Opinión

El Castro-chavismo de Obama

Diógenes Armando Pino Ávila

19/12/2014 - 06:20

 

Esta semana ha sido extraordinaria por los acontecimientos que se han dado, se siente en el ambiente un halito de paz y reconciliación de parte de algunos sectores, antaño beligerantes y políticamente irreconciliables. El mundo se sorprendió con la alocución del presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, casi simultánea con la de Raúl Castro, presidente de Cuba. Con mucha sobriedad informaron al mundo que las relaciones diplomáticas entre los dos países se reanudaban, después de 53 años de haberse rotos.

Los líderes importantes de todo el mundo han aplaudido esta determinación, pues tienen claro que ese tipo de sanciones no conducen a cambiar las circunstancias políticas que la originan, sino que por el contrario acentúan dichas circunstancias y sirven de excusas para mantenerlas. De otro lado, a estas alturas de la historia, no hay excusas valederas para castigar al pueblo cubano, ni ningún otro pueblo, con la pretensión de castigar su gobierno, y que en los 53 años de boicot, como bien lo dijo Obama, los Castro se mantuvieron en el poder y la situación política de la isla no cambió.

Terminada la llamada “Guerra fría”. Fue una terquedad desproporcionada de parte de USA mantener el bloqueo a Cuba, infringiendo al pueblo cubano una dolorosa situación de apremios económicos y escasez de bienes esenciales para solucionar problemas de salud, tecnologías y otros aspectos necesarios para que un país se desarrolle. Hay que reconocer que el pueblo cubano con entereza sorteó la situación, acomodando sus necesidades a consumir lo que su misma escasez le proporcionaba o le permitía consumir. Esto posibilitó forjar un pueblo capaz de valerse por sí solo, potenciando sus capacidades a límites excepcionales, desarrollando una educación pública de gran factura, una medicina y unos servicios asistenciales que ya desearíamos tener en Colombia. Claro está, hay infinidad de cosas repudiables como privaciones de libertades democráticas, hay restricciones a la prensa, a Internet y otras que de no estar de por medio el boicot gringo, es posible que ya se hubieran superado. Por tal razón los líderes de peso mundial, los presidentes de las potencias mundiales, el Papa Francisco, La ONU y una larga lista que sería dispendiosa mencionar, han aprobado la decisión de Obama y han lanzado su aplauso y voz de aliento para que esta situación marche directo al levantamiento del bloqueo económico.

Otra importante noticia fue el cese unilateral de hostilidades, decretado por las FARC en forma indefinida, como muestra de su voluntad de paz, lo que permitirá que las negociaciones en La Habana avancen en forma fluida y que el pueblo colombiano vea en ellos su disposición de negociar la paz.

No obstante que las personas demócratas y civilizadas aplauden y ven con buenos ojos estos gestos, hay personas que ofician de fogoneros del diablo para disparar petardos en contra de la paz, e incluso desde Colombia tratan de alzar voces, con la pretensión de opacar lo de USA y Cuba, aun sabiendo que sus bocinas no dan la potencia para hablar tan alto y en la frecuencia del poder en que se sintonizan esos hechos.

Sobre los diálogos en La Habana levantan voces disonantes pidiendo que se cambie de escenario y que se busquen países diferentes para la negociación, pero como baldado de agua fría llega Obama y paradójicamente dice que Cuba debe ser visto de nuevo como un país americano y restablece sus relaciones diplomáticas. Sobre el cese al fuego unilateral decretado por la insurgencia hay otra ave agorera, que califica el gesto como una burla. Claro, él desde su mullido sillón protegido, lo mismo que su familia, por los organismos de seguridad del país y con dinero de los colombianos, no sufre la angustia que el resto de mortales sufrimos por el accionar de los subversivos.

Lo absurdo de todo esto es que personas del común hacen eco a estos agoreros y repiten sin reflexión alguna los graznidos de los buitres mayores, apropiándose de una causa que no es su causa y de un discurso que no es su discurso y, como diría Paulo Freire, sufren la necrofilia, amando un pasado que ya murió y pensando que piensan con el pensamiento de sus propios verdugos y por ello maldicen en sus adentros lo que los bromistas ahora llaman: “El Castro-chavismo de Obama”.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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