Opinión

¿En la Iglesia está soplando un Viento del Sur?

Antonio Ureña García

29/01/2015 - 07:10

 

Papa Francisco

En las reflexiones que venimos desarrollando a través de estos artículos sobre la identidad latinoamericana, no podemos olvidar la importancia que desde los primeros momentos de la Conquista y la Colonia ha tenido la Iglesia Católica a la hora de construir el Patrimonio Cultural, tanto material -las más importantes ciudades de la región exhiben entre sus principales monumentos, iglesias y catedrales- como, fundamentalmente inmaterial, entendido según la UNESCO (Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial) como el conjunto de creaciones basadas en la tradición de una comunidad cultural expresada por un grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de una comunidad en la medida en que reflejan su identidad cultural y social. Así, en la configuración de esa identidad cultural y social está muy presente a lo largo de los siglos, la huella de la Iglesia.

El título de este artículo está tomado del trabajo del Dr. en Teología Carlos María Galli (“En la Iglesia está soplando el Viento del Sur. América Latina: un nuevo Pentecostés para una nueva evangelización” CELAM, 2012), donde se plantea si la Iglesia Católica está efectuando una renovación similar a la realizada por el Concilio Vaticano II, que comenzó el día de Pentecostés de 1959. A través de estas líneas pretendemos analizar si en realidad se está produciendo dicho cambio impulsado por los vientos renovadores de la Iglesia latinoamericana o es un simple cambio superficial.

Si bien es cierto que Latinoamérica y el Caribe no se iban a librar de la actuación de la Inquisición como instrumento de control religioso y político ejercido respectivamente por la jerarquía católica y la Corona,  con luces y con sombras la iglesia latinoamericana se muestra más abierta y permeable a los cambios que la del Viejo Continente. En este sentido podemos calificar la defensa de los indígenas por Fray Bartolomé de las Casas en los primeros tiempos de la Colonia.

El problema es que -según señalamos en nuestro artículo Historia, iglesia y exclusión afrodescendiente, su contrapartida sea la recomendación del trabajo en las haciendas por esclavos africanos. Sin embargo, tampoco faltaron -según describimos en el citado artículo-  las voces que, desde el seno de la propia Iglesia Católica, se alzaron contra esta situación.

Mientras que en España, la Inquisición no fue abolida definitivamente hasta 1834 -después de haberlo sido por las Cortes de Cádiz de 1812, restaurada por Fernando VII, nuevamente abolida y restaurada años más tarde hasta llegar a la fecha señalada-,  todos los procesos independentistas del subcontinente prescinden de ella con anterioridad a esta fecha. De esta manera, el texto de Constitución para la Gran Colombia, publicada el 30 de agosto de 1821, recoge el fin de este tribunal político-religioso. Pero será necesario esperar al siglo XX para asistir al desarrollo de un movimiento que sacudió los sólidos muros de la Iglesia oficial, como fue la denominada Teología de la Liberación.

En este sentido recordemos que uno de los primeros gestos realizados por el Papa Juan Pablo II, nada más pisar tierra nicaragüense en 1983, fue la amonestación pública a Ernesto Cardenal, en esos momentos Ministro de Cultura y destacado partícipe de la dicha orientación teológica en su actividad como sacerdote. Cuando otra de las cabezas visibles del mencionado movimiento, Monseñor Oscar Romero, caía asesinado en marzo de 1980 en El Salvador: ¿alzó suficientemente la iglesia oficial su voz para repudiar este crimen? Personalmente, opinamos que no. Sin embargo, lo que sí es posible documentar es cómo dicho obispo fue ignorado por Juan Pablo II, quien le escuchó sin prestarle mayor atención durante unos breves minutos en una audiencia pública en la Plaza de San Pedro, al no haber sido recibido en audiencia privada.

La denominada Teología de la Liberación, surgió como fruto de reflexión teológica conjunta entre seguidores del cristianismo y de los movimientos de izquierda, a raíz de la puesta en práctica de las enseñanzas del Concilio Vaticano II en diálogo directo con las ciencias sociales, para tomar como punto de partida la situación de los pobres y oprimidos que construyen el perfil mayoritario de la demografía de la región.

Así, la pobreza no solo responde a causas espirituales, o -como se ha dicho a lo largo de los siglos- a la voluntad de Dios, si no que es el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas profundamente injustas. La labor del sacerdocio, como pastores de su pueblo, será alzar la voz contra estas injusticias. De esta manera, puede leerse en el documento de la III Conferencia Episcopal de Puebla de 1979 -citado por Roberto Oliveros (Historia Breve de la Teología de la Liberación)- El Episcopado Latinoamericano no puede quedar indiferente ante las tremendas injusticias sociales existentes en América Latina, que mantiene a la mayoría de nuestros pueblos en una dolorosa pobreza cercana en muchísimos casos a la inhumana miseria. Un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte.

Mientras estos vientos se movían por todo el subcontinente, Juan Pablo II visitaba a  Alfredo Stroessner, a Pinochet, o recomendaba a Carlos Menen que indultara a los ex dictadores Videla, Galtieri y a militares artífices de la represión como el Almirante Massera y a muchos otros; indulto que alcanzarían a través de la Ley de Punto Final.

El que será su sucesor, el Cardenal Ratzinger, en aquellos momentos Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmaba dos estudios donde manifestaba que, pese al compromiso de la Iglesia con los pobres, la adopción por la citada teología postulados de origen marxista, hacen que la misma sea “incompatible con la fe cristiana y con las exigencias éticas que de ella derivan”.

Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI, mantuvieron bloqueado el proceso de canonización de Óscar Romero, el cual ha sido recientemente reabierto por el actual Papa Francisco, anunciando además que será beatificado durante el 2015; lo que supone -sin lugar a dudas- un gesto de apertura que lo distancia de sus predecesores y lo acerca a Juan XXIII, artífice del citado Concilio Vaticano II. Por el contrario, sus detractores le acusan de apoyar a la dictadura de su país  por su silencio en el asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas en la parroquia de San Patricio en Buenos Aires, así como el nombramiento por la Universidad del Salvador de Buenos Aires, perteneciente a la compañía de Jesús, como “Doctor Honoris Causa” al Almirante Massera -director de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), centro de represión y torturas de la Junta Militar argentina- ambos hechos acaecidos durante su etapa como Superior de los Jesuitas en Argentina. Lo cierto es que, recientemente, ha sido anunciado por el Vaticano el inminente proceso de beatificación de religiosos asesinados, conocidos como “los Padres Palotinos”.

Además de los mencionados procesos de beatificación que, tal como hemos señalado, constituyen importantes gestos de apertura, hay que señalar sus críticas al rechazo de los homosexuales por la Iglesia o recientemente su alegato a favor de la “paternidad responsable” criticando a quienes opinan que -según sus propias palabras- para ser buenos católicos debemos ser como conejos.  

Como cierre de la presente reflexión, nos preguntamos si todo lo anterior constituyen únicamente gestos -una labor de maquillaje- o hay una verdadera intención de reformar en profundidad esa monarquía teocrática que es la Iglesia oficial acabando con la corrupción y poniendo en claro las cuentas de la Iglesia, tomando seriamente cartas en el tema del abuso de menores entre otros muchos problemas que sacuden a la milenaria institución.

Hasta ahora, sólo hemos visto gestos y escuchado frases que, comparadas con el discurso oficial de la Iglesia durante siglos, resultan provocadoras, pero de momento nada más. Si hacemos un paralelismo entre el discurso del Papa y la calificación que reciben por los sectores más conservadores los grupos políticos que persiguen empoderar a las clases más humildes, ¿no sería el de Francisco un discurso populista y por ello vacío de contenidos? El tiempo nos dará la respuesta.

 

Dr. Antonio Ureña García 

naantees@gmail.com 

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

2 Comentarios


Este cuchito 29-01-2015 03:30 PM

Este viejito San Francisco está aplicando una PERESTROIKA en la iglesia, si continúa en tres años más la dejará liquidada.

Papito Ratzinger 29-01-2015 03:52 PM

Cambia la forma pero el fondo sigue igual. La Iglesia siempre se ha aliado a los más poderosos y ahora sigue haciendo lo mismo.

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