Opinión

Editorial: Qué sería Valledupar…

Redacción

11/05/2015 - 06:10

 

Una situación improbable sobre la que podríamos meditar. Un paro se cristaliza en tempranas horas de la mañana frente a la alcaldía de Valledupar y la Gobernación. Hombres y mujeres de toda índole, vestidos y semidesnudos, sonrientes y sulfurados, se ubican frente a los respectivos edificios con pancartas y cantando un lema que patenta lo que nunca nadie se hubiera imaginado: los artistas plásticos están en paro. El anuncio es claro y contundente. Nunca ha llegado a semejantes proporciones. Los manifestantes dejarán de ejercer sus actividades creativas en la capital mundial del Vallenato hasta nueva orden. Son los últimos minutos de libertad y pensamiento. Desde ese mismo instante empieza lo que da pie a este artículo: un grito colectivo por el reconocimiento del valor del Arte vallenato.

Entonces, borbotean esas preguntas. ¿Qué sería Valledupar sin sus artistas? ¿Qué sería la ciudad sin las pinceladas de quienes dan vida a sus esquinas? ¿Qué sería la plaza Alfonso López y la entrada de la gobernación sin los murales de Germán Piedrahita? ¿Qué sería Valledupar sin las esculturas de Jorge Maestre: la Sirena Vallenata o el Cacique Upar? ¿Qué sería el centro de Valledupar sin las anécdotas del artista y bohemio Jaime Molina? ¿Qué sería de los demás artistas sin la extravagancia y la dedicación de Kajuma? ¿Qué sería del Arte conceptual y de otras cuestiones como la moralidad y la irreverencia sin las obras de Celso Castro? ¿Qué sería del festival y el folclor vallenato sin las piloneras de Arturo Castro Castro? ¿Qué sería del universalismo de Valledupar y del colectivo artístico sin los espejos de Francisco Ruiz? ¿Qué sería del Carnaval sin las fantasías de Elsita Palmera? ¿Qué sería del arte local sin los recuerdos de Efraín El Mono Quintero y el famoso grupo V4? ¿Qué sería del espíritu de la parranda sin esa mirada detallista de Walter Arland? ¿Qué sería del arte en Bellas Artes sin la dedicación de Marianne Sagbini y José Anibal Moya? ¿Qué sería del dibujo sin los esfuerzos de Jorge Luis Serrano? ¿Qué sería de la introspección sin las obras de Yarime Lobo? ¿Qué sería del retrato sin el trabajo de José Luis Molina y Arquimedes Barajas? ¿Qué sería del ego y de las grandes cuestiones elementales del arte sin las genialidades de Joner Rojano? ¿Qué sería del acordeón y la música vallenata sin el impresionismo de Marrugo? ¿Qué sería de la emoción Caribe sin los cuadros de Osby Cujia? ¿Qué sería de la herencia africana sin las máscaras de Baldot? ¿Qué serían las exposiciones sin la curaduría de Jaider Orsini? ¿Qué sería de la Plaza de las Madres sin los performances de Ricardo González? Y simplemente: ¿Qué sería Valledupar sin la actividad de tanta gente que no cabe en estas líneas pero que demuestra un amor devoto por su entorno y por el Arte?      

Estas preguntas aceptan múltiples respuestas. Valledupar se convertiría paulatinamente en una ciudad musical sin colores. Una ciudad sin visionarios. Una ciudad sin revolucionarios de la imagen. Una ciudad sin contrastes, sin destellos. Sin discursos ni debates. Una ciudad que canta pero que no ve. Una ciudad que no sabe retratarse. Que vive sin cuestionar su imagen y sus recuerdos. Pero sobre todo: una ciudad sin alma.  

Por eso, esas iniciativas y esos “gritos” de amor por el Arte -que surgen con cada exposición, con cada nuevo acto de un colectivo- deben ser fuente de celebración y de una mirada detenida. Tomemos el tiempo de apreciar esos instantes irrepetibles.

 

PanoramaCultural.com.co

Acerca de esta publicación: El Editorial “Qué sería Valledupar…” fue incluido en el catálogo de la exposición colectiva El Grito 2 inaugurada el 27 de abril en la sede de la Fundación Corfimujer en Valledupar. El catálogo definitivo de la exposición será presentado y entregado oficialmente en el cierre de la exposición (previsto el 14 de mayo del 2015).

1 Comentarios


Aurora Elena Montes 12-05-2015 03:37 PM

Absolutamente cierto, pero lamentablemente la administraciòn municipal lo que menos le interesa es invertir en cultura, la ciudad se ha llenado de invasiones que al final se llevan la mayor parte del presupuesto y la educaciòn y las artes en el ùltimo lugar de la agenda pùblica.

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