerdo también en su faceta más oculta: la del ejercicio de la caridad desinteresada, en beneficio del ancianato de las Hermanitas de los Pobres, y del Comedor “Cristo llama a tu puerta”, que dirigen los padres capuchinos de las Tres Avemarías. Esto último lo digo ahora, seguro de que no heriré su sincera discreción. Y pienso, para concluir, que parte del “seguir siendo” que antes mencionaba, entre los que recibimos el obsequio de su amistad, consiste precisamente en poder recordarla como si nunca se hubiera ido. Aunque ciertamente, no son todos los mortales los que alcanzan tan grande beneficio.

Quiero ambientar esta idea que he repetido en tres ocasiones a lo largo de esta columna, con una imagen coincidencial, que nos ilustra bien lo que es el recuerdo, tal vez de una manera muy premonitoria. En los días de la muerte de Andrés Becerra Morón, cultor y exponente de la auténtica parranda vallenata, Lolita Acosta me envió la fotografía que acompaña esta nota. La foto muestra tres momentos distintos de un mismo y casual encuentro: dos grandes amigos signados por el mutuo trabajo en beneficio de la cultura, y precisamente en torno a ella reunidos en diversas circunstancias. Ahora que ellos se han encontrado en el umbral de la eternidad, la comparto con todos ustedes, queridos lectores, mientras nosotros aguardamos el viaje.

Hasta siempre Lolita. ¡Gracias, querida amiga! El Señor te dirija la mirada, y te conceda la paz.

 

Armando Arzuaga Murgas

Sobre el autor

Armando Arzuaga Murgas

Armando Arzuaga Murgas

Golpe de ariete

San Diego de las Flores (Cesar). Poeta, investigador, gestor y agente cultural. Profesional en Lingüística y Literatura por la Universidad de Cartagena. Formador en escritura creativa.  Premio Departamental de Cuento 2010. Miembro del Café Literario de San Diego. Coordinador del Centro Municipal de Memoria de San Diego-CEMSA. Integrante de la Fundación Amigos del Viejo Valle de Upar-AVIVA. Colaborador habitual de varios medios impresos y virtuales.

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1 Comentarios


Jairo Tapia Tietjen 24-11-2014 11:25 AM

*Toda una vida consagrada a vigilar , defender y promover nuestros valores más raizales: la búsqueda de la verdad, a través de su labor periodística incansable, pese a la adversidad y desidia de una dirigencia miope y mezquina; promoción y difusión regional e internacional del folklore y del patrimonio histórico regional y local; intensa e irrenunciable labor didáctica en escuelas, colegios, foros y certámenes regional, nacionales y en otras lejanas latitudes, donde fuera requerida por su labor pionera informativa en la Fundación de la Leyenda Vallenata, el concurso mundial de acordeones, los niños del vallenato, y otras facetas inolvidables de su permanente vigilia por la cultura y la información, como lo fue la acogida, durante varios años, de nosotros sus discípulos en el periodismo a través de las aguerridas trincheras de El Diario Vallenato; Paz en su Tumba. Amiga:¡Bon Sort!!

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