Opinión

Diploma de bachiller, pasaje a la aventura

Diógenes Armando Pino Ávila

05/12/2014 - 06:30

 

Por estos días miles de jóvenes adolescentes terminan su bachillerato. En las comunidades rurales y en los pueblos pequeños, como el mío, esto es un acontecimiento. En un acto solemne, los graduados, los padres de familia, los profesores, los vecinos y muchos curiosos se agolpan en el lugar de la ceremonia. Los unos felices y rozagantes por recibir el diploma que los acredita como bachilleres, los padres henchidos de orgullo porque su hijo termina esta etapa de estudios, los profesores felices por la labor cumplida y los curiosos con solemnidad burlona critican el vestido, los accesorios o la forma de caminar de los bachilleres y acompañantes.

De estos cientos de miles de estudiantes, sólo algunos, muy pocos desafortunadamente, tienen en mente un proyecto de vida, muy pocos saben qué quieren ser en el futuro, qué les gustaría estudiar. Esa grave falla de nuestro sistema educativo que no provee a sus estudiantes de una exploración vocacional, es tal vez la responsable de más de una frustración. El sistema educativo arroja a la aventura a estos cientos de miles de estudiantes, adolescentes aún, al despiadado mundo de los mortales, sin el equipaje y las herramientas necesarias para que sobreviva en la sociedad de consumo.

Algunos, no siempre los más preparados, alcanzarán a llegar a una universidad a cursar una carrera que tal vez no les guste. Asistirán a ella por recomendación de un profesor que de buena fe les aconsejó que ésa era la que encajaban con su perfil. Otros llegarán a estudiar carreras escogidas por sus padres o por estar dentro del “parche” ya que con sus amigos se pusieron de acuerdo para entrar a determinada carrera y así seguir juntos y continuar con “la recocha” del bachillerato. Muy pocos con mucha seriedad escogerán la carrera con la que han soñado para realizar su proyecto de vida.

Otros, la gran mayoría, deambularán por las calles del pueblo sin entender del todo que su adolescencia ha llegado a su fin. Estos desorientados jóvenes durarán algunos meses, con el mismo comportamiento de estudiante que fueron. Andarán pendiente del WhatsApp en conversaciones interminables con los que fueron sus parches de salón, intercambiarán fotos por Instagram, videos por Youtube, chismes por Facebook y malgastarán parte de su vida vagando en el pueblo y los fines de semana se sumergirán en esas rumbas propias de su edad.

Los de escasos recursos económicos familiares, la mayoría, saldrán al mercado laboral a enfrentar la vida en cualquier empleo, haciendo un oficio que no conoce, y ahí precisamente despertarán del sueño de adolescentes que han vivido, para enfrentar la pesadilla que es la vida del colombiano común. De estos jóvenes, algunos, muy pocos desafortunadamente, abrirán sus ojos a la realidad y se verán obligados a emigrar a la ciudad a labrarse su futuro, buscarán empleos y se desempeñarán en cualquier oficio, unos serán tragados por la ciudad, perderán su arraigo, envejecerán trabajando en lo que bien o mal le dé para vivir. Otros, poquísimos, espoleados por un ansia de superación tardía, batallarán para entrar a la Universidad, al SENA, a cualquier instituto Tecnológico y cursarán una carrera intermedia y mejorarán sustancialmente su vida y la de su familia, algunos terminarán carrera y serán profesionales en cualquier disciplina.

Lastimosamente, éste es el panorama que enfrenta la mayoría de los bachilleres de nuestros pueblos, ésta es la aberración de un sistema educativo que atiende a nuestros jóvenes con el único propósito de hacerlos seres dóciles, de manejo heterónomo y que la realidad económica le hará perder su rebeldía juvenil para convertirlo en el empleado u obrero dócil que vota y con su voto alimenta a un sistema de inequidades que lo sojuzga, le niega oportunidades y lo condena a la pobreza permanente.

Si el sistema educativo no cambia, es difícil que se rompa el círculo de pobreza y miseria que asfixia al pueblo colombiano. Es necesario que la escuela y el colegio brinde al joven desde temprana edad las herramientas que le permitan ir visionando y construyendo un proyecto de vida realizable, basado en el esfuerzo personal, el estudio y la disciplina, de seguro que si esto se da, y es viable, habrá menos guerrilleros, menos bacrim, menos bandidos, menos corruptos y la vida sonreirá para las futuras generaciones, pues la corrupción mermaría o sería menos tolerada, la conciencia ética y moral sería un aditivo al quehacer político y filtraría a los corruptos negándoles el voto y, por tanto, las instancias de poder.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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