Opinión

La paz no es una palabra

Eber Patiño Ruiz

21/05/2015 - 06:20

 

La palabra Paz se ha vuelto tan común al oído de todos, que poco entendemos lo que realmente significa y su poder transformador. Se ha convertido en el escudo donde van a parar los dardos del odio entre hermanos, entre amigos, entre padres; se ha convertido en la excusa perfecta para atacar con sevicia al otro y dejar salir el animal indómito que todos llevamos dentro, pero el mal ya está hecho y el perdón parece ser el bálsamo que todo lo limpia y cura las heridas.

La Paz es la palabra corta sin esfuerzo de pronunciación para no buscar otra que sea más diciente, que exprese en emociones sinceras y abiertas el verdadero sentido del arrepentimiento. La palabra paz no puede ser el espejo roto de la sociedad, o la colcha de retazos donde todos tienen su pedazo de pecado con la esperanza de que algún día se pueda unir los cristales del espejo y lavar la colcha para después arroparse con ella y ver de nuevo su sombra reflejada en el espejo.

La paz es para muchos una luz etérea, que está por ahí a la espera de que se le llame en cualquier momento o que venga a nuestro auxilio. Se ha convertido en algo fácil de expresar y muy difícil de interiorizar. Se ha convertido en una especie de juego de palabras como si al nombrarla y escribirla en letras mayúsculas bastara para adornar el discurso.

Una paloma blanca no puede ser el símbolo de la paz, si las manos que la sostienen están manchadas de sangre inocente, de niños huérfanos, de mujeres violadas y maltratadas, de secuestro, de extorsión, de desplazamiento forzado, de hambre, de horror, de angustia, de odios rancios, de intenciones perversas, de miradas acusadoras, de palabras incendiarias, de sectarismo, populismo, revanchismos etc. Una blanca paloma no puede ser el objeto de admiración y lo que represente la paz, si el que la sostiene no tiene limpia la consciencia y ha interiorizado lo que significa la palabra paz.

No podemos hablar de paz afuera, si en nuestros corazones hierve el infierno de la intolerancia y la ambición. La palabra paz se ha convertido en una sílaba muerta, sin sentido, sin eco, sin luz, sin doliente, sin intérprete, sin actor, sin escenario. Pero llegado el momento oportunista de los que trafican con la palabra paz como si fuera una mercancía que se ofrece en cualquier esquina por la oferta y la demanda del mercado, se ufanan de proclamar a los cuatro vientos que son los salvadores del mundo, los elegidos, los ungidos por Dios para llevar el mensaje de salvación. Y otra vez el pueblo desorientado metido en sus propios egos y miedos se alza en manifestaciones bulliciosas pidiendo de lo que no da, y exigiendo a los que mercaderes de la paz respuestas a sus exigencias.

La paz no se hace con una pancarta, ni con un megáfono arengando a la multitud para que salgan a las calles y protesten en contra del gobierno. La paz no es un discurso, no es una novela, ni un poema.

Cuando se utiliza la palabra paz como mecanismo para justificar las acciones de la guerra, de entrada se convierte en una antítesis que muy pocos pueden discernir, porque son muchas las voces que gritan en los medios de comunicación para que nadie se siente a meditar que es lo que realmente está pasando frente a sus ojos. Ese velo negro de distraer a capa y espada todo lo que pasa en el gobierno y sus secuaces es precisamente el juego del poder, pero cuando se trata de mostrar los hechos más inhumano y crueles, que desbordan en la ira colectiva e indignación y hacernos sentir que estamos amenazados por la mano negra de la violencia, entonces ahí si salen todos a señalar a unos cuantos para justificar las acciones de retaliación y defensa con la venia de la sociedad y eso nos parece muy bien que el estado nos libre de todo mal y peligro.

Aparece entonces una desvinculación emocional que nos  aparta de la razón. Ya la paz no es con migo sino con las víctimas, ya la paz no se reconoce en lo personal porque a mí no me han matada a ningún hijo, no me han secuestrado, ni me han extorsionado. Se debe hablar es con las víctimas y no tengo nada que ver con ese problema.

Esa palabra paz de la que todos desde niños nos metieron en la cabeza siempre ha estado ligada a un conflicto, de los buenos y los malos, pero en realidad la palabra paz no la hemos entendido.

Hoy se habla de firmar un acuerdo de paz con la guerrilla, sí, pero el hecho de que las guerrillas colombinas entreguen las armas no significa que todo quedó arreglado, ya los malos se acabaron y todos estamos libres de peligro.

Esa idea errónea de paz se caerá por su propio peso, porque la paz no se hace en un papel, la paz se siente desde adentro, nace de la buena voluntad en respetar y aceptar al otro tal y como es, en aceptarme como soy como mis errores y virtudes, en ver al prójimo como mi aliado y no como mi enemigo aún sin conocerlo, en dar gracias por las cosas materiales que tengo y no pensar en quitarle al otro lo poco que tiene, en sentir que soy útil y no un estorbo social por mi condición económica, en poder estudiar y tener la oportunidad de construir una familia.

La palabra paz no viene en cajas de maderas, la paz se traduce en las enseñanzas de nuestros iluminados y se resume en esta frase: “no hagas al otro, lo que no quieras que te hagan a ti”

Esa es la verdadera esencia de la palabra paz, y no un monstruo que hay que atacar con balas y cañones.

La paz no es una palabra, es el abecedario con el que se construye un ideal.

 

Eber Patiño

aeber01@gmail.com

Sobre el autor

Eber Patiño Ruiz

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

@Eber01

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