Opinión

¿Quién o quiénes mataron a Camila?

Diógenes Armando Pino Ávila

27/02/2015 - 02:00

 

Camila Abuabara / Foto: El Colombiano

Camila Abuabara fue una joven con un inmenso deseo de vivir, una luchadora que emprendió el espinoso camino de enfrentar, con sus menguadas fuerzas pero con un tesón y voluntad férrea, a una de las instituciones más corrompidas del Estado colombiano: el sistema de salud. Murió el 24 de febrero por la noche después de haber batallado contra la leucemia.

Armada de una tablet y utilizando Twitter, Camila Abuabara logró llamar la atención de los cibernautas, los que al enterarse de la descomunal batalla que libraba esta valerosa joven se volcaron con un sentimiento de solidaridad para hacer conocer su causa a tal punto que los medios masivos de comunicación no tuvieron otra opción (y muy a pesar de ellos) entraron también a visibilizar ante la sociedad el problema de Camila.

Una madre aguerrida y una hija enferma pero con un valor envidiable recorren el viacrucis que muchos colombianos emprenden día a día, primero peleando por la atención ante la EPS Sanitas para que le brindaran atención y tratamiento que le era suministrado en forma intermitente y demorado, agravando su estado de salud.

Luego, emprende diferentes acciones ante los tribunales de justicia del país buscando el cumplimiento de su tratamiento y atención. En esta lucha hay un capítulo especial, uno que pudo marcar su continuidad en esta vida, era que su tratamiento y trasplante de médula se le hiciera en Estados Unidos. Para esto interpuso también múltiples recursos legales, entre ellos una Acción de tutela que fue fallada a su favor donde ordenaban que la EPS Sanitas autorizara su estadía en Estados Unidos para ser sometida a un tratamiento experimental para su mal.

Logró su objetivo. Se abrieron los cielos para Camila, pensamos los colombianos que siempre pensamos. Se salvará Camila, creímos los que siempre creemos y respiramos aliviados por haber cumplido la misión sentimos los que en las redes habíamos hecho activismo por su causa. No duró mucho nuestra alegría, pues el Ministro de salud Alejandro Gaviria a través de los abogados del Ministerio interpuso una apelación al fallo de tutela alegando que el Sistema de salud quebraría por los altos costos del tratamiento de Camila en USA y en de segunda instancia reversan el fallo inicial de la tutela y ordenan realizarle el tratamiento aquí en Colombia. Camila premonitoriamente ya hablaba de su muerte, pues con ella el Sistema de salud de los colombianos había hecho uno de los más largos paseos de la muerte que se recuerdan en la historia.

Le hacen en una clínica de Medellín el trasplante de médula, el donante fue su hermano y, complicación tras complicación, Camila muere este 24 de febrero. Su salud no mejoró pues el deterioro causado por la desatención, las dilaciones y la negación del tratamiento, había menguado sus fuerzas. La mataron, la asesinaron y sus asesinos y criminales son muchos, empezando por el creador de ese monstruo llamado Ley 100 de 1.993 y ese Congreso corrupto que aprobó el peor y más criminal de los negocios criminales que ha producido la clase política del país.

La mataron los burócratas que atendieron y dilataron soluciones para su caso, la asesinó la EPS Sanitas por su negación indolente a prestarle el servicio, la aniquiló el juez de segunda instancia al revocar el fallo de tutela que le daba la oportunidad de tratamiento experimental en USA con un sesenta por ciento de posibilidades de vida, la asesinó el Ministro de salud al apelar el fallo alegando razones económicas.

Las mafias enquistadas en la política, en el Congreso colombiano con tentáculos en el Ministerio de salud, han cometido este horroroso crimen igual a los miles y miles de muertes más que, día a día, mes a mes, año tras año, vienen cometiendo contra los colombianos que requieren el servicio de salud.

Y pensar que el prólogo de la Ley 100 reza: “El sistema de seguridad social integral es el conjunto de instituciones, normas y procedimientos, de que disponen la persona y la comunidad para gozar de una calidad de vida, mediante el cumplimiento progresivo de los planes y programas que el Estado y la sociedad desarrollen para proporcionar la cobertura integral de las contingencias, especialmente las que menoscaban la salud y la capacidad económica, de los habitantes del territorio nacional, con el fin de lograr el bienestar individual y la integración de la comunidad”. Tremenda burla para el pueblo colombiano.

Camila, tu muerte ha de abrir los ojos a los colombianos de a pie para que en el futuro cumplimiento del deber ciudadano no elijamos a nadie de los que hizo posible tu muerte.

¡Hasta siempre Camila!

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@Tagoto

3 Comentarios


Berta Lucia Estrada 27-02-2015 06:27 AM

Buenos días Antes que todo deseo decir que la muerte de una persona, independientemente de su edad, es algo muy lamentable. No obstante, me parece muy delicado decir que a una persona la mataron los funcionarios públicos, como es el caso específico al que usted se refiere. No hay que olvidar que esa persona tenía un cáncer bastante agresivo y las personas mueren a causa de una enfermedad como esa. Creo que todas las personas hemos tenido a alguien en la familia que ha muerto por uno u otro cáncer. Por otra parte, no hay que olvidar que de todas formas el Estado, a través de su sistema de salud,debe velar por la salud de todos los colombianos, no por la salud de una sola persona. Todos vamos a morir, mas a tarde o más temprano. Eso se nos olvida muy a menudo. Nos estamos acostumbrando a creer que somos eternos y no es cierto; y esto es válido también para las personas que buscan, a cualquier precio, seguir eternamente jóvenes. Atte, Berta Lucía Estrada Autora de la columna Fractales

Alex 27-02-2015 09:27 PM

Tas loca hija esa muerte es responsabilidad de los responsables de prestar el servicio a camila se le violaron sus derecho a vivir

Aurora Elena Montes 02-03-2015 08:10 PM

De acuerdo con Bertha Lucía, no se puede pretender que el estado debe garantizar la vida por encima de la misma ciencia o la naturaleza, tampoco estoy de acuerdo que si existe un tratamiento en China, USA o Cafarnaum entonces allá hay que ir, porque así todo el mundo querrá que no le hagan ningún tratamiento en Colombia y así no hay sistema que aguante, iría directo a la quiebra.

Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Zamira o un elogio a la honestidad

Zamira o un elogio a la honestidad

  Entré en completo silencio, con el acelere que inspira el tiempo incumplido, los ojos todavía divagando por mis reflexiones mat...

Rafael Orozco, una novela para no perderse

Rafael Orozco, una novela para no perderse

El Canal Caracol nos trae una novela que los amantes del folclor vallenato no podemos perdernos; se trata de la vida de Rafael Orozco M...

Canciones inéditas, una letanía poco creativa

Canciones inéditas, una letanía poco creativa

  Cerrado el telón de la versión conmemorativa de medio siglo del Festival de la Leyenda Vallenata, con mente reposada y diluida ...

La Niña Lacha

La Niña Lacha

  Ahora que veo en la televisión colombiana, en algunos noticieros, una sección donde ensalzan a algunas personas por la labor soci...

La pasión de la paz

La pasión de la paz

Los cristianos acabamos de celebrar la Semana Santa, época donde recordamos los eventos principales que forman los pilares de nuestr...

Lo más leído

¿Existe una filosofía de las culturas prehispánicas?

Antonio Acevedo Linares | Pensamiento

Esos poetas prófugos de occidente

Johari Gautier Carmona | Literatura

¿Es indígena la guacharaca?

Weildler Guerra Curvelo | Música y folclor

Ojo a la Coca-Cola

Alberto Muñoz Peñaloza | Opinión

La Poesía de Gabriel García Márquez

José Luis Díaz Granados | Literatura

Síguenos

facebook twitter youtube