Opinión

Necrofilia colombiana

Diógenes Armando Pino Ávila

26/12/2014 - 06:30

 

En los años noventa, cuando se debatía en el país la nueva Constitución, observaba que muchos de mis amigos andaban con una Constitución colombiana bajo el brazo. El que la portaran y la leyeran no era de por sí curioso, lo insólito era que portaban y leían la Carta Magna que la Constituyente iba a cambiar, y que nunca antes habían leído. En ese entonces se sumergían en arduas discusiones, en la mayoría de los casos bizantinas, sobre las bondades de esta vieja Constitución, lo raro era que no leían los textos que la Constituyente proponía como Hoja de Ruta para el país.

Esa anécdota me hizo ser más acucioso en la observación del comportamiento de mis amigos y empecé a ver en su círculo, y fuera de él, el comportamiento de la generalidad de la población donde vivía y encontré casos como el debate encendido con paro en el Magisterio por la implantación de la Ley 115 y mostraban apego a las normas que en el pasado criticaban, más adelante vinieron reformas y ocurría lo mismo, defendían la Ley 115 y rechazaban las reformas.

En círculo abierto uno observa que este comportamiento es igual para un amplio sector de la población colombiana, se criticaba el voto con papeleta, pero cuando se propuso cambiarlo por el de tarjetón y lista preferente, hubo un amplio sector que no estaba de acuerdo, ahora se plantea la lista cerrada y hay un sector encariñado con el voto preferente y razonan con propiedad sobre las ventajas y los peligros del cambio propuesto.

En mi pueblo, por ejemplo, se han dado enormes críticas en contra de los gerentes del hospital local, pero cuando se avecinaba el cambio, hacían y hacen paro y manifestaciones defendiendo al que antaño criticaban, y repudiando al nuevo que venía, años después cuando se avecinaba el cambio de éste, se armaba otro paro y otra protesta porque ahora querían al que antes repudiaron.

En el caso de la alcaldía ocurría y ocurre algo similar, claro está con algunas variantes, pues hay sectores que aman más al administrador que a su propio municipio. En mi pueblo, si tú haces una crítica sobre el mal estado de alguna obra, te salen mil atacantes a enrostrarte que eres un perseguidor y que estás atacando al alcalde de turno, pero jamás dicen que tu crítica proviene de tu sentido ciudadano y del amor hacia tu pueblo.

A nivel nacional, desde hace años, escucha uno a toda la población decir que están cansados de la guerrilla y que esta guerra debe parar, pero ahora que se está más cerca que nunca de la firma de la paz, hay un grueso sector pidiendo que continúe la guerra. En forma obligada uno llega a razonar que están casados de la guerrilla, pero que se sienten a gusto con la guerra y que, además, saben que si no es con la guerrilla, rápidamente inventarán su reemplazo para continuar con su afición sangrienta a la guerra. De igual forma, añoran la llegada de su mesías a remediar los males del país, males que ese mismo mesías no pudo arreglar en sus ocho años de mandato.

En definitiva, tenemos una pasión desmedida por lo muerto o por lo que va a morir. Esa inclinación patológica de amar lo muerto o lo que va a morir la define la Real Academia de nuestra lengua como Necrofilia y le da dos acepciones: 1. f. Atracción por la muerte o por alguno de sus aspectos. 2. f. Perversión sexual de quien trata de obtener el placer erótico con cadáveres.

La verdad creo que la historia de guerra, masacres, constreñimientos, amenazas, desplazamientos y no sé qué otros vejámenes más han calado tan hondo en la consciencia del colombiano hasta el punto de enfermarnos y hacer que en vez de repudiar lo que nos hace daño, en forma, por demás, sadomasoquista, empezamos a amar y a sentir placer por lo malo y a tener simpatía por el que nos agrede.

Sea esta fecha de paz y alegría que representa la Navidad y el Año Nuevo, el espacio propicio para reflexionar sobre este particular y el calor del hogar. Hagamos el esfuerzo por exorcizar nuestros demonios y hacer votos fervientes por que la paz que se negocia se concrete este nuevo año. Con esa actitud positiva podremos enfrentar la etapa de postconflicto que se avecina y en forma positiva podremos aportar el granito de arena que el abismo de los violentos no ha dejado apilar.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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