Opinión

Zeus ha muerto

Diógenes Armando Pino Ávila

10/04/2015 - 06:52

 

En la mitología griega con el nombre de Zeus se conoce “al padre de los dioses y de los hombres,” un dios barbado que porta como cetro un rayo, pues él es “el dios del cielo y del trueno,” esta deidad tiene la fama de haber tenido la libido bastante alborotada, pues se casó con su hermana Hera y además fornicó con humanas, y fue padre de una camada enorme de dioses y héroes entre los que se encuentran Atenea, Apolo y Artemisa, Hermes, Perséfone, Dionisio, Perseo, Heracles, Helena, Minos y las Musas. Cualquier cultura hubiera querido tener un padrote de tal potencia engendradora y es casi seguro que, de vivir en cualquier país civilizado de la actualidad, generaría divisas con la venta de su semen pues una pajilla de este semental costaría un jurgo de dinero.

Pues bien, con este nombre decidió bautizar mi hijo a la mascota que le regalaron a mi nieto, lo hizo por aplicar un efecto de contraste ya que el animalito era un can de esos que no alcanzan mayor tamaño, de aproximadamente un mes de nacido, de raza indeterminada, de esos que nacen en las casas de los pueblos, donde la mixtura de razas nunca termina, pues en la libertad que viven nuestras mascotas se cruzan infinitamente entre sí, sin distingos de raza y pedigrí, nuestros gozques o “chandas” no son  elitistas, y los dueños sí que menos, pues nuestro pueblo es pequeño y todos conocemos a todos, por tanto no hay necesidad de aparentar, pues así se haga los vecinos “no comen del cuento.”

Zeus, la mascota, era una criatura pequeña de pelo liso y rubio, en su nuca y lomo portaba orgulloso una melena de pelos más largos que los del resto de su cuerpo, lo cual le daba una elegancia y una gracia que hacía que las personas se fijaran en él. En fin, el perrito Zeus, desde su llegada se robó las miradas, atención y cariño de toda la familia y se le quería como se acostumbra a querer una mascota, como un miembro más de la familia, incluso con algunos privilegios que el resto de miembro no tiene, pues esas mascotas se abrogan el derecho de dañar los muebles, morder los zapatos, hacer “popó” y orinar donde les dé la gana hasta que adquieren madurez y aprenden o se les enseña donde hacerlo.

Todas esas pilatunadas, aunque nos ponen de mal humor, se soportan pues la pícara criatura nos alegra el rato, ya que al regresar a casa después de un arduo trabajo, ellas nos reciben con un cariño especial, saltándonos y metiéndose entre nuestras piernas en un saludo largo y enternecedor, al punto que uno no tiene más remedio que sonreír y acariciarlas perdonándoles cualquier travesura que hayan hecho. Zeus conocía bien este truco y lo practicaba como un acto teatral, saludándonos, con pequeños ladridos, saltos y cabriolas, pequeñas carreras de ida y vuelta y alrededor nuestro, luego se echaba a nuestros pies bocarriba esperando que le rascaran la pancita.

Con razón el nobel de literatura (1.921) Anatole France sostenía: “Hasta que hayas amado a un animal, una parte de tu alma estará dormida”. Amar un perro es, creo, un acto de humanidad necesario en este desquiciado mundo de hoy. Amar a tu mascota te hace gente y es la mejor forma de atar tus demonios, pues los perros tienen el don de aplacar tus furias, pues con su nobleza brindan cariño, perdonan ofensas y se reconcilian sin condiciones (“Errar es humano, perdonar, canino”). Un perro es un amigo que no pregunta, un compañero que no exige, una criatura que te cuida, un ser capaz de dar la vida por su amo. El hombre lo sabe, pues descubrió hace siglos su fidelidad y por eso decidió domesticarlo y adoptarlo como mascota (o fue lo contrario, hoy tengo dudas).

Zeus nos acompañó por varios años, hasta que decidió irse al mundo donde los perros duermen su sueño eterno para contemplar y cuidar sus amos desde la eternidad, toda la familia ha sentido un gran dolor por su pérdida, más mis nietos que lo amaban y habían convivido con él, yo que en el transcurso de mi vida he perdido varias mascotas, sé lo que se siente al perderlas, por eso tengo doble dolor, el de la muerte de Zeus y el del dolor de mis nietos. Tal vez adoptemos otra mascota y le pongamos un nombre diferente, pues Zeus es irremplazable, pero eso ocurrirá a su debido tiempo, cuando ya pase el dolor de su partida, pues tengo claro que en casa, en cada hogar debe haber una mascota, la que debe ser tratada con cariño y consideración, libre de malos tratos.

Estoy en acuerdo total con el pensador anónimo que dijo: “Cada niño debería tener dos cosas: un perro, y una madre que le deje tener uno”.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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