Opinión

Érase una vez un fabuloso país sin derechos humanos

Alfonso Suárez Arias

07/01/2015 - 07:00

 

Sucedió hace unos días. En aquel país-selva poblado por fantasmagóricos votantes y polarizado entre: timoratos y belicosos, que la Hiena invitó a su pandilla y selectos vasallos al palacete, para festejar el triunfo electoral -conseguido con el poder económico que corrompió a las conciencias-.

La rimbombante recepción legalizaba el despotismo y robustecía su particular inelegancia ante los gobernados; como cuando manoseando intrigas hipócritas y traicioneras consiguió poner en retirada al hacendoso Zorro de cola plateada, el mismo que le desafió en los comicios y causó tiritona a su pacto reeleccionista.

Superado el escalofrío, la autócrata Hiena abrió el festín con un guiño, y embobada la febril Gaviota canciller canturreaba -ésta noche doy serrucho (bis)-.

Por amplias estancias, protocolarios Lagartos -pulcramente emperifollados- irrumpían solícitos derrochando a manteles exquisiteces para los suertudos invitados. Ofrecían sobre las Morrocotudas mesas de negociaciones: argamasa de bebidas energéticas, perniles de impávidas Cebras, culpables Vacas muertas y aquél gustado Potro, desenterrado de un basurero y que aún temerariamente pataleaba. -Un mundo de francachela para carnívoros oportunistas-.

Para Galanes y zalameros herbívoros había tragantona en gigantes ollas de mermelada, pilas de verdes hojas de coca y terapéuticos cachos de marihuana.

El Jefe de la Hacienda, una mojigata y ricacha Iguana; trepada en lujuriante árbol -no pestañeaba-: aguaitaba a los Perros salvajes. En tanto, Simio “el bobito”, el recién nombrado planificador oficial -enloquecía firmando cuanto papel llegaba a sus manos-. Los autografiaba sin leer, al fin que ni sabía, ni era necesario, porque en realidad, -permaneciendo analfabeta era útil al gobierno-

La ambientación musical estaba a cargo de “Los mamertos del guadual”, banda muy ejercitada de Chigüiros y Morrocoyes que coreografiaba los himnos y composiciones del cancionero lagartixista-leoninista. -Apología a la intranquilidad-.

En tanto desde la oficina del carrusel de la contratación, los morenos Micos, directores del programa popular “La guerra y más”, atraían atolondrados Bueyes con: tamales, comisiones, y meriendas en chocarreras deliberaciones.

El ex-ministro de cuevas y madrigueras y electo Vice; “el manco” Jabalí, desdoblaba su mejor sonrisa de oreja a colmillo. Ningún animal podía superarlo en engatusar a ilusas Lagartijas y Culebras del montón, -ante él- las postulantes de covachas gratis doblegaban el cogote con tal que les asignara una-.

La algarabía se generalizó cuando, con gran estruendo como de un choque de trenes, hicieron entrada dos burócratas de alto rango que se fiscalizaban de reojo: El Pato aterrizó cacareando sin piedad alguna, amonestaba a todos -que la procuraduría continuaba retenida, -con la ayuda divina y sin vaselina pura-.

Sus detractores le consideraban rezandero de mala lengua y porfiado rival del alegre inquisidor general: el Armadillo, pedante bufo retorcido por los delirantes piropos de varias Urracas populacheras, hinchas del blindado y adoctrinado acusador, experto en contra-espionajes de la Hiena, su camarada y patrona.

Así, tras ellos una procesión de malcriados y cantinflescos figurantes en la que se confundía el nuevo controlador general, Hipopótamo insobornable que de un resoplido expulsó del resquicio a su antecesora la Salamandra y -la obligó a huir a su nido nativo-, encubierta solo con una pañoleta Azzurri.

Con los picos enrojecidos y ojo de Lince, se apearon de rutilantes carromatos los vecinos Buitres, mercachifles de salud, cooperadores ingeniosos de hinchados peculios.

Berreando la última champeta: “eres bandida, la Ladilla que jugó con mi vida”, fluyeron hacia la pista de bailoteo: Vacunos, Corderos y Equinos; cuadrúpedos indiferentes de todo y a todo, completamente desentendidos del sombrío desfile castrense de Cerdos con uniforme color naranjo y mora, -marchando altivos y rindiendo pleitesía a su futuro matarife-.

Al festín se arrimaron en tropel: El solapado Elefante intitulado “el narco”, encargado del sur, un Delfín patrañero alérgico a la espinaca y el Gavilán agorero que flirteaba como Gallina.

Los tres paladearon desabridas sobras de los petulantes Sapos insurgentes, que debatían en la calle sobre las inaguantables aspiraciones de amenizar el baile, porque según ellos, -danzaban muy bien el son cubano y hasta tenían un cantante en sus filas-. 

En el amplio recinto chirriaban, las peroratas de Zarigüeyas y Ratas parlamentarias con las pinchadas risitas de las Tortugas, la ornitofobia del vejete  senador Estegosaurio -con problemas excrementales-, y  las perversas pancartas de la campaña “Estoy incapaz”, propaganda negra contra miedosos rivales.

Se juzgaba que todo iba de maravilla, pero; se apareció la Ardilla con tal algarabía  que dio al traste el parrandón. El chivatazo lo dieron por radio y televisión las Cotorras reporteras que capitanea y dirige Águila, -la de la FM- Furor Máximo- emisora nacional. Entonces las Parlanchinas amancebadas con Martin pescador y otros pájaros de mal agüero, -babosearon y abofetearon a los danzantes-, les lanzaron la refulgente vajilla de vasos y platos de icopor. Sembraron la anarquía.

Y en ese desgobierno; el Mulo (terco animal del género Equus paisus: cruce de Yegua paso fino y Asno doméstico) se congregó escoltado por furibundas Bestias, una Paloma pendenciera y varias Guacamayas azules, rezongando por tal  -derroche e insolente concesión de zonas de reserva a salvajes insurrectos-.

Coceando a la izquierda y poco con la diestra, se desbocó por el centro buscando al tramposo embaucador, quien le puso por delante al superpoderoso Castor, dos Tórtolas ministras y al de las armas, el Gallinazo panzón, ah… Y a un desaliñado y maloliente Chimpancé que oficiaba de legislador, -incapaz con sus afrentas de someterlo al redil- y conducirlo por un tercer camino al fondo del gran establo-.

Ante embestida frontal, los Batracios más rebeldes que iban marcando el paso, huyeron despavoridos al barrizal, franqueando el charco aseguraron su protección. Henchidos de soberbia, en medio de la ilegalidad y sin confrontar la oposición expidieron el comunicado: “Somos víctimas de la traición por eso no hay dejación”.

El zafarrancho se popularizó y el convite fracasó. Siervos y Cernícalos enmudecidos en contagiosa modorra, ojeaban a los sediciosos en “La Sabana”,  lisonjeando al mezquino,   longevo y castrado Lobo, que se relamía de avaricia anhelando el tesoro del país-selva, donde ya había infiltrado Sanguijuelas y aleccionados Tocororos (aves trepadoras endémicas de su minifundio).

Relinchos y trinos aguijoneaban a sus partidarios, advirtiendo inseguridad e injuriando a Loros cibernéticos, simplemente por jadear. Así que se declaró en intransigencia y prometió; -guerrear, chuzar y aportar pruebas- para liquidar la mentada “nueva robolución” y  redimir el trono en favor de sus hijitos. El irritable Mulo se acuarteló con sus ñoños en un rincón de la mansión, pues días antes le habían desahuciado del abrigado asilo en la casa de la Caballería.

La Hiena defendía su rutina, “se orinaba en la tarima para marcar territorio, menos en el mar, porque no gustaba, ni de insignias ni de navíos”. Encubierta detrás de un cómplice megáfono decretó: - persecución y acoso a todo opositor pedigüeño-, y aprobó sin consultar, secretas travesías de compinches a otras comarcas. Con la protección de una cortina de humo: cínicamente desembuchó -que sí-, sí autorizó al tímido León “el chenko”, para trastear ciertas alimañas y sabandijas hasta la isla-sabana del vejete Lobo y, -que nadie se metiera porque era su autonomía-.

A sus patas se regalaron Ovejas negras, Buhoneros y Perros basureros, compradores de criterios y complacidos con el innovador zarpazo que estableció una nueva tributación. Impuesto de conspiración.

Gagueando y con los pelos erizados por mentir, a los cuatro vientos refunfuñó: -que a su reino retornarían Larvas y Sapillos- pero en la  gran selva, su gobierno -no respetaría- ni mucho menos admitiría los Derechos Humanos-, porque según las evidencias, “no existían víctimas y tampoco había razón alguna para reconocérselos a los Animales”.

Y así coexistieron por algún tiempo estos animales que se habituaron a la tiranía, la que les oprimía cada día, hasta que todo reventó en rebeldía…

 

Alfonso Suárez Arias

@SuarezAlfonso 

Sobre el autor

Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias

Aguijón social

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

@SUAREZALFONSO

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