Opinión

Los gobiernos ya no gobiernan

Eber Patiño Ruiz

07/04/2015 - 05:30

 

Nuestro país bien se puede comparar con aquellos países donde no hay gobierno y donde el terrorismo y el hampa son los únicos mecanismos de control territorial de las zonas y ejercen poder absoluto.

¿Qué tienen en común el noroeste de Nigeria con la frontera de Irak y Siria? ¿O las favelas de Rio de Janeiro con las vastas regiones de Afganistán y Colombia? Que en estos territorios no existe ningún gobierno democrático, no hay presencia institucional del Estado y, por ende, alguien debe gobernar estas tierras. De hecho, sí tienen una figura de poder que está representada en hombres que han convertido estos territorios en fortalezas inexpugnables creándose una especie de Estado soberano dentro de otro estado.

Eso pasa en nuestro país desde hace varias décadas, pero las noticias siempre están mirando afuera, lo que pasa por ejemplo en Afganistán y Nigeria y nos llama la atención como estos soldados al mando de Boko Haram tienen en jaque la estabilidad mundial, y parece que no hay quien lo detenga por ahora.

Pero las atrocidades no sólo nos llegan del otro lado del mar, esa misma barbarie la vivimos en nuestra querida Colombia y así nos ve el mundo, que muchos de nuestros compatriotas se sienten discriminados en otras tierras y llevar el gentilicio de colombiano les ha cerrado las puertas, sin desconocer que en verdad unos cuantos han enlodado nuestro buen nombre.

De igual manera, en Colombia existe un vasto territorio dominado por las guerrillas de las FARC y ELN, zonas que después con el surgimiento de los grupos paramilitares en la década de los 80, dominaron con fuego y sangre y en las que se libraron sangrientas luchas por dominar estos territorios sin que el Estado interviniera de manera directa y donde se comprobó que hubo complicidad de la fuerza pública; masacres como la de Mapiripán  Meta (14 de julio de 1997), la del Aro en Antioquia (25 de octubre de 1997), puerto Gaitán Meta (5 de noviembre de 1998) valle del Guamuez (La hormiga) putumayo (9 de enero de 1999), masacre del salado en el Carmen de Bolívar (18 de febrero de 2000); masacre del naya  Cauca (8 de abril de 2001) [1]y otras tantas sin publicar para no hacer más grande la tragedia.

Colombia tiene en su mapa político 32 departamentos de los cuales una docena donde las guerrillas tienen presencia y poder: Antioquia, Norte de Santander, Arauca, Casanare, Meta, vichada, Guaviare, Caquetá, Putumayo, Nariño, Cauca, Huila y  Tolima. Y 5 departamentos fueron de control paramilitar hasta su desmovilización: Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar y Boyacá.

Con este panorama no se puede decir que tenemos un gobierno para todos, es claro que los grupos alzados en armas dominan estas zonas con la ley del miedo y la extorsión, el desplazamiento y la barbarie.

No es en el Congo ni en Afganistán donde se ven este tipo de gobiernos, es en nuestras narices donde suceden estos actos de violencia que no tiene justificación alguna, y desde el escritorio presidencial se ve un mundo lleno de esperanza y prosperidad y balances positivos en la economía, pero la verdad es otra, porque no se puede hablar de un presidente de los colombianos si medio país tienen otra forma de gobierno, está ahí, es real, no se puede tapar con un dedo miles de kilómetros cuadrados en manos de guerrilla, paramilitares hoy llamados Bacrím. La pregunta es simple ¿qué gobierna el gobierno? La respuesta es clara, a nadie.

Ese vació de poder en tantos departamentos es la respuesta de los grupos subversivos, son dioses en las selvas y en las estepas llaneras y ese poder se evidencia en el gobierno de Pastrana, cuando se vió una luz verde para iniciar diálogos de paz con las FARC, la condición era tener una zona de despeje para poder sentarse a la mesa, a la que nunca llegó Manuel Marulanda fundador y máximo comandante de este grupo insurgente.

Esa zona de distensión -como se le llamó-, era la casa natural de esta guerrilla, amos y dueños de todo lo que esa tierra producía, y centro de mando del secretariado. Un estado único libre de presiones externas y en 1999 pasó lo que la historia recuerda como la silla vacía, donde el que estaba invitado era el presidente Pastrana a una tierra que no conocía y donde sus habitantes tenían otra forma de gobierno y no estaban preparados para pasar de la noche a la mañana a otro sistema al que no querían pertenecer y al que combatían con el lema FARC. EP el ejército del pueblo.

Esas tierras no fueron las únicas que se convirtieron en fortines para los grupos armados ilegales, el caso de Santa fe Ralito en Córdoba fue otro mal ejemplo para el país y la muestra de que en verdad tomarse una zona del territorio colombiana no es que sea una tarea difícil. Por más de una década los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolívar, Antioquia y Boyacá  estuvieron bajo el dominio paramilitar y ese poder permeo todas las instituciones del Estado hasta llegar al congreso y altos funcionarios del gobierno hoy procesados por paramilitarismo.

Hoy no es la excepción, que estos departamentos sigan en manos de la delincuencia y no por estar en la mesa de negociación significa que, firmada la paz, se entreguen las armas y vivamos de ahí en adelante como en cielo. No, esa ilusión tienen más de pesadilla que de gloria  y todavía no hemos podido despertar de ese espejismo. Ya el control de las tierras no es por ideologías Marxistas leninistas, sino por el contrabando de armas, de comida, de drogas, de rutas de narcotráfico y, en ese juego de poderes, el llamado clan Usuga demostró su poder hace un par de años al declarar un paro armado que afectó todo el norte del país.  Entonces, como podemos llamar a todos estos gobiernos territoriales inmersos dentro de otro gobierno que siempre habla de equidad, de justicia y prosperidad si en la práctica esas cifras no coinciden con la realidad.

Lo que pasa en otros países es exactamente lo que pasa aquí adentro. Hay espacios u hoyos negros que no son de nadie, donde ni siquiera saben quién es el presidente de turno, sencillamente porque no hay luz, no hay carreteras y en esos lugares que son muchos en nuestra querida Colombia, el gobierno elegido democráticamente solo gobierna para unos cuantos y el resto estamos a la merced de lo que quieran hacer con nosotros los que tienen en las armas el mejor voto de confianza para gobernarnos sin  preguntar si queremos o no.

Son muchos los ejemplos para ilustrar que el gobierno no gobierna, y uno de ellos es el paro de la rama judicial que duró 73 días, al que se le sumó el del INPEC y en el que se negoció con las manos arriba en detrimento del Estado y no a favor de los derechos laborales de los trabajadores. Y si a este cuento seguimos mirando hacia tras, la reforma a la salud con los antecedentes de Saludcoop dejó ver la crisis que hay en este ministerio, un desgobierno que no tienen fondo y en esta lista cabe el pasado paro camionero que duró 20 días con pérdidas a la economía que después pagaremos todos los colombianos con más impuestos.

Por eso insisto que los gobiernos ya no gobiernan.

 

Eber Patiño

@Eber01 

[1] Tomado de la revista: www.verdadabierta.com

Sobre el autor

Eber Patiño Ruiz

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

@Eber01

1 Comentarios


Jose Alberto Delgado 07-04-2015 06:45 AM

Su artículo es interesante pero en el momento en que restó peso al poder de los paramilitares perdió valor. Usted dice que sólo 5 departamentos de Colombia fueron de control paramilitar hasta su desmovilización y yo le respondo que la gran mayoría de los departamentos de la costa y del interior cayeron bajo control paramilitar y que en muchos de ellos subsisten claros vínculos con ese grupo. Otro aspecto: no todos los paramilitares se han diluido en grupos como las Bacrim.

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